Pepe tenía tantas ganas de darse un paseo por su barrio y que le diera el sol y el aire que, cuando se acicaló, se encaramó a su silla de ruedas y se echó a las calles del Bon Pastor. Siempre a su lado, y mucho más tranquila, Paqui, su mujer, agarró el carro de la compra y salieron en dirección al mercado. Fue un paseo largo, con multitud de paradas de vecinos y amigos que se le acercaban y abrazaban. No tardó en correrse la voz y algunos se asomaron a los balcones para aplaudir al hombre. El 5 abril, Pepe mató a un ladrón de 18 años que intentó robarle una cadena de oro. Asegura que fue en defensa propia.

“Estoy un poco mejor. Algo descolocado y desubicado todavía, con fiebre y dolor de cabeza. Procesando todo lo que ha pasado, pero inmensamente feliz de haber vuelto a mi casa, con mi familia”, contó a La Vanguardia , emocionado. El hombre, de 66 años, abandonó el jueves por la tarde la cárcel de Brians después de que el juez decretara su libertad provisional, tras nueve días en prisión.
Aunque llegó con hambre, porque en la cárcel apenas comió, tampoco fue capaz de meterse en la boca más que un par de trozos de queso y jamón. “Igual se me ha cerrado el estómago”, dice. La experiencia en prisión fue dura. Compartía el módulo de enfermería con otros doce presos y para todos tiene buenas palabras. Luego venía el momento de quedarse solo en la celda, con un inodoro elevado sobre un escalón que por sus dificultades de movilidad le era imposible superar. Un día quiso hacerse la cama y se mareó. Llamó al interfono y un funcionario “me riñó”. Y añade: “Debió pensar que no estaba suficientemente mareado”. Pero solo tiene agradecimiento para sanitarios y funcionarios del centro.
De lo que ocurrió el domingo, 5 de abril, sus hijos Iván y Javi piden que, por favor, no se le pregunte, que del tema judicial se encarga “y muy bien” su abogada Eva Vivo. Pero Paqui sí interviene para responder a los que cuestionan lo que hizo su marido y sobre el principio de proporcionalidad. “Hablan sin saber, porque a mi marido le hicieron un mataleón, le estaba estrangulando y no podía respirar”, apunta con determinación.
“Estoy un poco mejor, algo descolocado todavía, con fiebre y dolor de cabeza, pero ya en casa”, cuenta
Iván, el mayor de los hijos, se emociona por la solidaridad que están recibiendo de los vecinos, de los amigos y los compañeros de trabajo. Entre todos pudieron reunir la primera cantidad de dinero para hacer frente a los costes de la defensa privada. Saben que el proceso judicial no ha hecho más que empezar, que será largo y costoso. De ahí que hayan preparado una página web (libertadparapepe.com) en la que aparece un número de cuenta para que el que pueda les eche una mano. “Nos da muchísimo apuro tener que pedir dinero, pero somos una familia humilde y trabajadora y solos no vamos a llegar”, apunta Iván.
No se sabe cuándo se celebrará el juicio, que con certeza será con tribunal popular, ni que postura tendrá la Fiscalía para entonces.
Tras el suceso y tras pasar dos días detenido, el juez de guardia ordenó el ingresó en prisión atendiendo a la gravedad de los hechos y porque así lo había solicitado la Fiscalía. El jueves, el ministerio público atendió a los informes médicos de vulnerabilidad que aportó la abogada del acusado y solicitó en la vista celebrada en los juzgados que quedara en libertad, con arresto domiciliario. Finalmente, el magistrado aceptó la petición de la defensa y Pepe podrá permanecer en su casa y preparar con tranquilidad el juicio, en el que ahora prefiere no pensar.
La familia ha creado una página web para recaudar fondos para sufragar los costes del proceso judicial
Sus vecinos en Bon Pastor, que salieron a la calle de manera espontánea a exigir su libertad, están deseando organizar un acto de bienvenida. Tampoco descartan promover cualquier actividad para recaudar los fondos que la familia necesita.
“Todo esto nos ha venido muy grande y nuevo. No ha sido algo que buscáramos. Nunca habíamos entrado en una prisión y ojalá sea la última vez que la pisamos”, insisten los hijos.
El ladrón, que había llegado a España siendo menor de edad y que tenía antecedentes por robos, murió prácticamente en el acto. Pepe contó tras lo sucedido que se ahogaba porque el joven le estiraba de la cadena y echó mano para defenderse de la navaja que siempre llevaba encima para cortar embutido o pelar la fruta del almuerzo. Con tan mala fortuna que el único navajazo que propinó a su agresor le atravesó el corazón. “Fue un accidente y una tragedia que mi padre no buscó ni quería que terminara de esa manera tan terrible”, dice su hijo Iván.

Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de ‘Desmontando el crimen perfecto’. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender



