La empresa de desextinción Colossal Biosciences anunció el 19 de mayo de 2026 que logró hacer eclosionar 26 pollos sanos en huevos artificiales de su propia fabricación. El hito, descripto por la compañía con sede en Dallas como un paso fundamental hacia la resurrección de especies extintas, abre una nueva vía para proyectos tan ambiciosos como devolver a la vida al dodo de Mauricio o al moa gigante de la Isla Sur de Nueva Zelanda.
El sistema desarrollado por Colossal consta de dos componentes principales: una membrana semipermeable de silicona y un soporte rígido de forma hexagonal que la contiene. La membrana está diseñada para replicar la función gaseosa de un cascarón natural: permite el paso del oxígeno hacia adentro, retiene la humedad y bloquea agentes contaminantes, según detalló la empresa en un comunicado.
«Es una membrana muy fina y especializada que permite un intercambio gaseoso realmente eficaz, algo para lo que el cascarón de huevo está increíblemente bien diseñado», explicó Andrew Pask, director de biología de la empresa.
Uno de los detalles más relevantes del diseño es una ventana transparente ubicada en la parte superior del huevo artificial. A través de ella, los científicos pueden observar el desarrollo del embrión de forma directa sin alterar las condiciones internas.

El sistema también es adaptable en tamaño: en teoría puede escalar desde las dimensiones de un huevo de colibrí hasta las de un huevo del tamaño de una pelota de fútbol, como los que producía el moa gigante, un ave que llegó a medir casi cuatro metros de altura.
Por qué era tan difícil incubar sin cascarón
Los sistemas artificiales de incubación sin cascarón tienen una historia de décadas, pero su eficacia siempre fue limitada. El principal obstáculo es el oxígeno: la mayoría de los métodos anteriores —que usaban recipientes plásticos, papel film u otros materiales— requerían grandes volúmenes de oxígeno concentrado en las etapas finales del desarrollo, lo que podía dañar el ADN del embrión.
Mike McGrew, embriólogo del Instituto Roslin y asesor científico de Colossal en células madre aviares, señaló que las tasas de éxito con esos sistemas siempre fueron bajas.
La solución que propone Colossal es distinta: en lugar de agregar oxígeno de forma activa, la membrana de silicona permite que el gas se difunda de manera pasiva, como ocurre en un cascarón biológico. Este enfoque reduce el riesgo de daño celular.

El antecedente más reconocido en la materia data de 1988, cuando la genetista Margaret Perry, del propio Instituto Roslin, logró por primera vez hacer eclosionar pollos a partir de embriones cultivados en laboratorio y transferidos a cascarones donantes. Ese método fue perfeccionado con el tiempo, pero nunca resultó completamente escalable ni adaptable a distintas especies.
En el proceso actual de Colossal, el huevo artificial no reemplaza la biología que ocurre antes de la postura: interviene después. Los científicos examinan los huevos puestos por gallinas reales dentro de las 24 a 48 horas posteriores a la puesta, seleccionan los viables y transfieren el contenido —sin el cascarón— al sistema artificial. Todo lo anterior, desde la fecundación hasta la postura, sigue ocurriendo dentro de un ave viva.
Qué lugar ocupa este sistema en el proyecto de desextinción
Para recrear aves extintas, el huevo artificial cumple un rol acotado pero específico: es un recipiente de incubación en etapas avanzadas del desarrollo, no el punto donde se introducen los cambios genéticos.
Esas modificaciones deben realizarse mucho antes. Hans Cheng, genetista molecular de la Universidad Estatal de Michigan y ex integrante del Servicio de Investigación Agrícola del USDA, explicó por qué: una vez que un huevo fecundado fue puesto, el embrión ya contiene alrededor de 50.000 células, un número demasiado elevado para intervenir con las técnicas actuales de edición genética.

Por eso, la estrategia de Colossal apunta a las células germinales primordiales, que son precursoras de los óvulos y espermatozoides. El otoño pasado, la compañía informó que logró cultivar ese tipo de células a partir de una paloma doméstica, especie genéticamente cercana a la paloma de Nicobar, que la empresa evalúa como posible sustituta para el proyecto del dodo.
En el caso del moa gigante, todavía no eligieron un ave productora de huevos, aunque el emú y el tinamú son las opciones bajo análisis. Como un moa terminaría superando el tamaño de cualquier huevo sustituto, el plan prevé que el sistema artificial tome el relevo de la incubación en algún punto intermedio del desarrollo.
Los científicos externos a la empresa reconocen el avance, pero lo sitúan en perspectiva. Vincent Lynch, biólogo evolutivo de la Universidad de Buffalo, calificó el rediseño de la membrana como «un desarrollo biotecnológico realmente interesante», aunque advirtió que la membrana es solo uno de los componentes de un huevo completo.
«No desarrollaron todas las demás partes», sostuvo Lynch. Además, Colossal no divulgó su tasa de éxito sobre los 26 pollos ni publicó un artículo revisado por pares, lo que impide que otros investigadores evalúen la metodología de forma independiente.

Christopher Preston, experto en vida silvestre y medioambiente de la Universidad de Montana, señaló que el sistema podría tener aplicaciones en conservación —como adaptar aves amenazadas al cambio climático o a nuevas enfermedades—, pero que eso también requeriría edición genética aviar, no solo un sistema de incubación.
Stuart Pimm, ecólogo de la Universidad Duke, sumó otra perspectiva: para la mayoría de las poblaciones de aves en riesgo, las medidas más urgentes siguen siendo reducir la pérdida de hábitat, las colisiones con edificios y la depredación por gatos domésticos.
Colossal Biosciences fue fundada en 2021 por el CEO Ben Lamm y el genetista de Harvard George Church. La empresa recaudó más de 600 millones de dólares y su valuación supera los 10.000 millones.
Además del dodo y el moa gigante, su cartera de proyectos incluye el mamut lanudo, el tilacino y el lobo terrible: de esta última especie ya nacieron tres cachorros en 2024. El huevo artificial se suma así a una hoja de ruta que combina edición genética, biología reproductiva y tecnología de incubación en un esfuerzo por reescribir, al menos en parte, la historia de la extinción.

