Dice la filósofa Victoria Camps en su libro La sociedad de la desconfianza que no le gusta el concepto actual valores –demasiado nebuloso, opina–, que viene a sustituir lo que los griegos llamaron virtudes. Séneca, en la antigua Roma, consideraba que la justicia, la moderación, la sabiduría y el coraje, esto es, las virtudes, eran el único bien verdadero, y cultivarlas era la única posibilidad de vivir una vida buena y de alcanzar la felicidad. En su libro De clementia, da consejos a Nerón, su pupilo, quien acaba de convertirse en emperador, para que no se transforme en un tirano. Nerón no fue precisamente un alumno aventajado, pero esa es otra historia.
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