Rosa vive en Murcia, es madre de una nena de siete años y trabaja como camionera. Llegó a España desde Ecuador cuando era chica y, antes de dedicarse al transporte, trabajó en una fábrica de costura.
Sin embargo, el salario que cobraba no le alcanzaba para mantenerse junto a su hija y, además, se sentía frustrada por no poder pasar más tiempo con ella.
Fue entonces cuando empezó a plantearse un cambio de rumbo. Después de ver a su hermano trabajar en el sector del transporte y comprobar que era una opción más viable desde el punto de vista económico, decidió probar suerte al volante de un camión.
El cambio no fue inmediato, pero encontró en esta profesión una forma de mejorar sus ingresos y organizar su vida para estar más presente en la crianza de su hija.
«Si el 80% de tus días estás amargado, es que necesitas un cambio», dice. Para Rosa, dar el paso no fue solo una decisión profesional, sino también una manera de mejorar la calidad de vida de su familia. «Me sentía culpable por no verla», confiesa.
Rosa, camionera en España: «Cuando empiezas, lo haces ganando muy poco»
«Mucha gente me ve trabajando en esto y me dice ‘yo no podría con tu trabajo'», cuenta Rosa en una entrevista con el pódcast Rutas de Éxito.
Aunque reconoce que ser camionera implica sacrificios y horarios complicados, encontró en esta profesión una alternativa para salir adelante y mantener a su hija.
Al principio, trabajó en el transporte internacional y pasaba al menos dos semanas fuera de casa. La experiencia le permitió empezar a ganar dinero en el sector, pero luego se dio cuenta de que necesitaba encontrar otra opción para poder estar más tiempo con su hija.

Según cuenta, para convertirse en camionera, tuvo que invertir entre 3.000 y 4.000 euros y dedicar un año a prepararse y conseguir los permisos de circulación necesarios.
«Cuando empiezas, lo haces ganando muy poco. Al principio ganaba 1.700 euros y pasaba por casa cada dos semanas», relata.
Con el tiempo, decidió buscar una alternativa que le permitiera combinar el trabajo con la maternidad. La mejor opción que encontró fue dedicarse al transporte nacional y trabajar en el horario nocturno.

Rosa ya tenía experiencia en ese horario porque había trabajado como seguridad, por lo que el cambio le resultó más llevadero.
Además, trabajar de noche le permitió mejorar sus ingresos. «Me da igual irme a trabajar a las 23:00 y dormir cinco horas, gano hasta 2.300 euros al mes«, explica. Para ella, el esfuerzo vale la pena si puede ofrecerle una buena calidad de vida a su hija sin tener que pasar tantos días fuera de casa.
«Termino a las ocho de la mañana, trabajo mucho de noche, pero me permite conciliar con la maternidad», señala. Aun así, organizar los horarios no siempre es fácil.

«Me siento culpable de que al final mi hija está en la mañana en el cole y yo en la tarde me vengo a trabajar», reconoce. Pese a todo, intenta adaptarse a las exigencias de su profesión y aprovechar el tiempo que tiene libre para estar con su hija.
Suele trabajar entre ocho y nueve horas, aunque las esperas en las plataformas logísticas, especialmente durante las descargas, pueden alargar la jornada laboral. «Cuando tengo que esperar dos horas es cuando aprovecho para dormir», cuenta.
Por último, Rosa también se refiere a las diferencias entre hombres y mujeres en el sector del transporte. Según explica, no existe una brecha salarial por género.
«Ganamos lo mismo, tanto las mujeres como los hombres. Estamos haciendo el mismo trabajo y no tendría por qué haber ninguna diferencia en el sueldo», concluye.

