Santiago Kovadloff, en Concepción: “La democracia ha sembrado pobreza”

CONCEPCIÓN.- Mientras la política argentina se debate entre la lógica del ajuste y el reclamo del dolor social, Santiago Kovadloff, uno de los pensadores más lúcidos del país, llegó a esta ciudad para plantar una pregunta incómoda: ¿somos contemporáneos de nuestro tiempo o apenas coetáneos? “Ser coetáneos no es un mérito”, dijo ante un auditorio que colmó el teatro de la Estación. “Es el resultado afortunado de una noche de amor en la que no intervine. Ser contemporáneos, en cambio, es la capacidad de discernir los rasgos propios de nuestra época”.

Crisis de credibilidad

Y el diagnóstico que trazó a continuación sonó como una advertencia: el siglo XXI nos enfrenta a problemas inéditos —el cambio climático, la reconfiguración del poder global en tres hegemonías (China, Rusia y Estados Unidos), la inteligencia artificial— pero, sobre todo, a una crisis de credibilidad de las democracias que amenaza con devorar el espacio público. “Los sistemas democráticos que a partir de 1945 se expandieron bajo la hegemonía norteamericana, hoy están en crisis porque han dado lugar a los populismos”, sentenció.

El filósofo, autor de obras capitales como El silencio primordial y El miedo a la política, no se detuvo en el diagnóstico global. Refiriéndose a la Argentina dejó afirmaciones tan categóricas como preocupantes: “La caída de la dictadura militar en 1983 abrió camino a medio siglo de régimen democrático y a un 40% de población empobrecida. La pobreza que sembró la democracia es el resultado de una profunda dificultad para generar equidad”. Y agregó, con la precisión que lo caracteriza: “¿Usted está contra la democracia? No, la democracia está contra la democracia”.

Asistir a las conferencias de Santiago Kovadloff resulta toda una experiencia estética. Su prosa hipnótica y musical, donde cada oración se expande como un universo, da cuenta de una perfecta mezcla de reflexión filosófica, observación social y confesión íntima. Su excelso uso de la palabra toma nuevos bríos ante cada pregunta.

Su tema principal en materia política, el que siempre está ahí, hunde sus raíces en las condiciones de realización y de perpetuidad del orden republicano. Pareciera temer lo peor: su pérdida definitiva, por eso insiste en la necesidad de tomar conciencia acerca de su valor. Pone ante la vista una opción clara: la de “educar al soberano”. Premisa Sarmientina para el desarrollo de nuestra libertad, en todo ajena al oportunismo voraz que cobra visos de realidad cuando nos valemos de la soberanía obtenida, para saquear todo a nuestro paso, condenando a las generaciones futuras a una pobreza tan material como espiritual.

La falacia presidencial

Kovadloff no vino a ofrecer consuelo ni a sumarse al coro de los que celebran o condenan la gestión de turno. Reconoció que el actual gobierno “ha logrado el milagro de bajar la inflación” y que “el riesgo país bajó como nunca”, pero también señaló la deuda ética en el discurso presidencial. En uno de los momentos más álgidos del encuentro que llamaba a todos los presentes a reflexionar, sentenció: “tiene una cloaca en la boca cuando habla de todos aquellos que no coinciden con él”. “El periodismo es una basura, son todos delincuentes —parafraseó al Presidente—. ¿En qué se equivoca?: en generalizar. Si pudiera hablar en particular y no en general, si aprendiera a hacer de la política una herramienta de interlocución con los diferentes, la Argentina podría capitalizar su fracaso”.

En el tramo final de la conferencia, Kovadloff deslizó una distinción que ilumina el título de esta nota. “Usted es optimista entonces —se autopreguntó—. No, yo soy esperanzado”. Y explicó: “El optimista cree que las cosas van a dar bien. Es igual que el pesimista que cree que todo va a dar mal. El hombre esperanzado, la mujer esperanzada, son seres que ven matices en el cuadro de la realidad que impiden encerrarla en un concepto único. Donde hay pensamiento, hay atención a la complejidad. Donde hay dogma, solo puede reinar la ausencia de democracia”.

Al terminar, los aplausos fueron largos, lo que resulta lógico, puesto que fue la primera visita al interior de la provincia que realiza el filósofo. La conferencia de Kovadloff no ofreció respuestas definitivas, sino una invitación a sostener preguntas incómodas. Quizás, como él mismo dijo, esa sea la única forma de ser, realmente, contemporáneos.

Redacción

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