La economía argentina compite, pero la pulseada entre el equipo de Luis Caputo y Milei podría impactar la inflación y el dólar.
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Pulseada entre Javier Milei y Luis Caputo por permitir o no que el BCRA inyecte más pesos en la economía.
Un Mundial en el que se tenían moderadas expectativas terminó desatando un éxtasis futbolístico y anímico y el mercado no estuvo ajeno, como así lo reflejó el tenor de los negocios. Menos reuniones, visitas y encuentros enmarcan la tónica de estas últimas semanas, donde había más preguntas sobre vuelos a Atlanta y Nueva York y entradas a los estadios que sobre bonos, acciones o el dólar.
Incluso, luego del triunfo de la Selección sobre Suiza se empezó a escuchar en los corrillos financieros que la economía también seguía compitiendo como la Selección, ya instalada en las semifinales. Ahora, con la mira puesta en la final, todo se anestesia un poco más y, tras la salida de Manuel Adorni, se especulaba con una aceleración de los tiempos legislativos, pero entre el Mundial y el cortocircuito por Malvinas, el Congreso sigue congelado. En los pasillos del poder se habla mucho de los «turcos», como llaman a los primos Menem del entorno de Karina Milei.
Al respecto, un banquero comentaba que en el oficialismo algunos no estaban convencidos de ir por la Provincia de Buenos Aires en 2027, pese al interés del «Colo» Santilli, para evitar la herencia bonaerense y no tener que asistirla, algo que no sería del agrado del ministro Luis Caputo. En paralelo, un hombre del mercado deslizó que existe una pulseada entre Caputo y el Presidente por permitir o no que el Banco Central (BCRA) inyecte más pesos en la economía.
La discusión pasa por si, cuando el BCRA compra divisas, el organismo y el Tesoro deben absorber toda la emisión o dejar más liquidez circulando. La apuesta inicial era que la demanda de dinero reaccionara con la inflación más estable, algo que no ocurrió. Tampoco funcionó el intento de incentivar que la gente vendiera sus dólares.
Ahora el debate en el equipo económico es dejar fluir algo más la oferta monetaria para impulsar la actividad y el consumo interno. Quienes se oponen sostienen que la decisión de gastar no depende de la moneda en la que estén los activos financieros, sino de la certidumbre.
Reparos por la reforma a la Carta Orgánica del BCRA
También apareció el debate sobre la reforma de la Carta Orgánica del BCRA. Entre los presentes hubo reparos por el riesgo de volver a habilitar emisión para el Tesoro, aunque quedó claro que parte del equipo económico está dispuesto a tolerar más emisión. El riesgo, admiten, es el impacto sobre la inflación y el dólar, en un trade off con vistas a 2027.
En un intercambio con mesas de Londres y Nueva York, destacaron la última encuesta del Bank of America (BofA), que refleja el mayor optimismo sobre la economía mundial desde la pospandemia. Según el relevamiento, la mayoría cree que no habrá ni aterrizaje suave ni aterrizaje duro, sino continuidad del crecimiento.
También comentaron el último encuentro de EMTA, donde además de los diferenciales ajustados, el petróleo y gas, se habló del optimismo sobre Argentina, aunque con cautela por Brasil, Dubái y la revisión del USMCA.
Desde Nueva York, un estratega recomendó seguir los datos de Goldman Sachs y EPFR sobre los flujos de fondos globales. A su juicio, el movimiento de 2026 constituye una anomalía histórica, con una fuerte concentración de inversiones en el mercado estadounidense.
Eso, explicó, enciende alarmas de riesgo porque el rally está impulsado por la inteligencia artificial (IA) y los flujos hacia ETF, generando FOMO y una elevada concentración de capital. El problema no es la IA, sino que el posicionamiento global se volvió demasiado unánime.
Así, el mercado puede ser eficiente en el largo plazo, pero irracional en el corto. Confundir esta racha impulsada por liquidez con un suelo permanente puede ser el error más costoso para una mesa de trading. Hubo silenzio stampa entre quienes apostaron al boom de la IA. Veremos.

