Argentina despedirá oficialmente a Lionel Messi el próximo martes 6 de octubre ante Benín en el Monumental. Será el último partido del futbolista que durante dos décadas condicionó —para bien— prácticamente todo el funcionamiento ofensivo de la Albiceleste. Sin embargo, la era post-Messi ya empezó antes de que Messi se haya despedido: Argentina goleó 4-0 a Bolivia en Córdoba con un once renovado y sin el ’10’ sobre el césped.
El primer cambio ya tiene nombre propio. Cristian Romero será el nuevo capitán. Scaloni lo confirmó después de que el central ya figurase como tercer capitán por detrás de Messi y Nicolás Otamendi. Emiliano Martínez, Rodrigo De Paul y Lautaro Martínez aparecen también entre los jugadores con peso suficiente para portar el brazalete. La idea parece clara: Argentina no buscará otro Messi porque otro Messi no existe; tendrá que repartir entre varios jugadores el liderazgo que antes concentraba uno solo.
Pero existe una incógnita todavía mayor: quién dirigirá ese proceso. Scaloni termina contrato en diciembre y después de perder la final del Mundial contra España reconoció que necesitaba pensar si continuaba. Hace apenas unos días volvió a admitir que todavía no sabe cuánto tiempo más estará al frente de Argentina. La AFA quiere renovarlo y las últimas conversaciones con Claudio Tapia han dejado el acuerdo encaminado, pero a 1 de octubre todavía no existe una renovación anunciada oficialmente. Y perder a Messi y a Scaloni prácticamente al mismo tiempo convertiría el cambio generacional en algo mucho más profundo.
En el césped, el primer experimento dejó una pista interesante. Ante Bolivia, Scaloni utilizó un 4-4-2 con Lautaro Martínez y Julián Álvarez juntos, Nico Paz y Gianluca Prestianni con libertad para aparecer por dentro y unos laterales jóvenes como Agustín Giay y Román Vega. Con balón, el dibujo se transformó constantemente para ocupar los cinco carriles de ataque y aumentar la movilidad que durante tantos años acababa teniendo a Messi como destino final. Lautaro marcó, Nico Paz anotó y asistió y Argentina ganó 4-0. Es una primera señal, aunque Bolivia tampoco permite sacar conclusiones definitivas.
Ahí aparece probablemente el nombre que más ilusiona de este primer paso: Nico Paz. Con 22 años, marcó y asistió contra Bolivia y parece preparado para adquirir mucho más peso creativo. A su alrededor aparecen Mastantuono, Equi Fernández, Prestianni, Soulé, Giay o Román Vega. Este último y Equi debutaron precisamente el miércoles. No todos acabarán asentándose, pero Argentina dispone de algo fundamental para afrontar el cambio: talento joven en prácticamente todas las líneas y cuatro años por delante antes del Mundial de 2030.
El problema que debe solucionar Scaloni —o quien ocupe su puesto— quedó expuesto precisamente en el Mundial. Argentina terminó subcampeona, algo que por sí mismo habla de un torneo excelente, pero Messi volvió a asumir una proporción descomunal de la producción ofensiva. Marcó ocho goles y dio cuatro asistencias: 12 intervenciones directas en los 19 tantos que consiguió Argentina durante el torneo. Es decir, participó directamente en casi dos de cada tres goles de una selección repleta de futbolistas ofensivos de primer nivel.
Y la final dejó la fotografía más preocupante de todas. España consiguió anular a Messi y Argentina fue incapaz de realizar un solo remate durante los 90 minutos reglamentarios. Emiliano Martínez mantuvo al equipo dentro del partido con varias paradas y Ferran Torres acabó decidiendo en la prórroga. Cuando desapareció la capacidad de Messi para fabricar algo donde aparentemente no había nada, tampoco aparecieron suficientes respuestas alrededor. Ese es probablemente el principal aprendizaje que deja el subcampeonato para el nuevo ciclo.
Por eso el relevo no consiste únicamente en encontrar jóvenes. Julián Álvarez, Lautaro Martínez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister o Nico Paz tendrán que asumir responsabilidades que antes podían terminar descansando sobre Messi. Ya no bastará con acompañar al mejor futbolista del equipo. Tendrán que construir el equipo ellos. El doble nueve probado ante Bolivia es precisamente una posible solución: juntar a los dos grandes delanteros argentinos y distribuir la creación por detrás en lugar de buscar constantemente al ’10’.
También comenzará una limpieza natural de la generación anterior. Otamendi ya anunció su retirada internacional después del Mundial. Tagliafico ha reconocido que difícilmente llegará a otra Copa del Mundo. Paredes, sancionado durante diez partidos después de los incidentes de la final, admite que ni siquiera sabe si continuará con Argentina. Y De Paul ha perdido por primera vez su condición de indiscutible: Scaloni explicó que tanto él como Lo Celso solo acudirán al encuentro de despedida de Messi porque quiere utilizar estos partidos para probar a otros jugadores.
Argentina, por tanto, tiene materia prima suficiente para seguir compitiendo. Cuti Romero, Lisandro Martínez, Mac Allister, Enzo, Julián y Lautaro todavía tienen edad para sostener el núcleo; por debajo empujan Paz, Mastantuono, Giay, Vega, Equi Fernández y compañía. Pero la goleada a Bolivia no debe confundirse con una respuesta definitiva. La verdadera prueba llegará cuando Argentina vuelva a encontrarse con España, Francia, Inglaterra o cualquier selección capaz de exigirla durante 90 minutos y ya no exista Messi para resolver lo que el colectivo no consigue solucionar.
El martes acabará una era que duró 21 años. Después llegará probablemente la transformación más complicada que ha afrontado Argentina desde que Scaloni tomó el mando. El reto no será encontrar al próximo Messi. Será conseguir que Argentina deje de necesitar uno. @mundiario

