El 11 de noviembre de 1991, el entusiasmo para recibir al portaaviones de los Estados Unidos USS Kitty Hawk (CV-63) era de buena parte de la sociedad marplatense más que presidencial. Algunos curiosos pedían autógrafos a la tripulación que no estaba conformada por marines, sino por electricistas y enfermeros, un detalle que tampoco evitó que militantes argentinos y ex combatientes en Malvinas quemaran una bandera de los Estados Unidos. La tripulación no se desanimó. El capitán del navío visitó el Golf Club de la ciudad, donde dejó un cuadro firmado y los tripulantes colaboraron con la reparación de la escuela provincial N 13. A pesar de la gestualidad, el entonces presidente Carlos Menem, que había acompañado a George Bush en la guerra en Irak, prefirió no acercarse hasta la ciudad costera.
Treinta y cinco años después, cuando Donald Trump, a cargo de la primera potencia militar del mundo, se embarca en otra guerra en medio Oriente -esta vez en Irán- Javier Milei visitó el portaaviones de propulsión nuclear USS Nimitz (CVN-68). Se trata de uno de los más grandes y el más antiguo de EE.UU desde que el Kitty Hawk fue retirado del servicio, vendido por un centavo y convertido en chatarra, en 2021.
El entusiasmo del mandatario argentino que alineó a su administración con la del magnate republicano fue tal que llevó frente a las costas de Mar del Plata a su hermana Karina Milei -la funcionaria más poderosa del gobierno- y también al canciller Pablo Quirno– y es consecuente con sus 14 viajes a los Estados Unidos desde su asunción, además de otros gestos de acercamiento.
Esta vez ni la interna evitó que se perdieran la visita y la foto Santiago Caputo y el presidente de Diputados, Martín Menem; además del ministro de Defensa, Carlos Presti, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Marcelo Dalle Nogare, y el jefe de la Armada, Juan Carlos Romay.
En 2024, el entonces jefe de la cartera militar, Luis Petri, había visitado el portaaviones George Washington, cuando presenció el ejercicio PASSEX “Gringo-Gaucho II” entre la Armada Argentina y la de EEUU. Ese mismo año, el Gobierno firmó un convenio con el cuerpo de Ingenieros del ejército de los Estados Unidos para el intercambio de información, capacitación y cooperación en el manejo de la Hidrovía.
Milei ya había recibido en dos oportunidades a las máximas autoridades del Comando Sur, a cargo de las operaciones de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en este hemisferio. En abril de 2024 viajó a reunirse con Laura Richardson en Ushuaia. Un año después recibió en Casa Rosada al actual jefe del comando, el almirante Alvin Holsey.
En Mar del Plata aprovechó para reunirse con el contraalmirante Mark A. Schafer, que dirige el Comando de Operaciones Especiales Sur.
Durante el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner el Congreso sancionó la autorización para una nueve serie de ejercicios Gringo-Gaucho, que se habían discutido durante el gobierno de Mauricio Macri. Significó un acercamiento del peronismo después de la distancia que ese espacio tomó tras los años de Menem, cuando la Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano en incorporarse al grupo de “Principales Aliados Extra-OTAN de los EEUU”, y después del la gestión de CFK que terminó su mandato con un combativo acto en Mar del Plata para recibir a la Fragata Libertad que había quedado varada en Africa, para evitar su embargo.
El ministro de Defensa de Macri, Oscar Aguad, descartó también la posibilidad de que un portaaviones estadounidense custodiara la Cumbre del G-20 en Buenos Aires, en 2018 adonde asistió Trump. La primera administración también le vendió armamento al gobierno de JxC y ahora avanzó en la misma dirección con Milei.
Menem, que inauguró el capítulo de «relaciones carnales» con Estados Unidos y autorizó la llegada del Kitty Hawk, prefirió visitar las inmediaciones del antiguo portaaviones argentino 25 de Mayo; antes de pasarlo a retiro y venderlo para su desguace.

