Pocas veces unas elecciones municipales y autonómicas han sido calificadas de “históricas” sin que se trate de una exageración, como cuando un encuentro de fútbol es bautizado “el partido del siglo”, o una película, una obra de arte de imprescindible y trascendental, que sería un pecado perderse. Pero al referirse así a los comicios de ayer en Escocia, Gales e Inglaterra no hay hipérbole que valga, porque van a simbolizar el final del bipartidismo, la decadencia (terminal o no, ya se verá) del Labour y los conservadores, la aparición en el escenario de la extrema derecha (Reforma) y extrema izquierda (Verdes), el rechazo al centrismo tecnócrata representado por Keir Starmer, y la condena tajante del centralismo jacobino, con tres de las cuatro naciones que integran el Reino posiblemente en manos de las nacionalistas.
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