Llevo días obsesionada con Punch, el macaco de un zoo japonés rechazado por su mamá al nacer y “adoptado” por un orangután de Ikea. Sus fotos y vídeos, virales, encogen el corazón. Desamparado, con su peluche naranja, busca el abrazo de trapo que la naturaleza le niega. Punch, criatura, necesita una madre, figura de apego primario, salvaje; puro instinto animal.
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