Poco más de tres kilómetros separan los dos centros de control que toman decisiones –cada uno por su lado– sobre la red de Rodalies. En el centro de control de Adif en la estación de França se gestiona la infraestructura y la señalización que da paso a los trenes. En el del Clot, perteneciente a Renfe, se encargan de los trenes propiamente dichos, así como de los maquinistas que los mueven y la información al pasajero.
Que existan dos centros de control distintos en lugares separados es una de esas cosas que vistas desde fuera del sector no tienen ninguna lógica, por mucha explicación técnica que lo justifique. Dicha disfunción ayuda también a comprender algunos de los problemas que sufre el servicio de Rodalies en Catalunya, como los errores de información en megafonía o en los paneles informativos sobre algo tan aparentemente simple como la vía por la que va a pasar un tren.
Han tenido que pasar años de incomunicación entre ambas empresas públicas y unos cuantos incidentes para que los responsables de una parte y la otra coincidan en que la mejor opción es trabajar juntos bajo un mismo techo. Es lo mismo que hacen los Mossos, la Guardia Urbana y los Bomberos, por poner un ejemplo, en el centro de coordinación de emergencias de Barcelona. “Tenemos en marcha el proyecto para trabajar conjuntamente en un centro integrado en el que estén juntos el administrador de la infraestructura y quien mueve los trenes para que trabajen conjuntamente”, reconocen fuentes de Renfe, que al mismo tiempo descartan poner un horizonte temporal a este hito.
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David Guerrero

La unificación del Centro de Regulación de la Circulación (CRC) de Adif y el Centro de Gestión de Operaciones (CGO) de Renfe no es una consecuencia de la creación de la empresa mixta Rodalies de Catalunya, según las partes implicadas en el proyecto. La operadora estatal presidida por Álvaro Fernández Heredia quiere hacer lo mismo en otros grandes núcleos de España como el de Madrid, donde se repiten muchos de los problemas que tiene Catalunya.
La operadora está reforzando el equipo para mejorar la información que se da a los viajeros
Mientras se concreta la fórmula escogida y llega el día de la integración, se han creado figuras transmisoras de Renfe que se han instalado en una sala adyacente del centro de control de Adif para agilizar el traslado de la información de un lado al otro y mejorar así la capacidad de reacción, que no era especialmente rápida hasta ahora. “El contacto humano y tener la sensación de formar parte de un mismo equipo siempre lo hace todo más fácil”, reconocen.
Además, Renfe está reforzando con más personal su centro de control, que lo consideran “el corazón de Rodalies”. En el último año se han incorporado 25 personas nuevas, que venían de fuera de la empresa y han estado formándose durante cuatro meses específicamente sobre el funcionamiento de Rodalies.
Este refuerzo ha permitido que el personal haga cosas tan simples como probar los servicios alternativos por carretera del corte por obras del Garraf. Cuando un trabajador va con la libreta para tomar notas sobre el terreno del funcionamiento detecta muchas más cosas que si mira una tabla de Excel, y eso permite aplicar cambios de mejora.
El buen resultado que está dando el refuerzo ha llevado a Renfe a hacer una convocatoria para incorporar a 48 personas más que refuercen las alrededor de 30 que trabajan a la vez en cada turno en una sala que pasa desapercibida para los viajeros en el vestíbulo del Clot.
Frente a una gran pantalla en la que se replica la información enviada desde el centro de control de Adif, a un lado se agrupan los responsables de gestión de la circulación (una persona para cada línea), de los maquinistas y de los talleres. Al otro, están los encargados de la información a los viajeros: desde una mesa gestionan la megafonía, en la de atrás se encargan la información de las estaciones, en la de más allá llevan las redes sociales, el de la esquina se comunica con los responsables de seguridad… Todas ellas lanzan un mensaje único desde Renfe, pero que no coincide siempre con el que se traslada desde Adif, una incongruencia recurrente con la que un centro integrado debería acabar.



