En las elecciones de medio término, el Partido Demócrata les quitó a los republicanos las dos cámaras del Congreso. El resultado condiciona la agenda de Donald Trump y puede tener efectos en la Argentina.
Los demócratas lograron la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado de Estados Unidos en las elecciones de medio término. Los republicanos pierden el control de ambas cámaras y Donald Trump afronta el tramo final de su mandato con un Congreso opositor.
Por qué ganaron los demócratas
El voto castigo estuvo ligado al descontento por la inflación y el encarecimiento de los combustibles, además del desgaste de la administración. Según el material al que accedió VIVE, el rechazo se sintió incluso en bastiones históricos republicanos como Texas, Kansas y Ohio.
Qué cambia para Trump
Sin mayoría legislativa, la Casa Blanca pierde margen para aprobar leyes clave, bajar impuestos a su medida o avanzar con sus prioridades. Además, los demócratas pueden abrir comisiones de investigación y fiscalizar los decretos y las decisiones del Ejecutivo.
El peso de la guerra y los combustibles
Las tensiones geopolíticas y la escalada bélica impactaron en el precio del petróleo y los combustibles, y eso incidió en la aprobación del gobierno. Con el nuevo escenario, se espera más presión parlamentaria para limitar acciones militares unilaterales y condicionar partidas presupuestarias bélicas, con foco en Medio Oriente y Europa.
El gobierno de Javier Milei apostó a un fuerte alineamiento con la administración Trump, con expectativas de flexibilización financiera, respaldo ante organismos como el FMI y cooperación en defensa. Con un Congreso demócrata más fuerte, ese respaldo político pierde fuerza. Sectores opositores en EE. UU. impulsan más control sobre rescates financieros y acuerdos bilaterales, como la No Argentina Bailout Act.
Los mercados locales reflejaron el nerviosismo, con subas en el riesgo país y presión sobre los activos financieros. A nivel global, se abre un período de incertidumbre en negociaciones comerciales, aranceles y financiamiento internacional, y las cancillerías deberán recalibrar sus estrategias frente a un Estados Unidos con el poder dividido.



