Malvinas, mucho más que una disputa territorial

Una vez más, las islas Malvinas volvieron a ocupar el centro de la escena geopolítica y mediática. En las últimas semanas, las declaraciones de Donald Trump y la cadena nacional de Javier Milei reavivaron el debate en torno al archipiélago y la importancia estratégica del Atlántico Sur.

Para analizar este escenario y sus implicancias, Hoy Día Córdoba dialogó con Micaela Kaplun, becaria doctoral del Conicet y candidata a doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, quien además se desempeña como docente de Política Exterior Argentina en la Universidad Católica de Córdoba.

Malvinas, mucho más que una disputa territorial
Micaela Kaplun, licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencia Política.

El punto de partida para comprender el actual debate sobre Malvinas es no pensarlo únicamente como un conflicto entre Argentina y el Reino Unido. Kaplun remarca que la disputa por la soberanía se mantiene vigente desde 1833 y ha sido sostenida como una política de Estado por gobiernos de distintas ideologías políticas. Incluso la guerra de 1982 no modificó el estatus jurídico del reclamo. Lo que sí se ha transformado, y permite entender por qué las islas vuelven a adquirir relevancia en la agenda internacional, es el escenario geopolítico en el que se inscribe la disputa. El Atlántico Sur ha cobrado una creciente importancia estratégica: la región es rica en recursos pesqueros, hidrocarburos y minerales, está atravesada por importantes rutas marítimas y estrechamente vinculada con la Antártida. Al mismo tiempo, se ha convertido en escenario de una creciente competencia entre grandes potencias.

En ese nuevo contexto geopolítico, la mirada de Estados Unidos sobre la región adquiere especial relevancia. Al respecto, la especialista afirma que Washington no “descubrió” recientemente el Atlántico Sur, sino que históricamente mantuvo intereses en el hemisferio occidental. Sin embargo, durante las últimas décadas, su atención estuvo fuertemente concentrada en otros escenarios geopolíticos.

“Hoy, con el ascenso de China y su creciente presencia económica, política y estratégica en América Latina, Washington vuelve a mirar con mayor atención su entorno regional, y ahí aparece el Atlántico Sur. Por eso Malvinas no puede pensarse aislada de ese proceso. Las islas son un punto dentro de un espacio marítimo mucho mayor”, sostiene. 

Acerca de las últimas declaraciones de Trump, Kaplun afirmó que hay que ser “cuidadosos” con su alcance. Si bien el mandatario estadounidense dijo que Estados Unidos está revisando su posición sobre Malvinas, eso no significa que el país haya cambiado ya su política. Según la analista internacional, históricamente Washington mantuvo una posición de neutralidad respecto de la soberanía de las islas. En 1982, intentó inicialmente no definir la cuestión de soberanía, aunque finalmente apoyó política y materialmente al Reino Unido durante el conflicto.

“Lo que tenemos hoy es una declaración política y una señal diplomática muy fuerte. No podemos descartar que Malvinas esté siendo utilizada también como una herramienta de presión sobre el Reino Unido en cuestiones más amplias, particularmente en materia de defensa y compromiso dentro de la Otan. Es decir, no necesariamente estamos frente a una decisión motivada exclusivamente por una nueva valoración estadounidense de la cuestión de soberanía”, destacó.

Si Washington efectivamente modificara su postura, Kaplun considera que Argentina obtendría un respaldo de un peso político y diplomático extraordinario. Si bien esto no significa que Estados Unidos pueda “resolver” la cuestión Malvinas, sí modificaría el escenario de negociación, ya que podría aumentar el costo diplomático para el Reino Unido de sostener una negativa absoluta a retomar las negociaciones y, al mismo tiempo, fortalecer la posición argentina frente a los organismos internacionales. Sin embargo, Kaplun advierte que “ese apoyo tendría que ser consistente y sostenido”, porque una política exterior se mide por lo que un Estado “sostiene en el tiempo”.

El giro estratégico de Milei

Tras las declaraciones de Trump, Milei realizó una cadena nacional el jueves pasado, con el eje puesto en la soberanía territorial, los recursos naturales y la capacidad del Estado argentino para protegerlos.

En este marco, Kaplun explicó que el mandatario argentino anunció tres grandes líneas de acción. Por un lado, medidas para “acelerar y endurecer” las sanciones contra empresas que participen, sin autorización argentina, en proyectos de explotación de recursos naturales en las islas. Por otro, un DNU destinado a ampliar los recursos del Ministerio de Defensa para construir una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y fortalecer las capacidades de telecomunicaciones. Y, finalmente, un proyecto de ley de defensa de la soberanía que contempla el endurecimiento de sanciones y la creación de un Consejo de Seguridad Nacional.

Respecto de los recursos naturales, la especialista señaló que el principio que sostiene Argentina no es nuevo: la Resolución 31/49 de Naciones Unidas, de 1976, ya instaba a las partes a abstenerse de adoptar decisiones unilaterales mientras la controversia estuviera pendiente. “Lo novedoso de la medida anunciada por Milei está en agilizar el mecanismo de sanciones y ampliar los actores alcanzados”, indicó.

En cuanto a la Base Naval Integrada y al Consejo de Seguridad Nacional, Kaplun sostuvo que tampoco se trata de ideas completamente nuevas. Lo relevante, remarcó, es su incorporación explícita a una estrategia de seguridad nacional y la búsqueda de una coordinación transversal entre distintas áreas del Estado.

“Me parece positivo que la cuestión Malvinas vuelva a estar acompañada de instrumentos concretos. El reclamo de soberanía necesita diplomacia, pero también necesita capacidades estatales. Fortalecer la defensa del Atlántico Sur no significa prepararse para una guerra. Significa tener capacidad de vigilancia, control marítimo, protección de recursos, infraestructura, comunicaciones y presencia efectiva. En el siglo XXI, la soberanía también se ejerce mediante capacidades”, subrayó Kaplun.

Más allá de las medidas anunciadas, la especialista analiza también la diferencia entre este discurso y las posiciones anteriores del Gobierno. Para ella, el cambio se refleja en el lugar que Malvinas ocupa ahora en el discurso y la política exterior de Milei.

“En 2024, Milei reivindicó públicamente su admiración por Margaret Thatcher y sostuvo que la visita de David Cameron a las islas no constituía una provocación. En 2025 incluso realizó declaraciones favorables a la idea de que los isleños pudieran eventualmente ‘elegir’ ser argentinos, una formulación que se acercaba mucho más al argumento británico de la autodeterminación que a la posición histórica argentina. Ahora vemos un discurso diferente: Milei volvió a afirmar de manera categórica que las Malvinas son argentinas, cuestionó explícitamente el argumento de la autodeterminación y planteó instrumentos económicos, diplomáticos, jurídicos y de defensa. Entonces sí: hay un ajuste”, consideró.

Kaplun también remarca que es necesario tener en cuenta el contexto internacional, ya que la declaración de Trump abrió una ventana de oportunidad política que Milei incorporó rápidamente a su discurso. Al mismo tiempo, la explotación de hidrocarburos en las islas le otorga a la cuestión una urgencia económica y estratégica que, quizás, no tenía la misma magnitud algunos años atrás. “El reclamo de soberanía no es nuevo, pero sí cambió la forma, la intensidad y los instrumentos con los que el Gobierno decidió impulsarlo”, señala.

Un mar en disputa

Como sostiene la especialista, la cuestión Malvinas no debe analizarse únicamente desde el conflicto por la soberanía. También es fundamental tener en cuenta la dimensión estratégica y económica del espacio marítimo en el que se ubican las islas, porque si hablamos solamente del territorio insular, estamos mirando una parte muy pequeña del problema.

“Las islas no son solamente un territorio de unos pocos miles de kilómetros cuadrados. Su ubicación permite proyectarse sobre un espacio marítimo enorme. Están cerca de importantes recursos pesqueros y energéticos, próximas a rutas marítimas y conectadas estratégicamente con el Atlántico Sur y la Antártida. Malvinas es mucho más que una disputa territorial, es una disputa de soberanía, pero también sobre los espacios marítimos, recursos naturales, capacidad de proyección y posicionamiento geopolítico. El mapa de Malvinas no termina en las islas”, sostiene la analista internacional.

Desde esta perspectiva, la especialista afirma que no es exagerado decir que quien tenga mayor capacidad de presencia, conocimiento, infraestructura y control sobre el Atlántico Sur tendrá mejores condiciones para defender sus intereses en las próximas décadas. “Los recursos estratégicos no están solamente en tierra firme. Cada vez más, los Estados miran hacia los espacios marítimos en busca de alimentos, energía, minerales y nuevas rutas, resalta.

Esta dimensión estratégica ayuda, además, a entender por qué la posición del Reino Unido frente a la soberanía de las islas continúa siendo tan firme.

El Reino Unido y una postura inquebrantable

En medio del renovado protagonismo de Malvinas en la agenda internacional, Londres reafirmó su compromiso “absoluto e inamovible” con el archipiélago y advirtió que sus fuerzas armadas “están en alerta las 24 horas”. Tanto el Ministerio de Defensa como la Cancillería y Downing Street rechazaron el planteo argentino, defendieron el principio de autodeterminación de los isleños y ratificaron su posición sobre las islas. 

Al respecto, Kaplun explicó que Argentina y el Reino Unido parten de interpretaciones diferentes sobre quién debe ser considerado sujeto del derecho de autodeterminación en el caso de Malvinas.

El Reino Unido sostiene que los habitantes actuales de las islas tienen derecho a decidir su futuro y utiliza como respaldo la Resolución 2065 de Naciones Unidas y el referéndum de 2013, en el que los isleños votaron mayoritariamente por mantener su vínculo con ese país.

Pero el punto central de la posición argentina es que los isleños no pueden ser considerados sujetos de un derecho de autodeterminación que determine la soberanía del territorio. El argumento se basa en un antecedente histórico fundamental: en 1833, cuando el Reino Unido ocupó las islas, expulsó a las autoridades y a la población argentina que se encontraba allí. A partir de entonces, se produjo un proceso de poblamiento bajo administración británica. Por eso, Argentina sostiene que la población actual se conformó posteriormente, por lo que no puede utilizarse su voluntad actual para definir la soberanía de un territorio cuya población y autoridad fueron desplazadas hace 193 años.

La distancia entre ambas posiciones plantea un interrogante clave en el debate: ¿existe alguna posibilidad real de que el Reino Unido acepte discutir la soberanía de las islas?

Para Kaplun, no es algo imposible, pero aclara que una eventual negociación no ocurriría como un cambio de opinión de un día para otro, sino como consecuencia de una modificación en la estructura de incentivos, algo que Argentina puede promover desde diferentes ámbitos.

Un nuevo escenario para el reclamo argentino

Más de cuatro décadas después de la guerra de Malvinas, Kaplun sostiene que la disputa atraviesa un momento de mayor visibilidad y de reconfiguración del escenario internacional. La competencia entre Estados Unidos y China, el interés por los recursos estratégicos, la creciente relevancia geopolítica del Atlántico Sur y la cuestión antártica abren una ventana de oportunidad para Argentina. Sin embargo, advierte que todavía es pronto para determinar si este nuevo contexto podrá traducirse en un cambio estructural.

Para que esta oportunidad se convierta en una nueva etapa, la especialista considera que Argentina tendría que ser capaz de sostener el reclamo como política de Estado, fortalecer su presencia en el Atlántico Sur, proteger sus recursos, construir alianzas internacionales y, sobre todo, mantener una estrategia diplomática consistente.

“Malvinas no se va a resolver por una declaración de Trump, ni por una cadena nacional. La cuestión va a cambiar cuando cambien las condiciones que hacen posible el statu quo. Y ahí está, para mí, la discusión verdaderamente importante: qué hace Argentina hoy para llegar mejor posicionada a ese momento”, expresó.

Pero ese desafío no se limita al plano diplomático y geopolítico. La dimensión estratégica de Malvinas convive con otra, profundamente sensible y arraigada en la sociedad: su capacidad para movilizar la identidad nacional y la memoria colectiva. Así quedó reflejado durante el Mundial 2026, cuando la reivindicación de Malvinas apareció en una bandera tras la victoria de la selección argentina frente a Inglaterra. 

En este sentido, Kaplun sostiene que el desafío para Argentina es transformar esa memoria y ese sentimiento en una política de Estado de largo plazo. “El sentimiento tiene que traducirse en políticas públicas”, concluyó.

Redacción

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