Los taxis sin conductor circularán por las calles de Madrid antes de final de año. Esta tecnología que se aplica en varias ciudades del mundo, llega a España de la mano de Uber. En Barcelona no está ni se le espera por la particular y draconiana legislación catalana que impide cualquier movimiento que moleste al status quo del sector del taxi liderado con mano de hierro por Tito Álvarez con el curioso permiso de la mayoría de las fuerzas políticas.
Durante las primeras semanas, los taxis autónomos de Madrid llevarán a un conductor que no hará nada y solo actuará en caso de necesidad. Más que por seguridad, esta presencia pretende que el pasajero pierda el miedo a viajar sin nadie al volante. Pero en pocas semanas, estos taxis ya circularán sin conductor con todas las autorizaciones oficiales. El tránsito de coches autónomos será una ruina para la recaudación de multas porque están entrenados para respetar escrupulosamente las señales de tráfico, cosa que no siempre hacen los humanos.
La tecnología obligará a cambiar los planes de infraestructuras que se eternizan
En realidad, la conducción sin conductor ya se aplica en algunos transportes públicos como las líneas 9, 10 y 11 del metro de Barcelona y muchos usuarios rezan para que llegue pronto a Rodalies y le quite el poder absoluto que ejercen los maquinistas sobre este servicio. También se han hecho pruebas con camiones autónomos en las autopistas pero sus resultados positivo se guardaron en un cajón por temor a la presión de los transportistas.
Ahora la situación de este sector en España ha cambiado y puede ser un buen momento para volver a plantear este sistema. El cambio se debe a que la profesión de camionero ha dejado de ser atractiva y las empresas tienen serios problemas para contratar personal. Según fuentes del sector, solo un tercio de los camioneros son españoles y la mayoría se importa de Latinoamérica, África y el este europeo.
Por este motivo, las empresas empiezan a valorar la aplicación de la conducción autónoma en un plazo inferior a los diez años y ahora invierten en crear zonas logísticas para estos vehículos. Según datos del sector, la substitución de la flota actual por camiones autónomos aumentaría un 30% la capacidad de transporte de mercancías, se incrementarían las horas de conducción sobretodo durante la noche porque tiene menor impacto en el tráfico y habría menos accidentes para alegría de los usuarios de la AP-7. Este sistema de transporte que hoy mueve muchas más mercancías que el ferrocarril, aumentaría esta diferencia porque el tren tiene menor capacidad, más rigidez en las rutas y menor disponibilidad de las vías que comparten con los trenes de pasajeros debido a la falta de inversión en esta infraestructura.

La aplicación práctica de los avances tecnológicos va a tal velocidad que dejarán obsoletos muchos planes gubernamentales de infraestructuras por dos razones principales. La primera es que estas planificaciones se diseñaron sin contemplar las novedades técnicas. Y la segunda razón, más hiriente, es la exasperante lentitud de ejecución de las obras públicas de este país. Hay muchos ejemplos de esto último: el corredor mediterráneo, la estación de la Sagrera, la red de Rodalies, la ampliación de la AP-7 y la línea 9 del metro, por citar algunos.
Me consta que los técnicos ya han avisado de que la tecnología obligará a cambiar planes de las infraestructuras y han pedido que se incorporen estas novedades que conocemos bien porque se muestran cada año en la Smart City Expo de Barcelona y que volveremos a ver en dos semanas en la nueva edición de ese encuentro. El problema es si les escucharán o bien se ejecutarán obras que quedarán obsoletas incluso antes de su inauguración.

Periodista nacido en Arenys de Mar. Vicedirector de La Vanguardia. Antes trabajó para medios como El Punt, El Correo Catalán, Cadena 13, Agencia EFE, TVE, Avui o 20 Minutos



