Por Pavla Ochoa /
A la hora de recordar grupos musicales que dejaron su marca en la historia de Moreno, no se puede dejar de mencionar a Quillango, grupo de folclore que abrazó siempre las luchas populares con sus letras comprometidas socialmente.
La semilla del grupo puede rastrearse en los días de pleno neoliberalismo menemista de 1997, cuando en la Escuela Primaria Nº 20 «Florencio Molina Campos» de Cascallares, se conocieron Carlos Ocampo y Carlos Ortiz, ambxs docentes de la educación pública, y empezaron a colaborar en la tarea del coro escolar junto a lxs jóvenes. En el camino se cruzaron con Germán Anzuate, que se sumó a la andanza de hacer música con ellxs. Esta formación fundacional tenía tanta ganas de tocar y mostrar lo que hacían a la gente que, a tres meses de juntadas y ensayos, se animaron hacer un recital en el Teatro Leopoldo Marechal. La convocatoria fue de boca en boca, logrando llenar la sala y generando que el público se agrupara en los pasillos para verlxs.
En esa etapa inicial, Ocampo en guitarra acústica y voz, Anzuate en percusión y teclados y Ortiz en percusión y voz, le dieron corporalidad sonora a canciones de León Gieco, Luis Aute, Silvio Rodríguez que se mezclaban con alguna chacarera o zamba. Entre 1998 y 1999 graban su primer disco «Propuesta Protesta» y hacen el diseño gráfico en una imprenta de La Plata, que era la misma donde Los Redondos de Ricota hicieron las tapas de sus discos.

Quillango desprendía mucho aroma a trova y folclore en su música, lo que generaba la directa conexión con la gente que lxs iba a ver tocar en el Marechal o en el bar pub «La Clave» de los hermanos Daniel y Fabián Campanari, integrantes de El Rastrillo, un espacio que hizo crecer mucho a Quillango y a otras bandas under del distrito.

En ese andar por los escenarios se bajó del barco Germán y quedaron por un largo tiempo solamente lxs dos, Carlos tocando, ensayando y componiendo canciones propias que serían la nueva lírica social del grupo. En el desierto se le sumaron nuevxs camaradas: Hernán Soñora en batería y percusión, Sergio Gómez en guitarra eléctrica, Matías Ahumada en teclados y Guillermo Billoldo en el bajo.
En el 2001 al calor de todas las jornadas de lucha que les invitaban, fueron participando activamente con su música en cada barrio de Moreno y rincón del conurbano bonaerense. Cerrando al calor de la rebelión popular de diciembre, con dos funciones a sala llena en el Teatro Terrafirme, cuando estaba ubicado en la calle Belgrano. En 2002 participaron de la inauguración del busto del Che en la Plaza San Martín, obra creada por Pablo y Martha Ibarra, impulsada por la Asociación Morenense de Amistad Argentino -Cubana con dinero que salió del aporte popular de compañerxs de lucha el 20 de diciembre de 2001. Con la plaza llena, Quillango cantó tan fuerte «La Internacional» que se escuchó a más de dos cuadras.
Era tanta la energía que se desprendía de las canciones que en noviembre sacaron su nuevo CD, «Días de cielos grises”, con canciones propias y lo presentaron el 14 de diciembre en un recital en el Teatro del Shopping Center de Moreno. Luego cierran el año con un concierto a entrada libre y gratuita en el Marechal, que estuvo a pleno con más de 350 personas presentes.
Quien escribe este texto conoció al grupo en 2003 por Beatriz Ortiz, hermanx del cantante y una de mis profesoras de historia de la secundaria, junto a Sandra Cobas, en la Escuela Media 6 de Lomas de San José. La impronta del compromiso social del grupo había llegado antes a mis oídos por Paola Silveira y Martín López, compañerxs del grupo de teatro experimental «Maniobras Pampas«, que me hablaban de la fiesta que se generaba en cada tocata. Era tanta la insistencia de ellxs que tenía que vivir esa experiencia, y así el lunes 7 de abril de ese aquel año fuimos juntxs al «Festival por la Paz» que se realizó en el Obelisco en repudio a la invasión de Estados Unidos a Irak.

Quillango abrió la jornada, pero no llegamos a verlxs. Esa noche todo terminó con represión policial. La banda morenense vio por televisión la violencia estatal y guardó el recorte del día siguiente del diario Clarín donde lxs mencionaba, como un documento histórico. Para ellxs, que comenzaron a juntarse hacer música en 1997, era marcar huella en su andar.
Recuerdo que en esas jornadas febriles de organización barrial y de piquetes en las calles de Moreno se lxs encontraba muchas veces aportando su música. Eran días donde el corte de ruta era una herramienta de lucha fundamental para los barrios populares de Moreno. Era salir al mediodía de hacer el programa de radio «Recorte Informativo» y mirar el cielo que se mezclaba con el humo de neumáticos quemados, una señal de que debíamos ir a hacer entrevistas al lugar. En este lugar del Conurbano se respiraba piquete y asamblea.

En junio de 2003, a un año de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en manos del brazo represivo del gobierno peronista de Eduardo Duhalde, se presentaron en la vigilia en el Puente Pueyrredón junto a Víctor Heredia, León Gieco y Raly Barrionuevo. Quillango se empapaba de lucha en cada tocata y crecía a pasos agigantados.
Continuará…



