Por Pavla Ochoa /
Quillango, ese grupo que se llamó así por el significado de la palabra,«manta formada de pieles cosidas que usan los aborígenes», sabía que después de los años de camino andado, de ver a tantas pieles que unidas, unas a otras se sumaron, y aceptaron el desafío de modificar los aires de opresión, injusticia e indiferencia, estaban en el camino correcto de hacer su música con fuerte contenido social y político. Le daban cuerpo en cada lucha que requería su presencia. Tenían claro que no querían ser una cálida brisa de verano sino la brava tempestad que sacuda, llegue al corazón, al alma y a la razón.
En diciembre del 2003 se presentaron dos veces en el Teatro Leopoldo Marechal con el Ballet de Laura Franchini, con quién cranearon e hicieron una trabajo acerca de la vida de Juana Azurduy. En esos días, el grupo se sumó a las propuestas barriales que les acercó Daniel Sánchez, vecinx del barrio San José y parte de la comunidad de la Parroquia San José Obrero. Era frecuente ver sus recitales cerca de mí casa en La Perlita, porque me acercaba no solo a verlxs sino a hacer entrevistas para el Diario Para Ud!.. de cada reclamo barrial que buscaba respuestas inmediatas del Estado.

En esos días, el programa de radio Recorte Informativo, que hacíamos junto a otrxs compañerxs y que se emitía en FM Ciudad de Trujui 105.9, tuvo una visita. Se acercó en su moto Juan Carlos Sanchetta para una entrevista en los estudios y nos dio el disco de Quillango. La banda venía generando vínculos directos con él y una estrecha articulación con los organismos de Derechos Humanos, particularmente con Tati Almeyda, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

El 2004 y 2005 fueron años intensos para el grupo. Hubo mucha tocata en distintos lugares de Buenos Aires y Capital como Acatraz, Café Monserrat, Parque Lezama Costa Atlántica. Además, compartieron presentación en Terrafirme con la banda de La Quebrada de Paso del Rey, El Rastrillo. En el medio grabaron un recital en el Teatro Marechal que luego serían parte de un disco que editaron en 2006 que titularon ALUMHUE que significa Hacia la luz. Originalmente, la idea que tenía planificada el grupo era editar dos discos compactos (CD) que iban a ser, Juana Azurduy y Quillango en Vivo, pero el proyecto se postergó porque hubo cambios en la formación de sus integrantes. Ingresó Carlos Molina en guitarra eléctrica y Hernán Díaz en batería.

A meses de los primeros ensayos de lxs nuevxs musicxs, Quillango volvió a los escenarios en la Feria de Mataderos, en la Casa de la Cultura Salón Dorado y en la Marcha de la Resistencia en Plaza de Mayo, junto a Liliana Herrero, El Negro Fontova y Adriana Varela.
Este grupo de musicxs militantes no dudó hacer una actividad solidaria en los primeros días de enero de 2007, donde canjeaban una entrada simbólica a un recital por un juguete que repartieron el día de Reyes. Además, fueron parte de un recital en Marcos Paz donde también actuó Teresa Parodi.
A partir del esfuerzo de sostener la propuesta política musical, logran presentarse en el canal provincial de Telered en el programa Tiempo Provincial y en Radio Nacional en el programa del Chango Farías Gómez, cerrando el año a puro festejo por sus 10 pirulos de existencia en el Teatro Leopoldo Marechal donde presentaron un nuevo CD de producción independiente «Quillango 10» con canciones ya editadas más tres nuevas composiciones.
Para armar el rompecabezas de este grupo, fue fundamental el diálogo permanente desde la distancia y por mensajes de WhatsApp con unx de lxs integrantes fundadores de Quillango, hablo de Carlos Ortiz. Fue él quien recordó las dificultades que se le presentaron a la banda para seguir con su propuesta de honestidad brutal en las actividades: «Políticamente se fue apagando ese fuego social, pero nosotrxs seguíamos haciendo canciones con letras sobre lo que estaba pasando en esos momentos. Ingirió que fuéramos docentes y que veíamos otra historia que no veían otrxs. Y se ve que eso a mucha gente no le gustó y nos dejaron de convocar para algunas actividades. Igualmente seguimos diciendo siempre lo que pensábamos».
En el 2011 la banda vuelve a tener cambios en su formación quedandocomo últimos integrantes, Jorge Barbado en el bajo, Rosmary Rosolen en charango y voz, Tomás Ocampo en batería, quienes se sumaron a Carlos Molina, Carlos Ortiz y Carlos Ocampo. En 2013 lxs Quillango viajaron a Córdoba a participar de un certamen de bandas callejeras, sin poder lograr clasificar entre los 15 grupos que disputaron la oportunidad de presentarse en escenario grande del Festival de Cosquín. Esto no lxs desalentó, al contrario, volvieron al año siguiente y está vez fueron seleccionados para la instancia final pero no lograron ganar el certamen.

Luego de algunas presentaciones, el grupo morenense terminaba su recorrido por los escenarios después de 16 años de estar en el territorio del Conurbano dando cuerpo a la palabra. «Fue la culminación de una instancia importante para la vida de todxs lxs integrantes de Quillango«, subrayó Carlos Ortiz.

En tiempos donde se vive más por redes sociales y se utilizan los recursos de la Inteligencia Artificial para expresar ideas, es importante traer al presente la historia de este grupo que tocaba donde había una necesidad y objetivo que los una.

Quillango dejó su huella en Moreno. No fue solo un grupo de música sino militantes sociales. Con sus canciones aportaron en cada rincón que se luchaba contra las consecuencias directas del capitalismo salvaje, un granito de arena para sembrar vínculos de comunidad.



