Gianni Infantino pensó que podía emular con el deporte rey lo que Trump hace con la política de su país. Tras convertirse en el títere del mandatario americano en los últimos meses, su último desatino puede convertirse en su tumba (con una reelección en el horizonte). Su evolución institucional es digna de estudio: llegó a la FIFA con apariencia de secretario general diligente y ha acabado convertido en una mezcla de cortesano y agente comercial a las órdenes del poder y el dinero.
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