Cuando salgo de viaje, siempre me dejo algo. Hace algunos meses me olvidé de colocar en el neceser un medicamento que llevaba tomando todas las mañanas desde hacía varias décadas: un protector gástrico tan imprescindible en mi rutina diaria como el café con leche o el aseo matutinos. Fuera de España, China más concretamente, entré en pánico, pero resultó imposible encontrar la medicina, así que me resigné a sufrir los efectos de mi poca memoria. No pasó nada, ni un mal síntoma, ni una pequeña molestia, así que de regreso a casa decidí no retomar la ingesta diaria y hasta hoy.
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