Después de varios años alejado de los sets de grabación, Brian Buley atraviesa un momento especial. El actor que conquistó al público con su participación en El Marginal acaba de regresar a la pantalla grande con Sin Ley, una película de acción que tuvo un estreno a sala llena y que ya proyecta una segunda parte en Roma. Entusiasmado por esta nueva etapa, también adelanta otros proyectos junto al productor Tony Rodríguez y figuras como Gastón Pauls, en lo que define como una nueva oportunidad para volver a hacer lo que más ama: actuar.
Sin embargo, detrás de la alegría por este presente profesional también aparece una realidad mucho más compleja. En una entrevista íntima con GENTE, habla de los años que pasó sin conseguir trabajo tras el final de la serie producida por Sebastián Ortega, de los rebusques que encontró para sostenerse económicamente, de la importancia que tuvieron los Ortega en su carrera y de la necesidad urgente de que la industria audiovisual argentina vuelva a generar oportunidades.
«Quiero trabajar», resume con honestidad. Entre recuerdos, agradecimientos y reclamos, el actor hace un repaso por su historia y reflexiona sobre los desafíos de vivir del arte en la Argentina actual. «Necesito generar ingresos para vivir el día a día y poder llegar a fin de mes. No es que esté desesperado, pero es la necesidad actual. El trabajo ayuda al bienestar económico y emocional», agrega.

Pero, más allá de este ítem particular, hay que decir que es un momento de celebración tras el reciente estreno cinematográfico: «La verdad es que estoy muy contento y feliz por sobre todas las cosas. El primer día de estreno tuvimos sala llena. Fue tremendo haber explotado la sala en lo que es el cine argentino, en el cual se extraña muchísimo la producción local. Haber trabajado con la productora Delta Films de Tony Rodríguez fue increíble; él tiene una mente muy productiva. No terminamos de vivir todo lo que significa este estreno Sin Ley y ya estamos planeando la segunda parte que se grabará en Roma», cuenta.
Y agrega entusiasmado: «Ya te puedo adelantar un poquito… va a haber una escena romántica en Roma. Tony Rodríguez es un gran productor, alguien que piensa mucho. También, de su mano, estamos proyectando algo con Gastón Pauls que se va a llamar Fernet al palo. Haber hecho algo tan lindo para la gente es gratificante. La devolución del público no es puro amor por la calidad del material. No se notó que se hizo a pulmón o con bajo presupuesto, sino que se percibió el profesionalismo a nivel cinematográfico».

«Volver a actuar es algo que me gusta muchísimo. Haber parado tanto tiempo me bajoneó un poco, pero Tony Rodríguez me impulsó diciéndome que soy un actor de la hostia y que debíamos proyectar. Durante las cinco temporadas que estuve en El Marginal, aprendí de todo: desde cómo se tira un cable o cómo se maquilla, hasta cómo preparan a los dobles de riesgo, las armas de fogueo y los efectos de sangre. En mis ratos libres para comer, me ponía a observar el trabajo de producción, de los técnicos, del director y del productor. Yo copio y pego lo que veo. Además, hice tres meses de método de actuación en SAGAI, lo que me sirve para aconsejar a otros. El teatro, el cine y la televisión me cambiaron la vida», revela.
-Me acuerdo que habías sido crítico con En el barro porque para vos faltaba más policial, pero acá sí lo hay. Contame sobre tu personaje y de qué trata la película.
-Mi personaje se llama Tucán y es un ex policía que investiga un secuestro. En Sin Ley hay de todo: explosiones, avionetas y mucha acción. Como te decía, se nota el profesionalismo. La gente salió muy conforme con la actuación de todo el elenco. Yo siempre trato de aportar mi granito de arena y la gente me dice que le gusta mucho mi papel. Algunos me dicen: «Brai, te comiste la película». Jamás me imaginé llegar a ser un actor así; actué con grandes figuras que me enseñaron muchísimo.

–Mencionaste que aprendiste mucho de tus compañeros. ¿Quién te dejó la mejor enseñanza?
-Todos. Roly Serrano, Claudio Rissi, Gerardo Romano, Martina Gusmán, Juan Minujín. Juancho es mi hermano, un amigo íntimo que siempre me pregunta cómo estoy y cómo está mi familia. Con él hice un trato muy lindo, al igual que con Abel Ayala y toda la «Sub 21». Pero con quien más hablo hoy en día es con Juan Minujín.
–¿Cómo nació ese vínculo tan fuerte con él?
-Mi participación en la serie era solo por un capítulo. Juan, que es director y escritor -además de actor-, preguntó por mí y dijo: «Quiero ver lo que está haciendo Brian». Como le gustó, propuso que me quedara toda la temporada. Él apostó por mí. El Martín Fierro de Unitario me lo regaló Sebastián Ortega y lo tengo yo.
–Te llevaste un gran amigo en un medio donde a veces hay mucha competencia.
-Sí, especialmente él. Con Luis también hablaba mucho; él bromeaba con que yo era el ahijado de su hijo. Generé un vínculo muy lindo con toda la familia.

¿Cuánto tiempo estuviste sin trabajo?
-La pandemia me partió al medio. Después de la serie no tuve más trabajo actoral. Armé una banda de cumbia, pero no tuve suerte: tocamos en muy pocos lugares y después nos separamos porque cada músico tenía sus ocupaciones.
–¿Y cómo te arreglaste económicamente durante ese tiempo?
-Empecé a ahorrar. Soy pensionado y cobro todos los meses, pero a veces no se llega a fin de mes. Voy sobreviviendo, juntando de a poco. También vendo electrodomésticos por WhatsApp: máquinas de cortar pelo, planchitas, estufas, cosas de uso doméstico. Pero nunca bajo los brazos, siempre miro hacia adelante. Como dice la palabra de Dios sobre el trasmallo: el Señor siempre me tuvo en cuenta y nunca me dejó decaer. Agradezco día a día tener un plato de comida.
-¿Cómo es tu día a día hoy, más allá de estos proyectos?
-No tengo un trabajo fijo. Voy sustentándome día a día con lo que salga, quizás una publicidad en Instagram o trabajos para plataformas online, pero no mucho más. A mí me gusta trabajar y no se me caen los anillos por tener que barrer una casa. Pero mi deseo es actuar, aunque hoy solo tengo la pensión.
–Lamentablemente la pensión es poco dinero hoy en día.
-Y sí. Te soy sincero, la gente piensa que por ser un actor de Netflix uno es multimillonario, pero no es así. Soy un laburador igual que todos. Una jubilación mínima o una pensión no alcanzan para las compras del mes; se gasta todo enseguida.

–Más allá de esos rebusques, ¿te pesaba el hecho de no poder lograr estar nuevamente en una ficción o en el teatro?
-Siempre lo deseaba. Miraba el teléfono a cada rato esperando que alguien me llamara para un elenco. Pero ese llamado no llegaba. Yo no soy agrandado como dicen algunos; soy un laburador igual que todos y me costó muchísimo llegar a donde llegué. A veces no tengo ánimos, pero me debo al público porque soy alguien gracias a ellos. Estuve nominado a los premios Martín Fierro y me senté en la mesa de Mirtha Legrand. Mi faceta es la actuación y trabajar de esto es lo que más me fascina porque es donde me destaco. Puedo hacer cualquier papel porque estudié y aprendí de los mejores.
–¿Te llevaste desilusiones al buscar trabajo y que no te abrieran las puertas o no te contestaran los mensajes?
-Sí. Es doloroso porque uno se desespera por buscar trabajo y hoy las cosas no están fáciles. Necesito ayuda económica y me gustaría que el gobierno o quien vea estas notas se despierte. Hay que fijarse más en la necesidad de la gente.
–¿Qué sentís que debería cambiar para que haya más oportunidades para los actores?
-Tendrían que dejar de poner tantas novelas turcas y dar más trabajo local. Hay mucha necesidad y talento argentino, basta caminar por la avenida Corrientes para verlo. Mi consejo es que dejen de pasar El Chavo o Los Simpson todos los fines de semana y pongan cine argentino. Tienen que volver los sets de grabación a las calles como antes. Hay que defender nuestra bandera y nuestro arte; no todo pasa por lo que se tra ede afuera.
–¿Qué conversaciones tuviste últimamente con los Ortega, que siempre te dieron oportunidades?
-Me saco el sombrero ante la familia Ortega: Sebastián, Luis, Rosario, Evangelina. Ellos me vieron en la ruina y apostaron por mí. El primero fue Luis en Fanny la fan, quien vio algo en mí y estoy muy agradecido. Después pasé a trabajar con Sebastián en El marginal. Luis confiaba en que yo la iba a romper y yo confié en ellos. Me vieron brillar y pisar la alfombra roja.

–Haciendo un balance de tu camino, desde la mesa de Mirtha hasta los premios, ¿qué sentís?
-Solo puedo decirte que me costó mucho y no fue fácil. Pero así como los Ortega, hoy Tony Rodríguez y la productora Delta Films confiaron en mí. No vamos a hacer un solo proyecto, sino dos: Fernet al palo con Gastón Pauls y Sin Ley 2 en Roma.
–¿Te arrepentís de algo en tu vida?
-No me arrepiento de nada. Vivo el día a día y no vuelvo al pasado. Si tuviera que volver a algo, sería a jugar a la pelota con una botellita de agua frente a la tele cuando no tenía una pelota de verdad.
–Hace poco publicaste un posteo despidiendo a tu hermano que murió hace unas semanas a los 29 años. ¿Cómo estás con eso?
-Lo amo, nada más. Sólo quiero decir que lo amo y no quiero hablar más del tema.

