
Barcelona
Marlon, el menor de 15 años que el jueves por la noche recibió dos disparos y fue rematado a machetazos en el parque de la Pegaso, apenas llevaba siete meses en España y ya había hecho buenos amigos en el colegio Manyanet de Sant Andreu. Irene era una de ellas. Ayer se acercó con su madre hasta el altar que se fue llenando de flores y velas en recuerdo de la última víctima de la violencia en Barcelona.
El menor apenas llevaba siete meses viviendo en Barcelona, con su hermano pequeño de 8 años y un abuelo que murió el mes pasado. Tiempo suficiente para haber flirteado ya con la banda de los Trinitarios, hegemónica en el parque en el que fue asesinado. Los investigadores no tardaron en identificar y localizar al presunto autor de los disparos, un hombre vinculado a esa misma pandilla latina y que fue arrestado en su domicilio de la avenida Meridiana.
Los investigadores no descartan que el menor recibiera un castigo ejemplar tras querer abandonar la pandilla
Fuentes al corriente de la investigación no descartaban anoche que el crimen respondiera a una acción ejemplarizante para el resto de integrantes de la pandilla, después de que la víctima tratara de desvincularse del grupo. La violencia fue desproporcionada. Tras recibir los dos impactos de bala, en el estómago, otro de los asaltantes se acercó con un machete y remató al joven en el suelo.
El sábado, Irene se acercó acompañada de su madre hasta las pistas de la Pegaso, encendió una vela, dejó unas flores y miró la fotografía de su amigo sin poder contener las lágrimas. Siempre que podía le ayudaba. Con ropa o cualquier cosa que pudiera necesitar porque la situación de la familia de la víctima era muy precaria.
El jueves sobre las once de la noche, Marlon, su hermano pequeño, una tía y otro pariente mayor de edad, estaban en esa parte del parque cercana a las pistas deportivas. Un grupo de unos cuatro jóvenes vestidos se acercaron al grupo y uno disparó. De nada sirvieron los esfuerzos de un vecino para frenar la hemorragia. Ni la de los primeros policías que realizaron las maniobras de reanimación.
Cámaras denegadas
La comisión de control de los dispositivos de videovigilancia de Catalunya aplazó la propuesta de instalar cámaras en la zona de canchas deportivas del parque de la Pegaso. Precisamente el punto en el que el jueves por la noche fue asesinado un menor. La comisión advirtió de la intrusión en la intimidad de los usuarios de las pistas y aplazó la decisión. Para la Guardia Urbana de Barcelona esos terminales son importantes porque es precisamente ese espacio el que concentra la presencia de integrantes de bandas latinas que, si saben que hay cámaras, cambiarán de ubicación.
La rápida respuesta policial, con un detenido a las pocas horas, es la consecuencia del trabajo que los últimos tiempos han realizado los grupos de información de los Mossos y muy especialmente de la Guardia Urbana de Barcelona. Estos últimos llevan años fiscalizando y recopilando todos los datos relacionados con lo que pasa y quién se mueve en algunos espacios públicos y alertando del poder cada vez mayor de algunas bandas latinas, a las que los mossos definen grupos juveniles violentas.
Los últimos informes advierten de que solo en la capital catalana habría unos 400 jóvenes militando en esas pandillas violentas. Grupos que han sido identificados en las puertas de colegios e institutos a la pesca de nuevos integrantes menores de edad. Esta realidad que preocupa en los claustros de los centros educativos y que conocen bien los mediadores que dependen del Ayuntamiento de Barcelona fue uno de los elementos que se tuvo en cuenta para tirar adelante el controvertido plan de integrar mossos en algunos centros educativos. Precisamente para diseñar mejor las políticas de prevención ante esta nueva realidad protagonizada por jóvenes latinos de segunda o tercera generación que buscan en las pandillas de nueva creación sus referentes.
A primeros de año, la línea 5 del metro se convirtió en un escenario de trifulcas con armas blancas que obligó a los Mossos y a la Guardia Urbana a intensificar el control. La comisaría general de información de la policía catalana está ultimando un plan para prevenir y combatir la cada vez mayor implantación de estos peligrosos grupos juveniles violentos.

Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de ‘Desmontando el crimen perfecto’. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender



