Un debut mentiroso. De todas formas, no deja de ser una bandera nueva en los libros de la Copa del Mundo. Con un legado que parece una montaña rusa, guerras civiles, una de las dictaduras más violentas de la historia y un régimen cleptócrata. Cambios de nombre y colores. Una de las sociedades más pobres y, a la vez, una de las tierras más ricas del planeta. Levantada en el área subsahariana de África con fundamentos en la globalización de la agricultura y la metalurgia. En el último capítulo bonus track de Nuevas Raíces: la República Democrática del Congo. El país africano se presentará por primera vez en un Mundial con esta nomenclatura, luego de su participación como Zaire hace 50 años.
Desde el núcleo africano y con clima tropical, entre el río y el paisaje selvático, es el segundo territorio más grande del continente por detrás de Argelia y, con más de dos millones de kilómetros cuadrados, el undécimo en la tabla mundial. La expansión bantú del siglo XV lo hizo crecer alrededor del comercio del hierro y los minerales, pero los conflictos en el tiempo lo fueron estancando. Cuatro siglos después, fue ocupado por Bélgica y diferenciada como Congo Belga de su vecino del oeste, en manos francesas.
Para 1960 firmó su independencia como República del Congo. Sin embargo, aquel gobierno de facto de Mobutu Sese Seko le cambió su bandera y su denominación a Zaire en 1971. Sobre el final del siglo, luego de la Primera Guerra del Congo, cortó con ese mal y volvió a ser una República Democrática. Pero lejos estuvo de distanciarse de los problemas internos. Una nueva guerra civil por poder y recursos dejó un saldo de más de cuatro millones de muertos, de la que aún sobreviven las secuelas y cicatrices que todavía intentan sanar en su tierra roja. Y el cuestionamiento natural es: ¿Cómo llegó a la Copa del Mundo?



Entre la sangre y la herencia
Tras su independencia, se afilió a la FIFA en 1963. Una selección que, a nivel continental, fue competitiva fuertemente desde sus inicios. Por su gran territorio siempre tuvo una cantidad de habitantes considerable y, como de costumbre en África, con el fútbol en la sangre desde el nacimiento. La sencillez para su práctica hace que con una pelota armada hasta con medias y un arco hecho de piedras, se imponga como el deporte predilecto para pasar el tiempo. Y entre millones y millones, juntar veinte que lo hagan bien para representar al país, no fue difícil.
Así, para 1968, ya consiguieron colgarse su primer título en la Copa Africana. Con ese gran impulso, entró a la década del 70 como una de las selecciones a seguir de cerca en su región. De hecho, a pesar del régimen mencionado anteriormente, bajo el nombre de Zaire volvió a coronarse en el certamen continental en 1974. Ese mismo año consiguió clasificar al Mundial de Alemania y realizó su estreno histórico.
Allí se despidió perdiendo los tres partidos de la fase de grupos y sin convertir goles. Incluso, aún vive la teoría de que llegaron a jugar el último partido amenazados de muerte por su propio presidente en caso de perder por más de tres goles ante Brasil. Resultado final: 3-0 para la Verdeamarela. Aquella Selección, por decisión e indicación de Mobutu, solo estaba integrada por jugadores y cuerpo técnico del fútbol local.



Un nuevo comienzo
Desde ese entonces, la caída no tuvo fin. Las malas participaciones con pobres rendimientos se fueron haciendo moneda corriente. Pero el foco del problema estaba en otro lado. Guerras, brotes de ébola, abandono de inversión, infraestructura obsoleta, suspensiones. El desierto parecía ser cada vez más grande y el fútbol quedó del otro lado. Aunque la pelota, de vez en cuando, oficia de oasis en el Sahara.
En 2021 un nuevo proyecto le dio una identidad para soñar. Hector Cúper llegó al mando del combinado nacional con el objetivo de un proceso ambicioso a corto plazo, pero no pudo conseguir la clasificación para Qatar 2022 y abandonó el cargo. Pero sobre sus mismos lineamientos y con más tiempo para trabajar, Sébastien Desabre fue quien puso la firma para ser la cabeza del ciclo para el Mundial de este 2026. El entrenador francés ya contaba con una amplia experiencia en clubes de África -salió campeón en Costa de Marfil, Camerún, Túnez y Angola-, además de dirigir al seleccionado de Uganda.
Acá es donde, una vez más, aparece la famosa diáspora. Claro que en menor medida que en el caso de Cabo Verde o Curazao. Pero diáspora al fin y al cabo. Manos a la obra para el armado de la nómina se fueron percatando del gran potencial que podían explotar en Bélgica y Francia, gracias a la gran ascendencia congoleña de muchos futbolistas. Así, con la experiencia y los fundamentos europeos, más la sangre y los sueños africanos, alcanzaron su mayor logro contemporáneo.
Segunda primera vez
En las Eliminatorias CAF se quedaron con el segundo lugar en el Grupo B. Allí compartieron zona junto a Senegal, amplia favorita que se quedó con el boleto directo del primer puesto. A pesar de la distancia en calidad de plantel, Congo se quedó solamente a dos puntos y la definición se dio en la última jornada. De todas formas, la gran campaña de siete victorias, un empate y dos derrotas, le alcanzó para ganarse el lugar en los playoffs como uno de los mejores segundos.
En la segunda ronda tuvo que sacar a relucir su mejor versión para quedarse con el pasaje al repechaje de la FIFA. En las semifinales debió pasar por encima de Camerún, a quien venció por la mínima sobre la hora con gol de su capitán Chancel Mbemba. Luego, en el partido decisivo, se midió con otra potencia: Nigeria. Tras empatar 1-1 fueron a los penales y la figura de Timothy Fayulu se enalteció en el arco atajando dos remates, para que Mbemba vuelva a festejar con el tiro definitivo.
Dentro de la repesca internacional esperó en la final de la Llave A por ser la mejor rankeada. Después de superar a Nueva Caledonia en las semifinales, Jamaica se ganó el derecho a la final. Pero ahí no pudo con el hambre de gloria congoleña. En un encuentro sumamente tenso e igualado, Los Leopardos se quedaron con su merecida clasificación al Mundial de este 2026 gracias al gol de Axel Tuanzebe en el alargue.


¿Qué veremos del Congo?
En la cita máxima estará integrando el Grupo K, donde enfrentará a Portugal el miércoles 17 de junio en Houston, a Colombia el martes 23 en Guadalajara y a Uzbekistán el domingo 27 en Atlanta. Ahora, para los despistados, no crean que está condenada al cuarto puesto, porque se pueden llevar una grata sorpresa. Como buena selección africana, la característica fuerte de este equipo está en el apartado físico y en no bajar nunca los brazos.
Por lo general, en el parado táctico inicial intenta mantener un orden en defensa ganando muchos duelos individuales y haciendo uso del buen promedio en altura. Asimismo, la velocidad para los contraataques es indispensable, aprovechando sus laterales y extremos con salidas rápidas. Con la pelota se ve su cara más débil, ya que aún se muestra inmadura ante rivales que le entregan la posesión y contra los que debe tomar la iniciativa.
Entre sus figuras a nivel mundial se pueden encontrar a Yoane Wissa, delantero del Newcastle en la Premier League y nacido al sur de París; Cédric Bakambu, su máximo goleador histórico con 21 goles en 66 partidos, actualmente en Betis y con pasos en las juveniles del seleccionado francés; Aaron Wan-Bissaka y Tuanzebe, ambos defensores exManchester United y con largo recorrido en el fútbol inglés; y a Mbemba, jugador con más presencias (106), referente y capitán, con experiencia en Inglaterra y Francia.
Dentro de la diáspora que pudo haber aprovechado el Congo tiempo atrás, se encuentran grandes figuras mundiales como Romelu Lukaku, Kolo Muani, Christopher Nkunku, Youri Tielemans, Presnel Kimpembe y Steve Mandanda, entre muchos otros que hoy visten o vistieron en algún momento la camiseta de Francia o Bélgica.
Entre la pelea de poderes y la riqueza silenciosa que duerme bajo el suelo. Desde el dolor de la guerra, hasta el sueño fáctico mundial. Cuando el río suena, agua lleva. Donde alguna vez hubo silencio, hoy corre una pelota de oportunidades. Detrás de la selva, el desierto. Detrás del desierto, la posibilidad de dejar atrás las cicatrices. A partir de junio, el Congo podrá volver a empezar y reescribir una nueva historia.






