Un hecho realmente inexplicable es como los artistas líricos a través de la historia se han dejado seducir por ideologías barbáricas y de lèse humanité, como lo prueban diferentes regímenes políticos aún hasta el día de hoy.
En esta ocasión Bruno Mantovani, compositor francés oriundo de Chatillon y nacido el 8 de Octubre de 1974 contesta dicha pregunta empleando un episodio histórico acaecido en 1941, cuando cinco escritores franceses participaron de un Congreso literario organizado por los Nazis en la ciudad alemana de Weimar en el Otoño de 1941.
“El viaje de otoño” presenta un libreto de Dorian Astor, basado en la obra literaria homónima de François Dufay que no es otra cosa que una tragicomedia lírica representada por un pacto fáustico.
En la misma cinco artistas franceses, sedientos de fama y de lujos se dejan llevar por la doctrina nacional-socialista que predica al nuevo SUPERHOMBRE, así como la regeneración de la cultura europea.
Pero ya desde el comienzo de la opera Mantovani nos sumerge en un mundo atemporal, fantasmagórico, haciéndonos respirar un aire de enigma y de misterio.
Las voces ejecutan a menudo pasajes a cappella, con líneas vocales no del todo tonales, pero tampoco antipáticas al oído y perfectamente disfrutables ya sea en solos como en dúos.
Ello contrasta con los imponentes torbellinos orquestales que el compositor desata por momentos, mayormente en el acto primero creando una suerte de claroscuro que supera por completo a sus dos óperas anteriores, haciendo de EL VIAJE DE OTOÑO su mejor creación para el teatro lirico contemporáneo.
Por otra parte Mantovani compone una suerte de recitativo para las voces que permite la fluidez del texto, pero evita el canto.
La orquesta interviene principalmente entre los diálogos y suena fuerte, compleja y rica. Esta alternancia crea a su vez una genuina influencia hipnótica.



