Miles Davis, el músico que cambió el jazz para siempre y el hombre que sufrió adicciones a las drogas, violencia policial y cárcel

El 26 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento del trompetista Miles Davis (1926-1991), un artista absolutamente innovador que lideró la escena del jazz durante más de treinta años. Una vida marcada por contrastes entre un lado luminoso en lo artístico y otro, oscuro y autodestructivo.

Miles Davis hizo una revolución silenciosa desde finales de los años ’40 hasta los ’80. Fue el músico más popular del jazz durante esos años quitándole ese lugar al mismísimo Louis Armstrong, el Padre del Jazz. Una gran parte de las nuevas audiencias llegaron a través de la música de Miles a la que siempre intentó darle una impronta contemporánea.

Su influencia fue clave dentro del género; aportó incluso un nuevo sonido desde la trompeta, emblemático instrumento del jazz. Tenía un carácter introspectivo, pero una facilidad emocional que le permitía expresarse con una intensidad serena y vigorosa. Tanto su sonido como sus solos se entrelazan en un mensaje que mantenía una sensación de soledad cuando no de desasosiego.

Su estilo era económico, directo, limpio con un uso elocuente de los silencios y sin vibrato, verdadero sello que mantuvo durante toda su carrera.

Insolente, contestatario y polemista, afirmaba en los años setenta que antes de ponerse traje y corbata y tocar My Funny Valentine prefería matarse.

Esa necesidad de ir hacia adelante, sin denostar el pasado, aunque tampoco traerlo todo el tiempo al presente, le permitió recorrer diferentes estilos. Llegó a la escena de Nueva York para hacer bebop, que sonaba en cada uno de los clubes de la famosa Calle 52; se saturó del frenesí del bop y lanzó uno de los discos esenciales del jazz, Birth Of The Cool (1949), que le puso fecha al nacimiento del cool jazz.

Lo criticaron por sonar muy blanco, muy intelectual y se lanzó al hard bop, rítmicamente intenso y asociado al blues. Exploró el jazz modal del que salió esa joya que es Kind of Blue (1959), el disco de jazz más escuchado y más vendido en la historia.

Entró en los años ’60 con un quinteto excepcional, como el que tuvo en los ’50, pero el rock dominaba toda la escena musical y entonces dio el paso más audaz posible, llevó la electricidad al jazz y lanzó el jazz fusión con dos trabajos geniales como In A Silent Way (1969) y Bitches Brew (1970). Discos ineludibles para cualquier amante del jazz y que no representan una continuidad lineal sino enfoques conceptuales diferentes. Ese era su genio, arriesgar y acertar.

Sin embargo, hay otros trabajos de los más de 60 discos de estudio y 39, en vivo que lanzó Miles a lo largo de sus 46 años de carrera muy recomendables como la serie Cookin’, Relaxin’, Workin’ y Steamin’, grabados en 1956, Milestones (1958), Nefertiti (1968), Tutu (1986) y Doo Bop (1992), por ejemplo.

Miles Davis cambió el uso de la trompeta en el jazz para siempre.

Un tipo duro

A pesar de venir de un hogar sin problemas económicos (su padre era un prestigioso odontólogo con un pasar muy acomodado), Davis era un tipo duro, desafiante y no se dejaba amedrentar. Como cuando se trabó, en agosto de 1959, en una discusión con un policía blanco en la puerta del club de jazz Birdland -Davis había salido a fumar y el policía quería obligarlo a circular y no lo dejaba volver entrar a tocar, a pesar de haberse identificado- y terminó con un golpe en la cabeza que le causó un profundo corte en la cabeza y finalmente, esposado y sangrando fue conducido a una comisaría.

Otra historia. En octubre de 1969, en Brooklyn, un automóvil con tres negros se detuvo al lado de su Ferrari y le disparó cinco tiros que, gracias a la robustez del vehículo, sólo lo hirieron en la cintura. Puso una recompensa de 5000 dólares para hallar a sus atacantes y “semanas después se me acercó una persona en un bar y me contó que el atacante fue asesinado por alguien al que no le gustó lo que había hecho”, cuenta Davis en su autobiografía, publicada en 1989.

Drogas y mujeres

Un joven Miles Davis. Descolló en cada orquesta que tocó. Luego comenzó a armar sus propias agrupaciones.

El jazz, desde su nacimiento en los años’20, estuvo muy influido por el consumo de drogas que daban, no sabemos por qué, un cierto prestigio a los músicos y Davis no fue la excepción. Conoció la heroína mientras estaba en la orquesta del cantante Billy Eckstine, en 1947 aunque sólo dos años después comenzó una verdadera carrera adictiva con esa droga de la que recién se iba a poder desenganchar en 1954. «Circulaba por entonces la idea de que usar heroína podía hacerte tocar tan bien como ‘Bird’”, contaba Davis y luego, en los ’60, cayó en las garras de la cocaína, adicción que arrastró durante casi dos décadas.

Un aspecto importante en la vida de Davis fueron las mujeres; se casó tres veces y tuvo varias parejas. Su primera relación fue con Irene Birth, con quien estuvo entre 1942 y 1951 y tuvo tres hijos: Cheryl (1944), Gregory (1946) y Miles Davis IV (1950). Se conocieron en Saint Louis y terminaron viviendo en Nueva York. Se separaron debido a los problemas graves que tenía Miles con la heroína.

A finales de la década del ’40, durante su viaje a París conoció a la actriz Juliette Gréco, con quien tuvo una relación casi platónica porque no pasaron de abrazos, besos y mensajes de amor. Ella le confesó al comienzo de este vínculo que no le gustaban los hombres y que él era una excepción.

Su primer matrimonio fue con la bailarina y actriz Frances Taylor, que trabajó en obras como West Side Story, Porgy and Bess y Mr, Wonderful, pero dejó su trabajo para casarse con el trompetista. Su siguiente esposa fue Betty Davis, con la que se casó en 1968, un vínculo que duró apenas un año, ya que se divorciaron cuando el trompetista se enteró de que Betty tenía un romance con Jimi Hendrix.

Tras separarse de Betty, conoció a Marguerite Eskridge con quien tuvo su cuarto hijo, Erin. Su tercer matrimonio fue con la actriz Cicely Tyson duró siete años, entre 1981 y 1988, una época dura por la adicción de Davis y en la que hubo violencia permanente de parte del músico. Su última pareja fue Jo Gelbard, su profesora de pintura y con quien estuvo hasta su muerte. Otra relación no exenta de violencia. Cuando a Davis lo desconectaron en el hospital de Santa Mónica, estaba de la mano de su profesora.

Miles Davis estuvo en la cárcel y tuvo que hacer rehabilitación por sus problemas con las drogas.

Sus primeros años

Miles Dewey Davis III nació el 26 de mayo de 1926, en Alton, Illinois, hijo de Miles II, cirujano dental y de Cleota Mae Henry Davis. Su primer instrumento fue el violín y se pasó a la trompeta, a los trece años y comenzó a tomar clases con el trompetista Elwood Buchanan, una influencia fundamental en la vida musical de Davis; lo instó a desarrollar un tono claro, un registro medio y lo convenció de evitar el vibrato, un lugar común por aquellos años de los trompetistas de Big Band. “Ya cuando seas viejo y tiembles el vibrato te saldrá solo”.

Hacia 1944, Davis ya tenía cierta reputación en los clubes de jazz de Saint Louis y fue ese año en que la orquesta de Billy Eckstine llegó a la ciudad para tocar en el Plantation con Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Sarah Vaughan y Art Blakey.

“Ver por primera vez a Diz y Bird fue la sensación más fuerte que experimenté en mi vida con la ropa puesta”, confesó Davis en su autobiografía. Desde ese momento, su destino estuvo ligado a Parker y a Nueva York. El músico lo atrajo por su genialidad, la ciudad, por ser la capital del jazz moderno.

Desde el momento en que Davis llegó a Nueva York, en 1944, con 19 años, comenzó una verdadera carrera artística. Fue parte del quinteto de Parker y hasta se convirtió en poco tiempo en el productor artístico de Bird. Mientras tanto, participaba de las jams del club Minton’s, con dos músicos que se convirtieron en sus grandes amigos, Fats Navarro y Freddy Webster.

Miles Davis, en 1991. En Francia lo llamaron

A mediados de los años ’50, luego de desengancharse de la adicción a la heroína. logró formar un quinteto extraordinario por su creatividad individual, talento y un swing. John Coltrane en saxo tenor, Red Garland en piano, Paul Chambers en contrabajo, Philly Joe Jones en batería y Davis en trompeta y dirección. Con Coltrane logró una sociedad fantástica; mientras que los solos del saxofonista transmitían una urgencia incansable, Davis lograba llevar la música a un estado de síntesis perfecta.

Hacia fines de los años ’50, Davis contrató al saxo alto Cannonbal Adderley y lanzó en sexteto Milestones (1958), una verdadera obra maestra, un disco de una energía avasallante que dejaba atrás esa pudorosa pulcritud de la trompeta de Davis.

Reemplazó a Garland por un jovencísimo Bill Evans y a Jones por Jimmy Cobb y mantuvo a Coltrane, Chambers y Adderley y grabó Kind Of Blue, un disco de jazz modal, opuesto por completo al anterior trabajo y que transformó toda esa energía en un “fuego tranquilo”, según el propio trompetista.

No hubo ensayos ni partituras, salvo algunas indicaciones en papel, bosquejos de cada tema y la idea de tocar menos. Cuando terminó la grabación, Adderley le preguntó a Davis: “¿Y esto es todo?”.

Los vertiginosos años ’60

Entra en los años ’60 disfrutando de una bien ganada fama, pero nuevamente con problemas de drogas. Esta vez la cocaína, que aun así le permitió reunir a un quinteto excepcional con Wayne Shorter en saxo tenor, Herbie Hancock en piano, Ron Carter en contrabajo y el maravilloso Tony Williams en batería, un joven virtuoso, de 17 años, que una noche al terminar un concierto le dijo a Davis: “Miles, ¿por qué no practicas?” .

“Tenia razón Tony, yo me saltaba notas tratando de no quedar atrás y, efectivamente, había dejado de practicar”, admitía Davis que se puso a trabajar fuerte para estar dentro de ese clima que generaban sus jóvenes músicos.

Este resurgir estuvo limitado por sus problemas de salud. En 1965 le reemplazaron la cadera con un hueso extraído de la tibia, pero falló el trasplante y debieron ponerle una prótesis de plástico. Al año siguiente una fuerte infección hepática lo tuvo tres meses internado.

Sus ventas cayeron, en medio de una escena musical tomada por el rock y Davis da el paso más pragmático de su vida artística y lleva al jazz no solo a la electricidad sino al rock y lanza In A Silent Way, que tenía a Shorter, Hanckock y Williams, Joe Zawinul, Chick Corea y John McLaughlin. La revista Billboard lo eligió como uno de los mejores discos del año.

Miles Davis murió a los 65 años, luego de toda una vida dedicada al jazz. Foto: AP

Le siguió Bitches Brew, otra obra maestra ya de la música creativa de fusión (en ese momento el término jazz no tenía mucho asidero para Davis), que lo posiciona dentro de la escena del rock con conciertos en el Fillmore East y hasta en el festival de la Isla de Wight, donde actúa para medio millón de personas y arregla con Jimi Hendrix para hacer algo juntos, que no llegó a producirse por la muerte del guitarrista.

Entre 1975 y 1980 desaparece del radar musical; cárcel por no pagar alimentos, drogas y mujeres que lo llevaron hacia una decadencia de la que logró salir a medias con secuelas muy importantes. Se le suma un derrame cerebral, en 1982, que le quita movilidad a su brazo derecho.

Su vida artística entra en un impasse; en 1991, Francia lo condecoró con la orden del “Caballero de la Legión de Honor”, mención que se la entrega el Ministro de Cultura, Jack Lang, quien lo define a Davis como el “Picasso del Jazz”.

Venía teniendo problemas de salud cada vez más graves y seguidos. A su regreso de Francia viaja a California. Su último concierto fue el 25 de agosto de 1991, en el Hollywood Bowl. Tocó con fuertes dolores de cadera y una neumonía persistente.

Ya internado, sufre otra hemorragia cerebral seguida de un coma agravado por una neumonía. Murió el 28 de septiembre de 1991, en Santa Mónica, California. Desde algunos meses atrás estaba medicado con AZT. Tenía 65 años.

Fue enterrado en el cementerio de Woodlawn, en el Bronx de Nueva York, muy cerca de la tumba de Duke Ellington.

Redacción

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