Algunos los califican de pactos de Estado, otros como acuerdos de país, pero todos se refieren a lo mismo. A la necesidad de que determinados temas, que son ejes vertebrales de una sociedad o algunos problemas coyunturales que la afectan puntual y gravemente, sean abordados desde el diálogo y el consenso entre las principales fuerzas políticas y, en algunos casos, también las sociales. Y lamentablemente hace ya años que esto no es así. Cada día que pasa, la polarización añade nuevas dosis de hormigón armado al muro que las divide y separa. Se vive en un estado de beligerancia permanente en el que el debate político es sustituido sistemáticamente por la confrontación.
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