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Sueroterapia: qué hay detrás de la moda que promete desde aumentar la energía hasta fortalecer defensas y verse mejor

«Hay que pasarle suero»

Por lo general, esa frase a nadie le hace gracia. La búsqueda de la vena, la aguja, la colocación de una vía, el goteo, la espera. Y el deseo intenso de que el problema de salud que requiere de ese procedimiento se solucione cuanto antes.

Pero en los tiempos que corren, aunque parezca sorprendente, personas sanas (es decir, sin una condición de salud que lo amerite) se someten a la aplicación intravenosa de sueros vitaminados que, según promocionan quienes los administran, aumentan la energía y la vitalidad, “desintoxican” el organismo, favorecen la hidratación, la recuperación física, fortalecen el sistema inmune y hasta retrasan el envejecimiento.

Promocionada por celebridades e influencers que posan sonrientes exhibiendo su brazo extendido conectado al equipo que lleva directo a su torrente sanguíneo una infusión que combina vitaminas, minerales, aminoácidos y antioxidantes, la sueroterapia o IV drips es una tendencia en alza en el mercado del bienestar.

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¿Qué tienen esos sueros y cuál es su efecto en el organismo? ¿Son realmente efectivos? ¿Para quiénes? ¿Se justifica la administración de sueros intravenosos en personas sanas? ¿Es una terapia segura, o al menos, inocua?

Qué dice la evidencia científica.

Un mercado en crecimiento

Un artículo reciente publicado en la revista JAMA Internal Medicine apunta que la sueroterapia es un segmento en crecimiento del floreciente mercado de los spas médicos, que en 2022 ya representaba en Estados Unidos una industria de 15 mil millones de dólares, con casi 9 mil establecimientos. El costo de cada tratamiento, según la investigación, es de unos 180 dólares en promedio. Dado que no se consideran médicamente necesarios, no cuentan con cobertura.

La terapia de vitaminas por vía intravenosa (IV) permite administrar nutrientes de forma rápida y directa al torrente sanguíneo, sin pasar por el sistema digestivo (como en el caso de los suplementos que se ingieren por vía oral), lo que mejora su absorción.

Una sesión dura entre 30 y 60 minutos. Foto Shutterstock.

Se utiliza sobre todo en pacientes hospitalizados o con dificultades para incorporar nutrientes, aunque en los últimos años también se expandió a clínicas de bienestar, donde se ofrecen “goteos” de diferentes sueros estandarizados o personalizados.

Entre las variedades más comunes están los antienvejecimiento, antiestrés, pérdida de peso, recuperación física, detox, inmunobooster, entre otros. Las sesiones suelen durar entre 30 y 60 minutos.

«En los últimos años, vimos proliferar la práctica de la infusión de soluciones endovenosas bajo la forma de sueroterapias. En estas soluciones se vehiculizan vitamina C, complejo vitamínico B, péptidos como el glutatión y distintos componentes con distintos objetivos que son preservar la salud, retrasar el envejecimiento, mejorar el rendimiento físico», dice en diálogo con Clarín Ramiro Heredia, médico clínico de la séptima cátedra de medicina interna del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires.

También es muy común el uso de magnesio y nicotinamida adenina dinucleótido (NAD), entre otras sustancias.

«La publicidad suele ser engañosa, con reclamos pseudocientíficos y uso de figuras mediáticas e influencers para su difusión», añade Heredia, y sostiene que la falta de regulación favorece la expansión de este tipo de prácticas: «En Argentina, salvo excepciones, estos locales funcionan bajo la figura de ‘estética’, sin supervisión estricta de autoridades sanitarias».

¿Es segura la sueroterapia?

La falta de normativa y controles no es un problema estrictamente local. El estudio publicado en JAMA Internal Medicine revela una preocupante falta de regulación y supervisión en los centros de hidratación intravenosa en Estados Unidos.

La investigación destaca que las normativas varían significativamente en los diferentes estados, dejando a la mayoría de los establecimientos sin un control integral sobre sus prácticas y personal.

Los autores destacan que a pesar de su creciente popularidad impulsada por celebridades (Madonna, Kendall Jenner, Amaia Salamanca, y del ámbito local Evangelina Anderson y Sabrina Rojas, por ejemplo), estos centros suelen realizar promesas de salud sin base científica y omiten informar sobre riesgos potenciales como infecciones o reacciones alérgicas.

Además, detectaron que aunque todos los sitios web analizados (250) en el marco del trabajo promocionaban beneficios, el 99% no ofrecía referencias científicas que los respalden. Y, al consultar sobre potenciales efectos adversos, solo uno de cada cuatro describieron riesgos asociados.

El trabajo concluye que es necesaria una intervención más estricta para garantizar la seguridad de los consumidores frente a servicios médicos no probados. Los expertos advierten que estos tratamientos, aunque presentados como bienestar de lujo, operan frecuentemente en un vacío legal que pone en peligro la salud pública.

Sin ir más lejos, la muerte en 2023 de una mujer que recibió una infusión intravenosa en un spa de Texas fue el disparador para que ese estado aprobara una ley que establece límites sobre quién podía prescribir y administrar terapia intravenosa electiva.

Mientras que en el estado de Sonora, en México, la Secretaría de Salud informó hace dos semanas la muerte de ocho personas que habían recibido la aplicación de soluciones intravenosas por parte de un mismo médico.

Se sospecha que los fallecimientos se produjeron como consecuencia de complicaciones presuntamente provocadas por contaminación bacteriana de la solución (es decir, del cóctel que se les administró). La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) lleva adelante una investigación para esclarecer el caso.

Riesgos que no siempre se informan

Lejos de ser procedimientos inocuos, los expertos advierten que la administración intravenosa implica riesgos potenciales.

Los más comunes incluyen problemas con la colocación de la vía, como hematomas, sangrado o infección en el lugar de la inyección, advierte el trabajo publicado en JAMA.

Ahora, si el problema es en el fluido en sí, «los riesgos aumentan», plantea Peter Lurie, coautor de la investigación.

En un artículo relacionado, Kelly Krisna Johnson-Arbor, toxicóloga en el Hospital Universitario MedStar Georgetown, admitió que recibe ocasionalmente llamadas de pacientes que sufrieron complicaciones tras someterse a la aplicación de sueros intravenosos. «Para muchas personas es inocuo, pero para otras puede ser perjudicial», admitió.

Y puso el foco en el hecho de que los ingredientes reales de estos cócteles pueden variar de un establecimiento a otro, «por lo que las personas podrían no saber qué están consumiendo». Podrían sufrir desde una reacción alérgica, o quienes padecen afecciones médicas preexistentes experimentar interacciones que podrían ser «posiblemente fatales».

Especialistas coinciden en que no hay respaldo científico sólido que justifique el uso de sueroterapia en personas sanas. Foto Shutterstock.

Fabio Nachman, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Fundación Favaloro, menciona desde efectos adversos leves, como flebitis o infecciones locales, hasta complicaciones graves como anafilaxia (una reacción alérgica grave), sobrecarga de volumen (una acumulación excesiva de líquido en los espacios intravasculares e intersticiales del organismo), alteraciones electrolíticas e incluso eventos fatales como arritmias, sepsis y shock.

Además, señala que en la práctica clínica ya se observan pacientes con complicaciones derivadas de estas terapias, sobre todo cuando se realizan sin indicación médica adecuada ni controles.

Luego de ser consultado por este medio, Nachman publicó en sus redes testimonios de seguidores que advierten en carne propia sobre los riesgos de someterse a la administración de sueros vitaminados.

“Hace aproximadamente un mes y medio me realizaron una sueroterapia intravenosa (supuestamente multivitamínica) sin evaluación previa ni información clara sobre su composición”, comienza uno de los relatos.

«Durante la aplicación me sentí muy mal (baja de presión, malestar general, dolor de cabeza), por lo que pedí que la suspendieran y finalmente me administraron solo la mitad del suero. Aun así, presenté una reacción muy intensa», continúa. Lejos de mejorar, su cuadro empeoró, por lo que debió recibir asistencia médica en una guardia, adonde llegó con taquicardia y presión arterial alta.

«A partir de ese episodio, estuve casi un mes sin poder dormir, perdí 4 kilos y presenté síntomas como ansiedad, temblores, mareos, debilidad y dolor de cabeza. Si bien algunos síntomas mejoraron, actualmente continúo con mareos, temblores y cefalea persistente«, cerró.

Otro de los testimonios es el de una médica clínica, que estando de guardia, atendió a dos personas con fiebre y baja presión tras una sesión de sueroterapia. Una de ellas era médica, que se había autoadministrado la preparación.

«Una terminó en terapia intensiva porque la presión no remontaba con fluidos y hubo que darle noradrenalina«, recordó. El análisis de laboratorio revelaba falla renal y alteración del hepatograma. «Lo peor de todo es que la médica que se lo autoadministró refería que ya había tenido un episodio similar con otro paciente», lamentó.

Promesas sin evidencia

Los especialistas coinciden en que no hay respaldo científico sólido que justifique el uso de sueroterapia en personas sanas o sin déficits nutricionales específicos.

«No hay evidencia de calidad que demuestre beneficios en personas sanas. No está recomendada en guías clínicas ni en consensos científicos para energía, inmunidad o longevidad», asegura Nachman.

En la misma línea, Heredia enfatiza que «no hay una sola guía médica que indique la infusión de sueros endovenosos en personas sanas sin un déficit documentado» y remarca que tampoco existen estudios que prueben que estas prácticas «preserven la salud, retrasen el envejecimiento o prevengan enfermedades».

El problema, explican, es la ausencia de ensayos clínicos robustos que permitan evaluar eficacia y seguridad con estándares similares a los de otros tratamientos médicos.

Muchos de los beneficios que se promocionan, como “aumentar la energía”, “desintoxicar” o “reforzar las defensas”, no tienen correlato en resultados clínicos medibles, planteó ante la consulta de Clarín Fernando Botto, cardiólogo y consultor en el área de Investigación Clínica del ICBA.

Y dijo que aunque algunas intervenciones puedan modificar valores en sangre (como niveles de vitaminas), eso no implica un beneficio real para la salud: «La pregunta es si eso tiene impacto clínico: si reduce el riesgo de infarto, ACV o cáncer. Ahí es donde está el punto».

Para demostrarlo, «se necesitarían estudios clínicos aleatorizados y controlados que comparen, por ejemplo, sueroterapias contra placebo, demostrando resultados de efectividad y seguridad sólidos, sobre todo en puntos finales que tengan valor clínico«, explicó y concluyó: «no podemos exponer a la gente a un tratamiento que no tiene certezas, independientemente de que pasa mucho en algunos escenarios».

En áreas como la dermatología, tampoco hay respaldo científico sólido para los beneficios que se promocionan.

«No veo evidencia científica para tratar acné o rejuvenecimiento con esta terapia. Se presenta como desintoxicación o hidratación, pero no tiene base científica», respondió Viviana Leiro, presidenta de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) y y jefa de la Unidad de Dermatología del Hospital Muñiz.

El año pasado, la SAD junto a la SACPER, lanzaron la campaña ¿Sabés quién te está inyectando? para concientizar sobre los riesgos de prácticas estéticas ilegales.

Responsabilidad médica en discusión

Para los especialistas, el crecimiento de estas prácticas también refleja un problema más amplio: la demanda de soluciones rápidas en el campo del bienestar y una brecha entre lo que la medicina basada en evidencia puede ofrecer y lo que algunos pacientes buscan.

Otro punto que genera preocupación es que muchas veces quienes ofrecen y promocionan estas terapias son profesionales de la salud.

«Cualquier intervención médica debe estar respaldada por evidencia y guías. Si no lo está, el profesional asume una responsabilidad médica y legal importante frente a posibles daños», subraya Nachman. Y concluye: «Hay muchísimos ejemplos de casos que se creían impunes hasta que son enjuiciados».

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Redacción

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