Sembrando y cosechando fueguitos de esperanza, entre Brecht y los obreros del limón

Nuestras clases de Política y Ciudadanía de los martes con 5° año en esta época otoñal tienen el enorme desafío de vencer al sueño y al cansancio acumulado, pero principalmente el de generar un espacio que a los pibes y pibas les resulte interesante. Tengan en cuenta que comenzamos a las 7.10 de la mañana. Pero los mates y la buena onda son nuestros aliados para sobrellevarlo.

Y muchas veces sale bien. No siempre. Pero muchas veces. Aquí la historia de una de ellas, y de lo que resultó de leer juntos el poema “el analfabeto político” de Bertolt Bretch, de ver juntos el documental “Cosechando bronca: el limón en Tucumán” y luego sacar juntos las conclusiones. El video que está abajo es la producción que realizaron un grupo de chicas al respecto. Lo pueden ver antes de seguir leyendo, o leer primero como se gestó, para luego verlo. Como quieran.

Como decía la materia es Política y Ciudadanía, con chicos de 5° año. Eso adquiere mucho significado en estos tiempos de relación directa entre política y ajuste, insultos, propiedades nuevas; viajes; cascadas y quinchos varios de dudosa procedencia. ¿Cómo hacer para que nuestra juventud, que ve un presente y futuro sombrío, crea en la política como una herramienta de lucha, de resistencia y de cambio?

Las garrafas que volaron con la explosión del depósito clandestino hace unas semanas en nuestro barrio no ayudan mucho. Nos tomamos una clase para charlar sobre la connivencia de los sectores gobernantes que convirtieron en una pesadilla una situación que se tuvo que haber evitado, porque se podía.

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Pero si hay algo que tenemos los profes, es la posibilidad de convertir la desazón en crítica, y la crítica en búsqueda de salidas colectivas. Porque no se trata sólo interpretar la realidad sino de transformarla, como decía Carlitos Marx, que recientemente cumplió años.

Ya las inquietudes, de las buenas, se empezaban a manifestar cuando nos propusimos contarnos todos y todas de dónde provenimos, de qué trabajan nuestros padres y madres y en qué condiciones vivimos (me incluyo, soy uno más del barrio de “Mariano”, como solemos decir). Intercambiamos, arrimamos algunas conclusiones. Nos ponemos de acuerdo en eso de que somos parte de los laburantes que generamos la riqueza del mundo.

Ah, pero “¿en serio que eso de la plusvalía es lo que producimos que los patrones nos quitan y le llaman “ganancias?” “¡Profe, no imaginé que existían las fábricas sin patrones, qué copado lo de Madygraf y Zanón!”, son algunas de las frases que más me acuerdo de tantos inercambios.

Seguimos. Les llevo “El analfabeto político”, de Bertold Brecht y enseguida alguien se propone para leer. Y lee.

«El peor analfabeto
es el analfabeto político.
No oye, no habla,
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio del pan, del pescado, de la harina,
del alquiler, de los zapatos o las medicinas
dependen de las decisiones políticas.

El analfabeto político
es tan burro, que se enorgullece
e hincha el pecho diciendo
que odia la política.

No sabe, el imbécil, que,
de su ignorancia política
nace la prostituta,
el menor abandonado,
y el peor de todos los bandidos,
que es el político trapacero,
granuja, corrupto y servil
de las empresas nacionales
y multinacionales. «

¿Qué piensan? “Tiene razón! si no participamos lo hacen otros. Y encima nos roban y deciden por nosotros”; “¿qué es un ´lacayo´, profe?” – “Alguien servil a los intereses de los ricos y/o países imperialistas como EEUU como si fueran los amos…”

Por momentos hay silencios que dicen mucho y la realidad se impone desde lo más profundo de las vivencias. Pienso en que otra vez, nuevos ricos con cargos en el Estado y acusados de todo tipo de corruptelas, el bondi 20/28 que lo esperamos eternamente para salir del barrio (¡Ay no tengo un mango para el Ubber, cómo hago para volver de Merlo al barrio!), la basura acumulada que ya es parte de un triste paisaje con las calles de tierra poblada de perros flacos. Y se suma la voz de amargura del dire que a la salida dice “chicos, lamento comunicarles que nos informaron que suspendieron la entrega de las cajas de alimento por tres meses. No sé si es una decisión política, o cuándo se va a resolver, pero es lo que nos dijeron…”

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Las miradas en complicidad rabiosa entre los profes que estábamos esperando para salir se mezclaba con la incertidumbre de muchas y muchos pibes a los que también les niegan engañar al estómago con un puñado de productos para salir del paso.

“Preparen los mates que vamos a ver algo en la tele.” Se llama “Cosechando bronca: el limón en Tucumán”. Nuevamente el silencio otra vez tiene un sentido, un sentido de empatía, de bronca compartida, de “¡Ah, así funciona la plusvalía!”, “¿Cómo que trabajan hasta 16 o 20 horas las mujeres en la fábrica de cítricos?”. Retumba en el aula la voz de una mujer trabajadora golpeada por años de explotación que dice “¡Qué les voy a tener miedo a esos dirigentes sindicales, si yo crío sola a mis seis hijos! ¡Yo me propuse como delegada!”

Las condiciones de la peonada en el norte del país tienen muchos rostros con nombres y apellidos. Eso que charlamos sobre el funcionamiento del capitalismo y la explotación también… Ah, y también ese “campo de batalla”, por si lo olvidaba, donde los trabajadores codo a codo deciden tomar la política en sus manos para resistir los embates de los monstruos que salen en la revista Forbes.

“Tenía razón ese Brecht, cambia el sentido del analfabeto político cuando los trabajadores se organizan para pelear por sus derechos.” Tuvieron que darles aumentos, y garantizarles mejoras en las condiciones de laburo. “Profe ¿cómo puede ser que tengan que comer en el piso y no tengan baño?” Dolor, rabia, esperanza. Esa trilogía iba mutando en los rostros de las y los pibes cuando finalmente se veía en la pantalla a los trabajadores del limón conseguir pequeñas conquistas, rodeados de solidaridad de docentes, estatales y tantos otros sectores en apoyo.

Una hora y cinco minutos aproximadamente al finalizar, sirvió para que se escuchen aplausos. Insospechados aplausos de pibes que se conmovieron, que empatizaron, que comprendieron un poquito más de esta realidad cruda que les toca vivir. Pero lo más importante: se vuelven con aires nuevos de que luchar sirve, y sirve mucho más cuando es de forma colectiva.

El cansancio pesa, pensando en el largo día. Tocaba ir al Refe de Moreno, después a dar clases al Terciario de Casanova… bondi, tren, bondi. Bondi de regreso, tren, bondi (“caras curtidas, rabia de esperar…” sonaba Los Caballeros en mi cabeza), pero qué satisfacción da cosechar y sembrar fueguitos de conciencia.

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Redacción

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