Por Eduardo Vior*
«Hay un memorando de 14 puntos sobre el que se pusieron de acuerdo, de los cuales 13 fueron propuestos por Irán. Irán volvió a poner sobre la mesa el mismo memorando que los norteamericanos firmaron en 1981 y nunca cumplieron. Esta vez tuvieron que aceptarlo después del último ataque israelí contra Beirut. Ahí fue donde Trump se dio cuenta de que no tenía las riendas bien puestas sobre Netanyahu y decidió avanzar con la firma.
Ahora bien, que lleguemos al viernes con este acuerdo vigente, no lo sé. Porque en Israel, tanto oficialistas como opositores, civiles y militares, personalidades religiosas e intelectuales, están diciendo que esto ocurre porque Netanyahu es un cobarde que no sabe defender a Israel y que, si hubiera sido más firme, esta situación no estaría ocurriendo.
La consecuencia de todo esto es que tanto Netanyahu como los ministros de Defensa, Finanzas y Seguridad Interior ya están manifestando que no aceptarán ningún entendimiento y que continuarán atacando el Líbano.
La CNN recordó que esta es la vez número 39 desde marzo que Trump anuncia un alto el fuego. Es cierto que ya hubo muchos anuncios similares. Sin embargo, esta vez parece haber un acuerdo concreto. Trump ha manejado gran parte de esta situación desde una lógica psicológica orientada a los mercados. Por eso perdió credibilidad: emitió declaraciones contradictorias mientras observaba de reojo las cotizaciones de Wall Street. Mientras tanto, su familia se enriqueció de manera fabulosa durante estos meses, algo que habitualmente se conoce como uso de información privilegiada.
Minoría
Desde 2023, cuando comenzó la guerra en Gaza, todas las encuestas muestran que el gobierno israelí está en minoría. Netanyahu logró sostenerse mediante nuevas ofensivas militares, una fuerte retórica bélica, la expansión de las colonias y medidas represivas cada vez más duras. Pero sigue siendo minoría. Todas las encuestas lo muestran como perdedor. Si pierde las próximas elecciones, al día siguiente deberá enfrentar las causas de corrupción que hoy permanecen congeladas por el estado de emergencia.
Detrás de Irán están Rusia y China, y ambos países prefieren un Trump debilitado antes que un eventual reemplazo.
Yo lo vengo diciendo desde marzo, cuando vi que la guerra duraba más de tres días. Trump entró en este conflicto con tres objetivos: provocar un cambio de régimen en Irán, apropiarse del uranio iraní y quedarse con la industria petrolera del país. Los tres objetivos fracasaron.
Que militarmente Irán sufrió daños importantes es cierto, pero una guerra no se gana por lo que uno destruye, sino por la capacidad de quebrar la voluntad del adversario. Cuando el otro dice ‘ya no puedo más’, ahí ganaste. Si el otro, aunque esté solo, sigue diciendo ‘yo sigo’, entonces perdiste».
*Analista internacional.



