Una investigación científica reciente marcó un hito en la comprensión del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El estudio analizó a más de mil niños para identificar de qué manera varía el cerebro en cada caso particular. Este avance promete transformar la forma en que los médicos entienden y tratan esta condición en el futuro.
De acuerdo al estudio publicado en JAMA Psychiatry, los expertos notaron que las clasificaciones actuales, basadas solo en la conducta, resultan insuficientes para captar la realidad del trastorno. «El TDAH se caracteriza por una considerable heterogeneidad clínica», afirmaron los autores.
Por esta razón, el equipo de investigación buscó marcadores biológicos más precisos que los simples test de síntomas. La ciencia utilizó modelos matemáticos avanzados para evaluar la estructura de los cerebros. Esta técnica funcionó de forma similar a las curvas de crecimiento que usan los pediatras para medir la altura o el peso.
Tres biotipos que revelan la diversidad del trastorno
Así, los investigadores pudieron cuantificar cuánto se alejaba cada niño de los patrones cerebrales considerados comunes o «normativos». Tras procesar los datos de cientos de participantes, surgieron tres perfiles o biotipos cerebrales claramente diferenciados.

El primero de ellos, denominado «biotipo 1», presentó los síntomas más severos. Estos niños mostraron una combinación de falta de atención, hiperactividad y, de forma muy marcada, dificultades para regular sus emociones.
El segundo perfil, o «biotipo 2», se caracterizó por rasgos predominantes de hiperactividad e impulsividad. En estos casos, las alteraciones se localizaron en circuitos específicos del cerebro que controlan el modo en que las personas ejecutan sus acciones. Sus niveles de inatención fueron menores comparados con los otros grupos identificados.
Por su parte, el tercer perfil se centró de manera casi exclusiva en la falta de atención. Los científicos descubrieron que estos pacientes, agrupados en el «biotipo 3», poseen cambios en la parte superior del lóbulo frontal. Esta zona del cerebro es crucial para mantener la concentración en una tarea durante periodos prolongados.
Tratamientos basados en mapas cerebrales únicos
A pesar de las diferencias entre los tres grupos, el estudio halló un punto de unión en una zona llamada corteza orbitofrontal. «Los resultados revelan que la integración de modelos normativos proporcionó una visión tanto dimensional como categórica de la heterogeneidad del TDAH», explicó el equipo de investigación en sus conclusiones. Este sector del cerebro actúa como un ancla común en la patología de todos los perfiles.

El trabajo también vinculó estos perfiles con sustancias químicas esenciales, como la dopamina y la serotonina. Cada biotipo cerebral mostró una relación distinta con los receptores de estos neurotransmisores. Este hallazgo es fundamental, ya que sugiere que cada grupo podría responder de forma diferente a los diversos medicamentos disponibles.
Para garantizar que los descubrimientos fueran sólidos, el modelo se puso a prueba en un segundo grupo independiente de niños. Los patrones de los tres perfiles se repitieron con éxito en esta segunda población, lo que demostró la validez y la utilidad del sistema de clasificación. Esto otorga una gran confiabilidad a los resultados obtenidos por los científicos.
El camino hacia una medicina personalizada para el TDAH parece ahora mucho más claro. Estos hallazgos permitirán que, en unos años, los profesionales elijan tratamientos basados en el mapa cerebral único de cada paciente. De este modo, la ciencia deja atrás las etiquetas generales para dar paso a soluciones a la medida de cada niño.

