La gran frase que asalta nuestra mente y nuestro corazón es aquella que lanzó Yair Dori cuando, en agosto de 1994, despidiendo a quien escribe y al fotógrafo de GENTE de Tel Aviv, nos confesaba aún asombrado: «La presencia de Andrea Del Boca acá fue muy esperada y la atracción que ejerce en la gente es poco común. Ustedes mismos lo pudieron comprobar: hay verdaderos fans que la aclaman. Por eso la traje. Por eso fue auspiciada por el Ministerio de Turismo de Israel», agregaría el propietario de YD Communications, empresa que había movilizado 12.219 kilómetros a nuestra representante hasta el suroeste de Asia, donde «ella es tan famosa como Yitzhak Rabin (en aquellos tiempos, primer ministro israelí)», remataría a puro ímpetu el empresario televisivo, trazando un paralelo relacionado al inconmensurable suceso que Andrea vivía en Medio Oriente gracias a la novela Antonella, que determinó su desembarco para grabar escenas de Perla negra, que repetiría aquel éxito.

Una aventura acontecida nada menos que la semana siguiente al atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) que, ocurrido el 18 de julio del ’94 en Pasteur 633, dentro de la Ciudad de Buenos Aires, matara a 85 personas e hiriera a más de 300 e incluso pusiera a dicho viaje en duda. Nos referimos a toda una aventura cargada de tintes emocionales e históricos que nunca antes revivimos y hoy, con la excusa del cumpleaños 61 de una de las actrices más experimentadas, sólidas y vigentes de la televisión argentina e internacional, volvemos a recorrer mediante aquella crónica en tiempo real, como si se estuviera escribiendo cuando usted la va leyendo. Una manera de que no pierda su magia y mantenga su eterna vigencia, sí…
«NO LO PUEDO CREER: ¡ESTO ES MÁS FUERTE DE LO QUE ESPERABA!»

Cuentan las Sagradas Escrituras que esta tierra, la Tierra Prometida, fue la elegida por Dios para que naciera su hijo, Jesús, para darle otra oportunidad a la historia. Cuentan también que esta tierra, la Tierra Prometida, fue legada por el Señor a Abraham, hace cuatro mil años, para que hiciera de ella «un pueblo tan numeroso como las estrellas». Cuentan las Sagradas Escrituras, además, que esta tierra, la Tierra Prometida, fue tierra de Moisés, de los Apóstoles, de Herodes el Grande, tierra de Mahoma y del rey Salomón. Cuentan además las Sagradas Escrituras que esta tierra, la Tierra Prometida, «siempre ha de cobijar a quien llegue a ella, sin importar de dónde venga ni cuál sea su creencia». Hoy, a 1.994 años (consideremos que el relato pertece a agosto de aquel año, repetimos) de que la Virgen María diera a luz a su Hijo en Belén, la Tierra Prometida le abrió sus puertas de afecto y admiración a una mujer que, si bien las bondades de las Sagradas Escrituras jamás lo vaticinarían en sus líneas, conquistó el corazón de este pueblo añejo de memorias, batallas, tristezas y alegrías.

Hacía minutos que había pisado Tel Aviv y que las agotadoras treinta y tres horas de viaje comenzaban a traducirse en cansancio. Sin embargo, la sonrisa era la misma de siempre cuando la gente se le acercaba al Holiday Inn para pedirle un autógrafo, una foto o simplemente un beso. «Antonella, lat a gola mi culam!» («¡Antonella, sos la más grande del mundo!»), le repetía una quinceañera con ojos saltones. «Toda, Anto» («Gracias, Anto»), se sumaba una señora mayor, agradecida por la dedicatoria sobre el póster central que el mismo domingo 24 de julio había salido en su revista de actualidad preferida. «iAt a nak!… iAntonella, at a nak!» («Sos enorme»), enfatizaba una admiradora rubia n con cara de bebé… No es casualidad. El éxito televisivo del año en Israel se llama Antonella, una novela que encabeza el rating de su horario con el 18 por ciento de la audiencia, número uno delante de las 39 cadenas de cable restantes.
¿Su protagonista? ¿La causante del fenómeno? Nuestra Andrea Del Boca (por entonces de 28 años), aunque ella no lo pueda creer.

-Sabía por referencias que era conocida acá pero no, no… Esto realmente me dejó en helada. No lo esperaba -nos admitía ella asombrada.
-Usted había planeado este viaje hace varios meses. Lamentablemente, una semana atrás ocurrió lo de AMIA. ¿Dudó en emprenderlo justo ahora?
-Dudé, por una cuestión de seguridad de todo el equipo. Pero resolví venir. Menos mal. Si no, me hubiese arrepentido el resto de mi vida.

-Su hermano Adrián le pidió que no viajara, su familia también estaba en desacuerdo. ¿Por qué aceptó?
-Yo soy una actriz del mundo y tengo la obligación de cumplir. Lo hablé con Raúl (de la Torre: su pareja de aquel momento) y me pregunto: «¿Qué dice tu corazón?». «Que tengo que ir», le contesté. «Entonces no lo dudes», me alentó. Decidí seguir para adelante. Es mi mejor apoyo a la gente de la mutual.

-¿Sintió miedo en algún momento?
-Realmente no. Al contrario, la marcha multitudinaria en nuestro país del jueves posterior a la explosión de la AMIA me dio energía. Yo había quedado shockeada y cuando vi tanta gente en la Plaza de los Dos Congresos sentí que nunca está todo perdido. Que hay muchos que todavía creemos en la paz.
-¿Contra quién fue este crimen que, por ejemplo, determinó que en la bodega del avión que la trajo hasta acá viajaran dos personas que murieron durante la explosión?
-… No sé contra quién o contra quiénes fue. Lo que sí sé es que no fue un crimen contra los judíos ni contra los argentinos, que fue contra toda la humanidad.

-Pasó varias horas en la zona donde se erige el Muro de los Lamentos. ¿Qué experimentó? ¿Se puede pensar sólo en trabajo, en planos de cámara y guiones, encontrándose en medio de la historia?
-Imposible. Aunque uno pone sus mejores ganas, resulta imposible. Es la primera vez que vengo a Israel, a Jerusalén. Caminar por las mismas calles que lo hizo Jesús, me da escalofríos. Estoy muy sensibilizada. Lloro cada dos pasos.
ANTONELLA SUPERSTAR: «NO ME ABANDONES, POR FAVOR CHICOS, NO ME ABANDONEN».

Ya establecida en la capital israelí y tapa de todos los diarios locales, Andrea debió acudir al cartel «Lo lafría» («No molestar») en su casillero de mensajes del Hhotel, a lo que luego le sumó el corte de su línea telefónica, para poder descansar de los continuos llamados de funcionarios, periodistas y admiradores de todo el país que la invitaban a los más diversos cócteles y ágapes de bienvenida. Pero más allá de las lógicas precauciones, respetó por completo los compromisos preestablecidos. La conferencia de prensa fue el primero de ellos. Medios de prensa israelíes se dieron cita para conocer, cara a cara, un poco más de la rica historia actoral de de Del Boca. No salieron de su asombro cuando les contó que en pocos meses cumplirá un cuarto de siglo de profesión ni dejaron de suspirar cuando confió que «Bermúdez (su galán en Antonella) da unos besos excelentes». Tampoco se privaron de alguna que otra carcajada, como la que provocó la inusual oferta de una periodista, quien le pidió a la actriz que en el próximo viaje trajera a Gustavo «para ver si besa tan bien como usted dice».

Las visitas protocolares y comerciales siguieron primero en el Canal 3, donde se emite su novela, y luego en el pub Tabac, con una picada de comida típica. Llegar al camarín 206 del canal de cable fue casi heroico. Aplausos, muchos aplausos (aquí no se acostumbra a gritar), una alfombra de terciopelo color rojo intenso y la modelo internacional Mijaela Berco (que cobra 20 mil dólares cada sesión de fotos y trabajó en Drácula, el filme de Francis Ford Coppola), acompañándola entre apretujones y flashes, marcaron el ritmo de Andrea. En el estudio dejó inaugurada la temporada del programa Shaón kaitz (Horario de verano), concediendo un reportaje exclusivo y ensayando con el cantante de baladas Doron Mazar, el tema Antonella en hebreo y castellano, para tratar de recrearlo en vivo, algo que finalmente no pudo concretarse por el cansancio de nuestra compatriota después de tantas horas sin dormir. A pesar de no haberse publicitado su presencia públicamente, debieron sacarla en una combi rodeada por personal de seguridad del Ejército israelí, mientras miraba a los enviados de prensa argentinos de reojo y suplicaba «No me abandonen, por favor chicos, no me abandonen…».
«PEDÍ POR LA GENTE DE LA AMIA»

Las jornadas de grabación para Andrea Del Boca comenzaron el lunes 25 de julio, temprano, y se extenderían hasta el viernes 29/7/1994. El objetivo inicial la llevó a 65 kilómetros de Tel Aviv, a Jerusalén, la ciudad sagrada, la meca del judaísmo. Llegó en el anonimato pero a los pocos minutos debió asomarse a la ventana del puesto de control que está frente al Muro de los Lamentos para saludar a la gente que le gritaba su admiración en los más diversos acentos y representando a las más diversas religiones. Fue cuando acudió a las tres palabras en hebreo que ya había aprendido, para demostrar su sentir: «Otjem meod» («los amo mucho»), «Ajla» («fantástico»), «Toda» («gracias»).

Tras una hora de indecisión por no saber cómo evitar que el público complicara la grabación, se resolvió conseguir a una doble de Andrea (la tarea recayó en una policía que la custodiaba) para que ensayara el retiro. El plan fracasó y hubo que esperar. Con el camino más despejado y 35 grados de calor, se la filmó por fin rezando bajo el paredón de 19 metros de altura conformado por piedra caliza de la zona construido por Herodes un siglo antes de Cristo. Fue a las 10.50, exactamente una semana después del atentado a la AMIA, cuando Andrea Del Boca se acercó al Muro de los Lamentos y, emocionada, dejó su deseo escrito en tinta azul. Siempre asistida por su madre Ana María, por su hermana Anabella y por Ornella Zampiccinini, la productora, nuestra intérprete soportó las fuertes horas de sol, cubierta por un tul y bebiendo litros de agua mineral para no deshidratarse. La escala de Perla -su personaje en la novela: una judía que no sabe que lo es-, prosiguió en el parque arqueológico y el tramo que, como continuidad del Muro, conduce al Monte del Templo de Jerusalén, en la Antigua Ciudad, donde según reza la Biblia, Dios formó al hombre del polvo de la tierra y Jesús hizo caminar al inválido que le pidió una limosna. La travesía y las escenas continuarían en la Gruta de la Natividad, ubicada en los montes de Judea, Belén, a 10 kilómetros, y a 34, en las playas del Mar Muerto, límite con Jordania.

-¿De quién se acordó en el Muro? ¿A quién o a quiénes les dedicacó el deseo que escribió en el papelito y dejó en una de las ranuras de esos bloques de cinco toneladas?
-Desde luego que el papelito no era de ficción. Era real… En situaciones parecidas uno se acuerda de sus seres queridos. Yo además me acordé de la gente de la AMIA. Y me emocioné. El pedido que le escribí a Dios tuvo que ver con todo esto. Con la gente que me rodea pero también con la que nunca conocí y por lo visto nunca podré conocer. Fue, es, mi homenaje hacia ellos -cerraba Andrea Del Boca, ante el grabador de GENTE, treinta y dos años atrás en la Tierra Prometida, adonde por supuesto prometía volver.
Fotos: Santiago Turienzo y Archivo Atlántida ([email protected])
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)

