«La tanatopraxia es una profesión profundamente humana que exige, ante todo, empatía y vocación«. Así define la gerente de la funeraria La Palomica de Zaragoza, Noemí Bragado, uno de los procesos más singulares y desconocidos del sector de la muerte. «Aunque algunos familiares prefieren encargarse ellos mismos de ciertos aspectos, la mayoría delega en los profesionales la delicada tarea de preparar, vestir y acondicionar al difunto», indica. Esta labor de preparación incluye tareas esenciales como el maquillaje y el taponado, trabajos que habitualmente se realizan en una sala especializada, aunque en ocasiones también se puede acudir al domicilio.
«Para desempeñar este oficio, el primer requisito indispensable es la sensibilidad», matiza, sobre todo porque el profesional está «muy cerca del dolor de la familia». Hace falta escuchar y ser comprensivo. «Con cada servicio se comparte un fragmento de la historia de la persona fallecida a través de los relatos de sus seres queridos», indica Bragado, que tiene más de diez años de experiencia. Las familias suelen valorar enormemente el resultado final, buscando siempre que el aspecto del difunto sea natural y refleje fielmente cómo era en vida. «En una ocasión me pidieron que arreglara uno de los cuerpos con un palillo en la boca, pues así es algo que el difunto llevaba siempre», recuerda. En otras ocasiones han dejado fotografías o paquetes de tabaco dentro de la caja.
En el plano técnico, el trabajo diario requiere tanto de productos convencionales como de materiales específicos del ámbito funerario, como el hilo especial para la sutura o el algodón de gran formato para el taponado. «La complejidad de cada intervención cambia según las circunstancias del fallecimiento», señala. Algunas preparaciones complejas pueden requerir de hasta cuarenta minutos de minuciosa labor.
«Esta es una profesión vocacional, al igual que los bomberos o los miembros de las fuerzas de seguridad», dice Bragado al indicar que los tanatopractores desarrollan mecanismos similares para separar su vida personal del impacto de su labor diaria, evitando que el dolor ajeno afecte a su bienestar mental.
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