Hace dos semanas que el propietario de la histórica floristería Soriano de la avenida Gaudí recibió la última oferta para marcharse y dejar paso a otra tienda atestada de souvenirs. Sus gladíolos disfrutan de una vistas privilegiadas del templo de la Sagrada Família. “Y esta vez sí que era una buena oferta –reconoce el propio Xavier Soriano–. La verdad es que ya llevo unos cuantos años aguantando por mi padre y por mi abuelo, porque mi padre y mi abuelo dedicaron su vida a esta floristería, porque mi familia está aquí desde 1940. Pero hace ya mucho tiempo que me gano la vida con otros negocios, que aquí tiene muy poco sentido vender flores, que en esta avenida todo son problemas… Yo la habría aceptado, esta oferta, lo reconozco, y que se pongan a vender souvenirs, pero…”.
La asociación de comerciantes Gaudí Shopping denuncia que, pese a las restricciones municipales, las tiendas atestadas de bragas que ilustran los gustos sexuales de quienes las llevan, de figuras de toros de lidia gaudinianos y de camisetas infantiles del Real Madrid a 40 euros continúan brotando en este lado del Eixample, que únicamente durante el último año entraron en funcionamiento en este eje al menos media docena de comercios dirigidos sobre todo al visitante ocasional, que en los últimos años este proceso de sustitución comercial ya comportó la apertura de una veintena de estos negocios y la pérdida de una tercera parte del comercio de siempre, de un montón de camiserías, mercerías, queviures … “¿No se suponía que por aquí no podían abrir más tiendas de souvenirs?”.

Y pese a que la mayoría son más bien informales, el florista Soriano no es el único que de tanto en tanto recibe ofertas para que se marche. En la avenida Gaudí cuelgas un cartel de liquidación de temporada y el que vende imanes enfrente enseguida se acerca a preguntarte cuánto quieres por el traspaso. “Además, actualmente –añaden en la asociación Gaudí Shopping–, tenemos en el eje seis locales libres, y tememos que pronto correrán la misma suerte”. En uno de ellos dicen que se instalará en breve una tienda de acicalado de uñas de corte vietnamita.

“Es que poco a pocos perdimos la clientela de siempre –retoma el florista Soriano–. Los hijos tuvieron que irse del barrio, y los turistas bajan continuamente, desde Sant Pau hasta la Sagrada Família. ¿Y qué compran los turistas? Poco a poco la oferta del eje se empobrece, y la gente de la ciudad le da la espalda. Además, los precios de los alquileres tampoco ayudan al comercio de proximidad”. La situación aquí no es tan grave como en las calles que rodean al templo. No está todo perdido. Aún queda una vida de barrio que merece la pena tratar de conservar. Este eje suma 112 locales. Una veintena acoge bares, heladerías y restaurantes dirigidos sobre todo a turistas. Sus camareros intentan seducirlos enarbolando sus cartas. Pero también encontramos tiendas de ropa, joyas, bolsos y zapatos regentadas por sus propietarios, y algunas cafeterías donde los vecinos aún toman café, dos ferreterías, una ortopedia, y hasta una filatelia. Además, dentro de poco, el Sant Pau acogerá la presentación de los equipos del Tour de Francia. Y luego sus miembros pedalearán por la avenida hasta la Sagrada Família. Será un acto de interés internacional.
Barcelona suma lustros tratando en vano de atajar el crecimiento de estos comercios
Por ello, muchos creen que el Ayuntamiento ha de actuar. Pero por aquí las relaciones con el Consistorio son tirantes. “Mi problema es que tengo uno de esos escaparates de los 70 hacia afuera que el Ayuntamiento ilegalizó décadas después –dice el florista Soriano–. He de hacer una obra de como poco 40.000 euros. Hasta entonces, el propietario no me deja hacer un traspaso. Al final haremos la reforma y un traspaso, para no irnos sin nada. Aquí, unos tenemos el Ayuntamiento muy encima, y otros…”. Sí, muchos sienten que saltarse las normas es más beneficioso que cumplirlas. “No debería haber más de una tienda de este tipo en cada tramo del eje –agregan en la asociación–. Necesitamos moratorias efectivas, un plan de usos que proteja al comercio de proximidad, ayudas a los emprendedores…”.

A finales del 2024, el gobierno del alcalde Jaume Collboni presentó un plan especial para el barrio: 37 actuaciones en tres años con 15 millones de euros para impulsar la diversidad comercial, reducir el impacto del turismo, recuperar espacios vecinales… En verdad, Barcelona lleva lustros tratando de atajar el crecimiento de los comercios dedicados principalmente a la venta de souvenirs. Las medidas, sin embargo, nunca dieron el resultado esperado, tal y como lo atestiguan unos cuantos paseos por el Gòtic, la Sagrada Famíla, los alrededores del Park Güell… Ante el continuo crecimiento de visitantes y sus inconvenientes, como la pérdida del comercio de proximidad, el Ayuntamiento aprobó en el 2018 la modificación del plan del 2008 de ordenación de las tiendas dedicadas a la venta de souvenirs. Ello comportó, entre otras cosas, una ampliación del veto a la apertura de estos negocios en los alrededores de la Sagrada Família por la avenida Gaudí y otras manzanas.
El problema es que uno puede abrir una tienda hasta con 17 epígrafes, como textil, artesanía, juguetes… y dedicar el 20% del local a otros productos que no aparecen en sus epígrafes, siempre y cuando queden al fondo. Por ello, la mayor parte de tantas encubiertas tiendas de souvenirs de la Sagrada Família, la avenida Gaudí y tantos lugares lucen en sus fachadas camisetas de Pablo Escobar. ¿Acaso este narco es un recuerdo de la ciudad? Las bailaoras de inspiración gaudiniana están siempre unos estantes más atrás.
“Tantas restricciones hasta vulneran el derecho europeo –dice Alok Lahad, de la Associació de Negocis Turístics de Catalunya, entidad que agrupa unos 300 comercios de este lado del Eixample, de la Rambla, de los alrededores del Park Güell…– ¿En qué lugar del mundo el Ayuntamiento te dice dónde tienes que poner tus artículos? Los técnicos municipales nos han llegado a decir que pongamos los souvenirs detrás de un biombo o una cortina. Digan lo que digan, las multas son continuas, y de varios miles de euros cada una. Estas normas nunca pudieron frenar el crecimiento de estos comercios. Mientras vengan turistas abrirán de cualquier manera, como bazares, tiendas de ropa, de regalos…”.
Aquí no todo está perdido: aún queda una vida de barrio que merece la pena tratar de conservar
“Lo que necesitamos –subraya Lahad– es que se reconozcan de veras las tiendas de souvenirs y se apruebe una regulación específica en condiciones. No tiene sentido que el inspector sea el encargado de decidir qué es o no un souvenir. Nosotros estamos dispuestos a sentarnos con el Ayuntamiento y trabajar en ello. A nosotros tampoco nos conviene este descontrol. Pero no hay forma de hablar con el Ayuntamiento. Parece que su objetivo sea dejarnos ahí de cualquier manera para poder multarnos”.

Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.



