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Los 90 años de Juan Carlos Anacleto: una gran marca, un gran hombre

Entre notas, apuntes, archivos, papeles viejos y libros, el sagrado ejercicio periodístico, surgen las historias de vida sin dejar de asombrarnos. Luego de un encuentro mano a mano de este periodista con Juan Carlos Anacleto (padre de cuatro hijos, entre ellos Carlos Anacleto, actual presidente del Club Gimnasia y Esgrima La Plata, club decano del fútbol nacional), la primera imagen fue la de un hombre en paz, contento, a pleno en su trabajo diario. Fue un soleado día de semana en que jugaba el Lobo, y mientras el primogénito se dirigía al Estadio de Banfield, él cuidaba las espaldas en la gran empresa cita en la avenida 44. Oficina y café de por medio, Juan Carlos reservó un tiempo de calidad en la agenda.

El hombre hoy cumple años, las nueve décadas, haciendo gala de su inteligencia, además de la pura sangre italiana. Este ejemplar nacido con partera a domicilio en una casa de El Dique, en 122 y 52, una punta de la región en que se rozan los sentimientos de Ensenada y de La Plata, una crianza donde el patio fue el bosque, el jardín zoológico, el colegio industrial y la cancha de Gimnasia (cuando él nació en 1936 el predio recién andaba por su octavo año de football).

Es de los que creen en sus convicciones con una sonrisa y no haciendo la guerra. Uno de los que contribuyó, indudablemente, como tantos inmigrantes, a que la platense sea una sociedad pujante. Y no se achicó al asumir riesgos en distintos rubros laborales: corralonero, constructor, industrial, comerciante, avezado en el rol de servicios, director de Cámara de Comercio y gerente presidente del hotel Corregidor en La Plata, productor agropecuario y administrador de campos, y dirigente empresario con cargo en la Asociación de comerciantes e industriales en materiales de construcción (ACYMCO).

Nacido en el 7 de abril de 1936 en el seno de un hogar de italianos del sur

José Anacleto, su padre, llegó en 1925 desde Longobardi, sur de Italia, eligiendo la Argentina porque aquí ya estaba un pariente. La suerte empezó a estar del lado de los Anacleto cuando su progenitor tomó la decisión de no embarcarse en el “Principessa Mafalda” que naufragó en las costas de Brasil dejando pocos sobrevivientes y tomó la siguiente nave. Aquel inolvidable Giuseppe tuvo tres hijos, José (partió este año al más allá), Juan Carlos y Angela. Aquel «tano» marcó un camino de coraje y buenos pensamientos, además de ser el iniciador de una primera empresa para hacer punta en el mundo de la construcción. En 1952 compraron el primer camión y venden materiales (ladrillos, piedra, arena, hierros y cemento) en la misma casa de El Dique, donde también funcionaba una fábrica de polvo de ladrillos y hacían demoliciones. El 12 de mayo de 1952 es la fecha fundacional de esa Sociedad en la que estuvieron unidos para siempre José y sus dos hijos varones, “Anacleto e hijos”. De los dos varones, José dejó en este mundo tres hijos y Juan Carlos trajo a la vida a cuatro. Todos han pasado por la empresa.

Tiempo del café. Con gentil predisposición, Juan Carlos nos mira a los ojos y presta la llave para entrar a su vida. Difícil ordenar los temas en una ráfaga de tres horas donde dará rienda a los recuerdos. Pareciera haber hecho ya el duelo por su querido hermano José. Nos lleva hacia el lado optimista y nos pregunta algo para romper el hielo, con un cuento fino, “de los de antes”. Sabrán disculpar. Los temas que siguen se van transcribiendo según van brotando, aunque trataremos de llevar un orden cronológico. Es una vida muy intensa, y muy de abajo, como cuando cargaba a pala las bolsas de cemento.

“Nací en una casa precaria, hecha con chapas, madera, con cajones de autos. Y en el fondo un baño… cómo es la vida… Al poco tiempo papá hizo la famosa letrina, atrás de un galpón… Seis años tenía y me acuerdo. Como andaba en la construcción, hizo una demolición y con eso un baño”.

“Mi infancia es entre El Dique y el Bosque, las vías del ferrocarril, Gimnasia, la Escuela Industrial, y me acuerdo de Doncal, el nombre del botero en el lago. Me acuerdo las cosas de antes y las de ahora”.

“Trabajé en la Ferretería Argentina, calle 49 casi diagonal 80. Los que estaban a cargo eran amigos de mi papá. —Che, te puedo mandar al chico. ¿Que hacía? Barría, limpiaba, iba al correo. Tenían tres o cuatro rubros. ¿Donde me mandan a mi? Pinturería y sanitarios. Once años”.

La casa de Sanitarios Anacleto en la calle 38

 “¡Anduve en camiones!; con mi hermano y mi viejo que era camionero, cargábamos a pala las bolsas de cemento. Mi mamá me alcanzaba las bolsas de cemento arriba de los camiones. Compraba motonetas, las pintaba. El que me conoce sabe… En las vacaciones de la escuela primaria, con once años, ¡tenía que ir a la obra! No, no me gusta la obra; si le decía de ir al fútbol, me hacía agarrar la manija a la fragua para hacer la herramienta. Sacaba los clavos y los enderezábamos, y por ahí me agarraba el dedo”.

Juan Carlos relata los días de la Escuela 37, de calle 2 y diagonal 30, a la cual llegaba caminando desde su hogar. Le gusta recordar que iba caminando cruzando el bosque. A los 90 años tiene un cuidado más, la salud, realizando prácticas con suma agilidad, por ejemplo, sentándose y parándose a velocidad de la silla. Hace una demostración).

“Era chiquito, delegadito, el primero de la fila. Hoy me achiqué ocho centímetros (sonríe). Eran tan flaco que pasaba por las rejas del zoológico para no pagar la entrada. Ahora veo esas rejas y digo ¿cómo pasaba por ahí? (risas). A los siete años empecé a ir a la cancha y sigo yendo, obvio. Llevo ochenta y seis años consecutivos. Había un señor, un guardabarrera que era fanático de Gimnasia, con él íbamos a la ochava, ya a las once nos pasaba buscar para ver desde el primer partido”.

Un alto. Nos informa sobre la fiesta de cumpleaños, que tiene más de una centuria de invitados, de todas partes.
No pedí regalos, pedí donaciones; abrí una cuenta en un banco y la gente me dona; es muy generosa, no es la primera vez que lo hacemos. Con todo lo que se recauda vamos a comprar alimentos para Conin La Plata (www.coninlaplata.org), entidad civil que lucha para prevenir la desnutrición infantil en nuestra ciudad. Allí asisten y educan a niños hasta 5 años de edad de familias carenciadas. Me han mandado un video de agradecimiento que me pone muy feliz e interpreto como caricias a mi espíritu”.

Una parte de su vida, el depósito de cerámicos y sanitarios

Aparecen nombres y lugares de los primeros logros. Unas galletitas en la mesa distraen las miradas pasado el mediodía. Es el hombre que tomó la delantera en la familia cuando se habla de quién fue primero a 60 y 118, donde el corazón se acelera más. De pronto, su hijo golpea la puerta, pasa apurado a dejar su saludo. Se va a la cancha. Es el presidente mens sana, nada más y nada menos. Retomamos la charla pero por carriles.“Me recibo de maestro mayor de obras en la escuela Albert Thomas. Todavía no tenía dieciocho años e hice una casa, y como no podía firmar, empecé con la casa y después hice los planos cuando era mayor de edad. Seguí Ingeniería, no terminé, pero a los veinte años ya hacía obras. Vino la conscripción en la Marina. Iba al Liceo Naval, y volvía a hacer la obra, por ejemplo, la de la escuela de 7 entre 526 y 527, en Tolosa. Más tarde, con veinticuatro años, asociado a un ingeniero, ensanchamos el puente Samborombón”.

“En el trabajo abarqué de todo. Yo tenía materiales gruesos, cal, cemento, camiones de piedras, al principio no teníamos sanitarios. Al poco tiempo, en 1961 —a mis veintipico— me invitan a la asociación de comerciantes (ACYMCO) donde entro como vocal suplente: ¡estaban todos los grandes! Y yo un pibe con un camioncito y un corraloncito en 122. Al año siguiente fui secretario general y después presidente diez años, tiempo en el que construí un edificio de cinco pisos, en 56 entre 9 y 10”.

Llega la década del sesenta. El amor con Carmen, “Yoyi”, de Carhué, ciudad en la que los padres tenían campos, ganadería y cosecha de trigo mientras ella venía a estudiar a la Universidad Nacional de La Plata.
“Siguió la carrera de Derecho. Un amigo en común de mi hermana y de ella propició una salida, entre los que estaba mi concuñado Luis Prates (fallecido durante el Covid). Ese día salimos a pasear; a los tres meses nos pusimos de novios y en seis meses contrajimos enlace, el 26 de marzo de 1966. Ella estaba por cumplir 30 años, seis años menor que yo. Finalmente no terminó de estudiar, pero se dedicó a cuidar a los hijos y lo hizo muy bien.

Llegaron los cuatro «figlios» en una docena de años, el primogénito Carlos, en 1967; el segundo varón Eduardo, en 1968, Juan José de 1971 y la mujer que buscaban se hizo retoño en 1981 con Betina. En esos años, Juan Carlos seguía aquilatando relaciones laborales en la ciudad, en pleno auge y crecimiento. Trabajo, trabajo y más trabajo.

29/11/2025. Juan Carlos y Carlos, sentados, aplauden. Fue electo con el 74% de los votos.

Aparece el momento de dedicar energías a su otro amor. Había elecciones en Gimnasia en 1976. Por primera vez el apellido aparece en una de las listas, por el oficialismo, resultando ganador por cuarta vez el «Basurero» Oscar Emir Venturino; con los vicepresidentes Jorge Titarelli, Marcelo Martini y Juan Carlos Anacleto.
“Sí, fui uno de los Vice y estaba a cargo de la comisión de Estadio. Recuerdo a un ingeniero Vigier, que había sido directivo y asesoraba por el campo de juego, pero no le daban bolilla. En ese momento, a pesar de contar con Estancia, por comodidad se entrenaba en la cancha principal de 60 y 118. Le consulté al ingeniero que si nos podía asesorar queríamos poner riego por asperción. Solo dos clubes en toda la AFA lo tenían. Lo concretamos».

Además, tuvo colaboración activa en el sueño del Complejo Polideportivo. Esa última gestión de Venturino tuvo a varios directivos, íntimos amigos, ligados a la construcción. En una especie de gran cruzada, lograron que el presidente avalase la construcción de un moderno escenario y ampliar la sede, para reemplazar al «Gran Gimnasio» que se había derrumbado en 1971 por un accidente en el cual el Correo Argentino indemnizó al club. Corría la primavera de 1977 cuando empiezan a verse los movimientos en ese sentido, con el paso audaz y seguro que daban Anacleto, Tomás “Cacho” Sessa, Norberto “Coco” Sánchez y los recordados Luis Cavallaro, Ruben Bormapé, Jacinto “Giani” Ranalletta, entre otros directivos.

“Queríamos hacer un Polideportivo en serio, que era una necesidad para Gimnasia y la ciudad. Y en ese momento llegamos a comprar dos casas, una sobre calle 4, y un terreno angosto y largo sobre 53 que era de Gardella y daba al fondo de la sede. Era como una salida de emergencia para el momento que estuviera listo el Poli (inaugurado en junio de 1982, con otra gestión). Pusimos plata, materiales, herramientas, así era… ¿Y con qué nos cobramos?, ¡con plateas! Toda la familia yendo a ver el básquet».
El empuje de Anacleto como dirigente, su voluntad por superarse, por superarse siempre, era el aguijón para involucrarse dentro del departamento de Fútbol Profesional; por ejemplo, durante el Torneo Metropolitano ’77 (uno largo, de cuarenta y seis fechas, jugado entre el 20 de febrero y el 13 de noviembre de ese año) donde evitarán el descenso en la última fecha tras igualar en la visita a Argentinos 2-2, en Paternal, frente a un Maradona de solo 17 años.
“Después de esto, sucedió un tema que no me gustó y rebasó el vaso. Había que jugar el Nacional y el técnico Rattín —con el que sigo en contacto— nos pidió un arquero como Enrique Vidallé, al que había tenido en Boca. Fuimos a buscarlo a Chile, al Palestino. Me confió que si viajaba podía sacarlo por 100 mil dólares, cuando en otros intentos había una diferencia de 50 mil. Así que viajé con Luis Masciadro y Coco Sánchez. Pudimos traer al arquero, que llegó en helicóptero justo el día anterior al debut y atajó. Pero yo había renunciado en ese momento luego de cumplir con este pedido. Ese día seguí el partido desde la tribuna».
“Luego de mi renuncia, con los por qué que en su momento aclaré a todos los gimnasistas a través del diario, se quisieron ir dirigentes tres dirigentes que habían venido conmigo. ‘¡Por favor, ustedes quedensé!’… Se querían solidarizar y les dije que era lo peor que me podían hacer… Primero está Gimnasia, no yo«.

En diálogo con el periodista Gabriel López

El mismo día otro de los que presentaba su renuncia de manera irreversible con profunda disidencia fue Norberto “Coco” Sánchez. Las vueltas de la vida. A los tres años “Coco” fue convocado para presidir el MORRGIM (Movimiento de Renovación y Recuperación Gimnasista), que se presentaba a elecciones. Gimnasia había descendido y en medio año había visto renunciar a dos presidentes. Entonces, de la oposión lo fueron a buscar a Sánchez, que se encontraba en el Club Brandsen, pero les respondió con un nombre: Anacleto, el candidato natural. Esas historietas que nunca quedan escritas en la historia, años después la menciona Juan Carlos.

“Después de que se va el contador Jorge Titarelli y luego Cacho Sessa, se venían las elecciones y me llaman Coco y cuatro dirigentes de su entorno para ofrecerme la presidencia. —‘Juan Carlos, te venimos a ofrecer que vos seas el candidato del movimiento, tenemos todo armado, el secretario, los tesoreros… el presidente sos vos’. Yo no tenía nada en contra de ese grupo, pero no la había armado yo y entonces decidí responder que no… Pensé que no podía ir de presidente con una lista armada. Si yo quería ser presidente me buscaba mi gente, y en ese sentido ocho o diez por lo menos tenían que ser de mi confianza; ojo, con la gente de Coco todo bien, de todas maneras. Ahí es cuando entra de presidente él a fines de diciembre del ’80”.

“En mi larga historia hice de todo, corralonero, fabricante de ladrillos comunes, de aquellos hornos de ladrillo a barro; fui fundador de la fábrica de ladrillos huecos, con Jorge Tibor; tuve criadero de pollos y de conejos de angora; la empresa constructora; fui presidente gerente del Corregidor Hotel durante diecisiete años, con un grupo de amigos; tuve producción agropecuaria y administración de campos en Carhué —ciudad natal de mi señora—; comerciante en el rubro automotriz, de la casa APA de 44 y 18; demoliciones y casa de sanitarios, cerámicos y grifería hasta el presente”.
Pero detrás de ese gran nombre, hay un ser humano que tiene un humilde gigante latiendo bajo su piel. Alguien que quería ser como su padre italiano. Que ama a la familia por sobre todas las cosas.

El bien más preciado. Toda la familia, en Playas del Carmen

Aquel que no tenía demasiados juguetes, distrayéndose entre el bosque y el primer laburo, la cancha y la empresa, con los dones de gente que tenían los de su generación: llevándose con los vecinos Pincharratas, como en una cruzada romántica de los domingos (único día) donde unos y otros se alentaban cuando jugaban por separado, deseándose suerte, como defensores de la ciudad. Uno de los grandes amigos de Juanca es don Nelson Oltolina (este año cumplió 96 años, es de 1931): “Nos conocemos desde los año cincuenta y pico. Mirá, hubo una revista Autopista, del platense Inveninato, donde entrevistan a Nelson y les nombra a cinco o seis amigos de la vida, uno de ellos soy yo”.
Oltolina, que además fue uno de los hombres de confianza de Julio Humberto Grondona (titular de AFA durante 35 años, desde 1979 a 2014) fueron parte de una misma mesa, en un agasajo al recordado dirigente Juan Manganiello (ex presidente del Tribunal de Cuentas afista y hombre del Banco Municipal). “A Grondona lo conocía desde la época que eramos ferretero y nos prestábamos cosas. En la mesa eramos ocho, y en la otra mesa estaban las señoras de cada uno. Ese homenaje fue en el Museo del Jamón. Julio me embromaba cuando salía el tema Gimnasia… ¡Cuándo se juega de noche andá a salir por el bosque, andá a saber quién te sale detrás de esos eucaliptus enormes; y era cierto. Yo nací en el bosque. Mirá, hasta la Escuela Industrial la hice ahí, cruzando la arboleda y mirando siempre hacia nuestra querida cancha”.

«Pasaron los años…» «La gente me conoce…» «Pasó una vida de aquella casa precaria en El Dique, el bosque, el zoológico, el observatorio, la cancha de Gimnasia…» Juan Carlos habla con entusiasmo, sin una nostalgia pesada, al contrario… Valorando todo el recorrido. Muchas veces volvía sobre esas frases para arrancar o terminar una historia. Una historia de vida de un pibe que fue pobre y soñaba con la quimérica cumbre que, al fin, hoy comparte y disfruta con sus seres queridos.

Redacción

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