Santiago Bausili, por lo pronto, puso dólares sobre la mesa. El BCRA compró u$s182 millones el jueves y sumó u$s574 millones en apenas tres ruedas, entre los u$s291 millones del martes y los u$s101 millones del miércoles. Con un día menos por el feriado, ya dejó atrás cualquier semana desde la que terminó el 17 de julio, cuando había adquirido u$s1.154 millones. Octubre lleva u$s914 millones. El cambio de ritmo empezó justo después de la misión del FMI de fines de septiembre y ganó fuerza justo cuando volvió a complicarse el mundo. El riesgo país trepó con fuerza esta semana y el jueves llegó a tocar los 640 puntos, devolviendo casi toda la baja que había dejado el efecto Bolsonaro en Brasil. Con un contexto externo más hostil para los emergentes, las compras del Central ganaron otro valor: mientras se encarece salir a buscar dólares prestados, Bausili aprovecha los que encuentra en el mercado.
Caputo agregó una pieza concreta. Según informó la agencia Bloomberg, el miércoles explicó que Argentina podría utilizar el swap con China si no lograra el refinanciamiento previsto con Bonar para 2027. Fue después de una reunión privada con inversores organizada por J.P.Morgan en Bangkok, donde reconoció que hubo mucho foco en la cuestión política. No es para menos. El programa contemplaba u$s5.000 millones de emisiones, una cifra equivalente al tramo activado del acuerdo chino que identifica la agencia. El ministro también mantuvo al swap estadounidense como opción para contener la volatilidad electoral, aunque no le asignó expresamente la misma función de financiamiento.
La alternativa conecta con una advertencia de Miguel Ángel Broda. Si las fuentes previstas aportan menos o se acelera la dolarización, los dólares deberán atender simultáneamente al Tesoro, los vencimientos de Bopreal y la demanda privada. Estima un respaldo utilizable de unos u$s36.000 millones, que podría alcanzar u$s64.000 millones bajo supuestos exigentes de asistencia externa. Cubrir todas las necesidades, plantea, podría requerir más repos, mayores ventas del BCRA al Tesoro y tasas locales más altas.
El Tesoro estiró los plazos con una ayudita en la caja
La licitación de deuda de esta semana dejó algo más que un rollover del 136%. Después de cuatro colocaciones concentradas en vencimientos cortos, el Tesoro consiguió que el 59% de lo adjudicado pasara a la próxima administración. Un operador de la city destacó ese avance: conviene ganar plazo ahora, antes de que la campaña de 2027 vuelva a achicar el horizonte de los inversores.
La herramienta fueron los duales, que regresaron al menú por primera vez desde julio. El Tesoro adjudicó unos $1,7 billones del TXMD9 a TAMAR más 10,1 puntos porcentuales de tasa nominal anual. Para los bancos, estos títulos ofrecen cobertura frente al costo de sus depósitos y un rendimiento atractivo. Para quienes buscan una ganancia por suba de precios, hay un freno al entusiasmo. Mientras Economía siga ofreciendo esos rendimientos en las licitaciones, será difícil que las tasas del secundario bajen mucho. Por ahora, la apuesta pasa más por hacer tasa que por esperar un salto en las cotizaciones.
El porcentaje de renovación también tuvo su trastienda. En la city se habló de recompras de bonos del Tesoro por alrededor de $1 billón, una inyección de pesos para que la licitación no dejara demasiado seca la plaza. Un operador seguía buscando el rastro de esa liquidez en el stock de repos, sin encontrarlo. En las pantallas, en cambio, este jueves terminó con menos tensión: las tasas arrancaron firmes, aflojaron hacia el cierre y los títulos en pesos cerraron en alza. Entre las recompras que se comentaban y los pesos emitidos por adquisiciones de dólares del BCRA, la cuenta era más amplia que la del rollover. Para medir cuánto absorbió el Tesoro, también había que contar lo que entró por la otra ventanilla.
La próxima jugada también se discute en las mesas. Si el financiamiento en moneda dura sigue caro, el Tesoro podría colocar más deuda en pesos de la que vence y usar el excedente para comprar dólares, al Central o en el mercado. Un operador lo planteó como una alternativa para cubrir parte del fondeo externo previsto. De concretarse, un rollover alto podría esconder algo más que una aspiradora de pesos: una vía para armar la caja en dólares.
Justo cuando el Tesoro vuelve a estirar plazos, un bono a diez años se despide con una cuenta que enfría el entusiasmo. El próximo lunes vence el TO26, emitido en 2016 a una tasa fija del 15,5% anual en pesos. Un trader calculó que quien hubiera entrado con el equivalente a u$s10.000 recuperaría unos u$s3.396 entre cupones y capital: una pérdida del 66% en dólares. El Tesoro fijó la tasa por diez años; el dólar se encargó del resto. A la hora de volver a pedir pesos a largo plazo, conviene recordar que del otro lado del mostrador también tienen memoria.
Traders vs. economistas, con dedicatoria abierta
Las compras del BCRA también le dieron letra a una vieja interna: los que operan contra los que escriben. Amílcar Collante cuestionó en X que se tildara de devaluacionistas a quienes reclamaban acumular reservas y Caputo se metió en el cruce. El ministro defendió que el Central compre cuando hay oferta: si disputa dólares con otros compradores en una plaza poco profunda, puede subir el precio y terminar llevándose menos. Hasta ahí, una discusión sobre cómo operar. Después llegó el pase de factura a los economistas académicos, a quienes contrapuso con los que manejan inversiones. “Escriben bien, pero no cometas nunca el error de hacerles caso!”, remató.
La réplica apuntó a otra cuenta: en 2025 se habría privilegiado la desinflación y la estabilidad electoral por sobre la acumulación de reservas. Pero el cruce dejó flotando un nombre que nadie había escrito: Alberto Ades. El mensaje admitía la lectura de un tiro por elevación al economista que Milei había llevado al gabinete la semana anterior y que había planteado preguntas sobre flexibilidad monetaria, confianza y acumulación de dólares. Caputo recomendó no hacerles caso. Milei acababa de reunir al gabinete para escuchar a uno.
Del refugio en Wall Street a las apuestas locales
Wall Street dejó este jueves una de esas ruedas que obligan a mirar dos veces la pantalla. Los precios al productor de Estados Unidos saltaron 1,3% en septiembre, la mayor suba en más de cuatro años, pero las tasas largas bajaron. El temor por el financiamiento de la inteligencia artificial pudo más. Los inversores buscaron refugio en los Treasuries y el rendimiento a diez años cayó 13 puntos básicos, a 5,06%. El dólar también cedió: perdió 0,3%, su peor jornada desde el 3 de septiembre. La inflación empujaba para un lado; el miedo a la factura de la IA, para el otro.
En las acciones hubo cambio de manos y de preferencias. El S&P 500 ganó 0,3%, pero su versión de igual ponderación avanzó 1,4%: hubo vida fuera de los gigantes que venían acaparando las apuestas. CoreWeave, uno de los nombres bajo el radar inversor por el financiamiento de la infraestructura de IA, rebotó 4% después de perder 12% el día anterior. Su indicador de riesgo crediticio, sin embargo, marcó un récord. Aparecieron compradores para el papel, aunque las dudas sobre la deuda siguieron cotizando.
La city mira esa baja de tasas con una pregunta: cuánto puede aprovechar la Argentina. Grit Capital ve una oportunidad para los bonos si afloja el dólar y se sostiene el alivio en los rendimientos largos. Su lectura es que parte de la presión sobre los Globales podría venir de movimientos de fondos, en un contexto de rescates del ETF de deuda emergente. A favor cuentan las compras del BCRA y las señales de incipiente recuperación de depósitos y crédito. Algunos operadores encuentran precios atractivos en los bonos y mantienen a las energéticas entre sus apuestas. Eso sí: esperan volatilidad en el camino.
En pesos, Delphos detectó una diferencia que merece atención. El mercado exige tasas altas para cruzar el cambio de mandato, pero no pone en los precios un salto equivalente del dólar real. Su comparación entre bonos en ambas monedas arroja un tipo de cambio real implícito de $1.600 para octubre de 2028, cercano al actual. Es una cuenta a partir de los rendimientos, no un pronóstico del dólar nominal para esa fecha. La consultora también espera que la oferta del agro hacia fin de año deje margen para sumar reservas. Por ahora, cruzar las elecciones tiene peaje en la tasa; una devaluación real fuerte no aparece en esa misma cuenta.
La city también opera el 2027
En las conversaciones sobre 2027, la actividad y el humor social siguen entre las principales preocupaciones de la city. La pregunta es si la recuperación llegará a tiempo para mejorar el bolsillo y sostener las chances del Gobierno. En esas charlas también circula la hipótesis de una alternativa peronista no kirchnerista, que podría recibir una economía con equilibrio fiscal, Vaca Muerta y mayores ingresos comerciales. Bajo esa mirada, un cambio de nombres no necesariamente devuelve la economía a foja cero. La continuidad de Milei está entre los escenarios, pero todavía no es un resultado que pueda cobrarse por adelantado.
La encuesta de AtlasIntel-Bloomberg, realizada a comienzos de octubre, le pone números a esa tensión: la aprobación presidencial se mantiene prácticamente estable, en el 38,5%, mientras el 71% evalúa negativamente la economía nacional. El respaldo político resiste pese al malestar económico. Una base para disputar la elección, aunque todavía lejos de un seguro de reelección.
Con ese calendario por delante, sumar reservas, estirar vencimientos y conservar alternativas de financiamiento permite ganar margen. La prueba de la bazuca no será cuánto crezca la cifra anunciada, sino cuántos dólares queden disponibles después de pagar las cuentas. Bausili empezó a sumar munición. La city sigue contando las balas.

