Ramon Vallès, piloto comercial: «El avión no es el medio más seguro porque la suerte nos acompañe, sino porque hay una disciplina»

Ramon Vallès acumula más de tres décadas de experiencia como piloto de aviación comercial y cerca de 28.000 horas de vuelo. Además de pilotar aviones, se convirtió en una figura reconocida por su trabajo de divulgación, a través del cual acerca al público los secretos y desafíos de una profesión que suele despertar curiosidad.

Y en una entrevista con Mundo Deportivo justificó por qué el avión es el medio más seguro, ya que para Vallè ese valor no depende de la casualidad ni de la fortuna, sino de una estructura basada en normas, procedimientos y preparación permanente.

Su definición quedó resumida en una frase que sintetiza la filosofía de la aviación moderna: “El avión no es el medio más seguro, porque la suerte nos acompañe, sino porque hay una disciplina”. Detrás de esa afirmación, explicó, existe un trabajo constante que comienza mucho antes de que una aeronave despegue.

La seguridad, el pilar que sostiene toda la aviación

Consultado sobre qué significa la palabra “seguridad” para un comandante, Vallès fue contundente. Según explicó, representa el fundamento de toda la profesión y el elemento que guía cada decisión que se toma en una operación aérea.

El piloto destacó que la aviación comercial puede considerarse el medio de transporte más seguro gracias a un sistema construido sobre el rigor profesional. En su visión, nada queda librado al azar. Cada vuelo implica una serie de controles, verificaciones y procedimientos diseñados para minimizar riesgos.

El piloto destacó que la aviación comercial puede considerarse el medio de transporte más seguro gracias a un sistema construido sobre el rigor profesional. Foto: Gobierno de California

Por ese motivo, rechaza la idea de que la seguridad dependa simplemente de que las cosas salgan bien. Para él, el verdadero motivo por el que los vuelos alcanzan niveles tan elevados de confiabilidad es la disciplina aplicada de manera constante por pilotos, tripulaciones y todos los profesionales involucrados en la operación.

Esa cultura de trabajo, señaló, se repite diariamente y forma parte de la esencia misma de la actividad aérea.

La experiencia y la vocación detrás de la profesión

Durante la entrevista, Vallès también repasó aspectos de su trayectoria y explicó cómo nació su interés por la aviación.

El comandante recordó que la pasión por volar apareció durante su infancia, impulsada en gran medida por la influencia de su padre, un entusiasta del mundo aeronáutico.

Entre los puntos más destacados de su recorrido aparecen:

  • Más de 30 años de experiencia en aviación comercial.
  • Cerca de 28.000 horas acumuladas de vuelo.
  • Una intensa actividad como divulgador en redes sociales.
  • La publicación de su libro «¡Bienvenidos a bordo! Les escribe su comandante».
  • Una vocación que comenzó durante la infancia.
  • El convencimiento de que ser piloto requiere un fuerte compromiso personal.
  • La importancia de la formación continua y la profesionalidad.
  • La seguridad como valor central de cada operación aérea.

Para Vallès, la carrera de piloto exige sacrificios que solo pueden sostenerse a través de una auténtica vocación. Según explicó, no se trata de una elección circunstancial, sino de una pasión que suele acompañar a quienes la ejercen desde edades muy tempranas.

Lo que no ve el pasajero antes de cada despegue

Uno de los aspectos más interesantes de la reflexión del comandante es que pone el foco en todo aquello que ocurre fuera de la vista de los pasajeros.

Cuando una persona toma asiento en un avión, suele percibir únicamente la etapa final de un proceso mucho más amplio. Sin embargo, Vallès remarca que antes de cada vuelo existe una enorme cantidad de trabajo destinada a garantizar que la operación se realice con seguridad.

Cuando una persona toma asiento en un avión, suele percibir únicamente la etapa final de un proceso mucho más amplio.

Según explicó, detrás de cada despegue hay recursos, preparación técnica, procedimientos estandarizados y una estricta cultura profesional. Esa combinación permite que pilotos y tripulaciones enfrenten cada jornada con criterios definidos y protocolos claros.

Por eso insiste en que la seguridad no es una consecuencia de la buena suerte. En su opinión, es el resultado de décadas de aprendizaje acumulado y de un ejercicio diario basado en la disciplina. Ese compromiso permanente, sostiene, es el verdadero motivo por el que millones de personas vuelan cada año con niveles de seguridad que pocas actividades pueden igualar.

Redacción

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