En inglés se dice “to suck up to someone” (absorber a alguien), en francés “cirer les pompes” (literalmente, lustrar las botas), en italiano “lecccare i piedi” (lamerle los pies), en alemán, “jemandem in den hintern kriechen” (meterse en el culo de alguien) y en castellano “hacer la pelota”. Lo que está claro es que en todas partes hay individuos a los que les gusta que les hagan la rosca y otros dispuestos a adular lo que haga falta. Pero pocos necesitan tanto que les rindan pleitesía como Donald Trump, de quien The New York Times ha escrito que una de cada seis frases de sus colaboradores en la Casa Blanca son elogios y reconocimiento al presidente o críticas implacables a sus adversarios.
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