Aníbal Enríquez (47), oriundo de Posadas, recorre la Argentina a pie junto a su carrito. Ya lleva más de 560 kilómetros en una travesía en la que cada encuentro deja una historia diferente.
sábado 27 de junio de 2026 | 2:00hs.
Por el momento sigue recorriendo la tierra colorada. Foto: Carina Martínez
Hay personas que viajan para conocer lugares. Otras, para cumplir una meta. Pero existen viajeros que emprenden el camino para encontrarse consigo mismo. Ese parece ser el caso de Aníbal Enríquez (47), un misionero oriundo de Posadas que decidió recorrer la Argentina a pie junto a su inseparable carrito, al que cariñosamente llama “Mi Gurí”. Con más de 560 kilómetros recorridos, su travesía se convirtió en una historia inspiradora que despierta admiración en cada rincón por el que pasa.
La idea de emprender semejante aventura nació mucho antes de que diera el primer paso. Aníbal recuerda que el sueño comenzó durante su infancia, recorría las páginas de los diarios para leer historias de viajeros, de personas que dejaban todo para cumplir una meta. Aquellos relatos despertaron una inquietud que permaneció viva durante años hasta transformarse en una decisión concreta. “Creo que desde ahí nació el sueño de poder materializar este viaje”, recordó.
Con su carrito donde más de equipaje carga ilusión, comenzó su viaje en Posadas. Desde allí avanzó por la ruta provincial 105, atravesó localidades entre ruta de asfalto y caminos terrados, como Fachinal, Profundidad, Cerro Corá, Loreto y San Ignacio. Luego continuó por la ruta nacional 12 hasta Puerto Iguazú. Más tarde siguió por la ruta 101 rumbo a Bernardo de Irigoyen y desde allí llegó a San Pedro. “Ya llevo recorrido más de 560 kilómetros”.
En su paso por San Pedro, entre las majestuosas Araucarias que distinguen al paisaje del Norte misionero, Aníbal hizo una pausa en la marcha. Durante su estadía y mientras avanzaba sobre ruta nacional 14 en sentido Sur fue notable la cantidad de personas que, gracias a las redes sociales, ya conocían su historia. Muchos se acercaron para saludarlo, ofrecerle algo para el camino, tomarse una fotografía y expresarle palabras de admiración. El viajero reconoció que ese acompañamiento se transformó en uno de los aspectos más valiosos de la experiencia.
Para Aníbal, quien es padre de Milena (18) y Luca (9), cada gesto de solidaridad confirma que detrás de cada encuentro existe una historia que merece ser escuchada. “Empieza a ocurrir mucha magia en el viaje. Hay personas que se sienten reflejadas en este sueño y te ofrecen comida, alojamiento o una ayuda para seguir. Recién ahora estoy comprendiendo lo profundo que está siendo este viaje en el corazón de mucha gente”.
“Los días lluviosos son cuando tenés que enfocarte bien en tu objetivo y no caer en ese bajón anímico y emocional. Cuando me enfoco, me enfoco. Llueva, truene o haya niebla, sigo adelante”.
La preparación para concretar este sueño también demandó esfuerzo. Antes de iniciar la travesía trabajó durante diez meses en un restaurante de Girona, España, donde logró ahorrar el dinero necesario para financiar el recorrido. “Al final recibís la abundancia de la gratitud del mismo viaje. Hay mucha gente que conecta con este desafío y eso hace que aparezcan oportunidades y ayudas cuando menos las esperás”, destacó haciendo referencia a diferentes tipos de ayudas que recibe a su paso.
El éxito del recorrido también tiene que ver con que no es la primera vez que Aníbal realiza viajes estilo gasolero, si se quiere. Antes recorrió caminos en bicicleta, viajó en un antiguo Citroën modelo 1975 junto a su hija, exploró España, Tailandia y Vietnam con mochila al hombro y vivió experiencias en una furgoneta. Sin embargo, asegura que caminar le brinda algo que ningún otro medio de transporte pudo ofrecerle.
“Elegí caminar porque el viaje transcurre mucho más lento. Uno tiene más posibilidades de conectar con las personas y disfrutar los detalles. Puedo pasar varios minutos observando una misma casa, viendo el paisaje desde distintas perspectivas. Eso relaja la mente y no lo logras percibir con esa plenitud de no ser caminando”.
Su rutina refleja disciplina y resistencia. Se levanta alrededor de las 6.30, prepara el mate, organiza el equipaje en “Mi Gurí” y cerca de las 7.30 inicia la marcha. Recorre un promedio de 30 kilómetros diarios, aunque en algunas jornadas llegó a superar los 40 kilómetros como el trayecto entre Bernardo de Irigoyen y Tobuna que le demando 45 kilómetros en una sola tirada. “Eso fue una bestialidad” expresó.
En su carrito, al que llama cariñosamente “Mi Gurí”, transporta todo lo necesario para vivir en la ruta. Lleva ropa, una bolsa de dormir preparada para soportar temperaturas de hasta doce grados bajo cero, carpa, colchoneta, almohada y un equipo de cocina con hornillo a nafta, elegido por la facilidad para conseguir combustible en cualquier lugar.
También carga los elementos que le permiten documentar la travesía, entre ellos un dron, una cámara de acción, teléfono celular, iPad, baterías externas y un panel solar para mantener los dispositivos cargados. A eso se suma el equipo de mate, algunas provisiones para el camino y, según él mismo destaca, lo más importante de toda la carga es “mucha ilusión”.
“Voy contando un poco la historia de ese caminante que decide ir en un trayecto y van ocurriendo cosas. Un agricultor que me cuenta cómo cosecha la mandioca o un yerbatero que me cuenta su realidad. Esas pequeñas historias espontáneas que van conformando la gran historia”.
A diferencia de lo que se pueda pensar por el desgaste físico que demanda la actividad, la alimentación es sencilla y se adapta a lo que encuentra en el camino. La base está en una dieta que incluye frutas, zanahorias, chipas, latas de atún o algún plato caliente que aparece gracias a la generosidad de quienes se cruzan en su recorrido.
Cuando cae la tarde comienza la búsqueda de un lugar seguro para pasar la noche. Si coincide con alguna invitación de las personas que siguen su historia, acepta la hospitalidad sino arma la carpa en algún rincón tranquilo.
“Lo que más me sorprende es aprender a conocerme a mí mismo. El viaje te pone pruebas todo el tiempo. Una rueda pinchada, la niebla o el barro pueden parecer problemas, pero uno aprende a tomarlos con calma. Estoy aprendiendo a observar las situaciones como si fueran una película.
Desde San Pedro continúa por su ruta. Su intención es atravesar Corrientes, Chaco, Formosa, Salta y Jujuy, para después descender hacia Ushuaia y regresar por la costa atlántica hasta Misiones.



