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Una de las bases de un puente y la entrada tapiada de un túnel son los únicos vestigios que restan del pequeño tren que recorrió Montjuïc durante la Exposición Internacional de 1929. Este ferrocarril de pequeñas dimensiones fue una las atracciones más exitosas del evento. Circulaba a lo largo de un amplio trayecto de algo más de dos kilómetros dentro del recinto en el que se desarrolló el acontecimiento. Además de estos dos restos, también se puede intuir parte del recorrido en algunos caminos que han quedado en la montaña.
El ferrocarril de la exposición era conocido como el Trenet. La base del puente, a la salida de un antiguo túnel, es visible en el Camí de la Foixarda, a pocos metros del puente sobre el que transcurre la avenida Montanyans. El tren cruzaba el puente tras salir del túnel, cuya boca se intuye todavía, aunque tapiada, muy cerca de las instalaciones de la hípica Tres pequeñas locomotoras cubrían el servicio. Se las bautizó como Montserrat, Núria y Barcelona. El Trenet iniciaba su recorrido delante del Palau Nacional. El trayecto era casi perimetral. En la Foixarda, donde se instaló un parque de atracciones, tenía una estación con un nudo de cuatro vías que permitía gestionar el tráfico del ferrocarril antes de continuar de nuevo hacia el hoy MNAC. Además de la estación, había dos apeaderos.

La base del puente pasa hoy casi desapercibida, aunque sobresale de la vegetación en este lugar, que prácticamente tapa la antigua salida del túnel. Se trata de una estructura de piedra que debía tener una similar al otro lado del Camí de la Foixarda. El Trenet fue fabricado por una empresa alemana de Leipzig. Las locomotoras también fueron de fabricación alemana, por una empresa de Múnich. El precio para subir al Trenet era caro para la época. Costaba 1,50 pesetas el recorrido entero. Realizar cada uno de los tres tramos por separado valía 50 céntimos. Los niños pagaban una peseta.
Cuatro locomotores idénticas a las de Barcelona se suministraron a la Exposición Iberoamericana de Sevilla, que se desarrolló al mismo tiempo que la Exposición Internacional, una coincidencia que se repitió 63 años después, cuando Barcelona acogió los Juegos Olímpicos y Sevilla la Expo.



