Montauk.- La pesca de lubina rayada ha sido la pasión de Bill Jakob durante más de 60 años. Recuerda una época en la que pasaba toda la noche lanzando su caña a las olas que rompían frente a Montauk y conseguía ocho o nueve peces de hasta 18 kilogramos (40 libras), una gran captura para cualquiera.
Tras años de pesca intensiva, cesaron las grandes migraciones de lubinas rayadas. “Yo también formé parte del problema hace años. Dirigía barcos de pesca recreativa y pescábamos sin control”, dijo Jakob, presidente de la Asociación de Pescadores de Montauk, en el extremo más oriental de Long Island.
Cada vez más, los pescadores como Jakob temen que los buenos tiempos de la pesca de lubina rayada estén llegando a su fin. Los peces ya no aparecen como antes, y cada vez es más difícil encontrar ejemplares jóvenes.
Los científicos que estudian la lubina rayada afirman que los pescadores de la costa este tienen razón al estar preocupados, y señalan que años de sobrepesca son solo una parte del problema. Los reguladores informaron la semana pasada que estos peces han experimentado ocho años consecutivos de baja reproducción en su hábitat más crítico, la bahía de Chesapeake, y que la población ha disminuido a lo largo de gran parte de la costa atlántica.
Factores como el calentamiento de las aguas durante años —una preocupación primordial citada por muchos científicos—, el escaso caudal de los ríos, la sequía, la contaminación y el posible aumento de la depredación por parte de focas y tiburones han llevado a expertos y pescadores a preguntarse si la imposición de límites de pesca más estrictos sería suficiente para la recuperación de la lubina rayada. La pérdida de estos depredadores de alto nivel, que ayudan a regular las poblaciones de peces más pequeños, pondría en peligro una industria pesquera de 8 mil millones de dólares y decenas de miles de empleos.



