TelepatIA, el asistente que apoya el trabajo de los médicos y ayuda a superar las brechas de salud en Latinoamérica

La sorpresiva muerte de su padre, en 2022, le cambió la vida a Nicolás Abad (Boston, Estados Unidos, 29 años). Intrigado por saber qué había acabado con la vida de ese señor de 58 años, aprovechó la reciente introducción de ChatGPT para averiguarlo. El sistema le dio una respuesta contundente: su papá tomaba varios remedios para la hipertensión, lo que pudo haber causado una interacción medicamentosa, es decir, una alteración en el efecto de un fármaco provocada por su combinación con otro, ciertos alimentos o una condición médica. Concluyó que un médico asistido por inteligencia artificial “habría podido salvarlo”.

Nacido en una familia de médicos, Abad estudió Derecho y Economía en la Universidad EAFIT y había emprendido en el comercio electrónico con una empresa que fundó en México. Pero en ese momento crucial decidió explorar las posibilidades médicas de la IA para evitar muertes prevenibles. Para alcanzar ese objetivo, cursó en la Universidad de Stanford un MBA y una maestría en Inteligencia Artificial aplicada a la Salud.

Allí comenzó a darle forma a su idea junto con Tomás Giraldo (New Haven, Estados Unidos, 29 años), su amigo de siempre. Giraldo también provenía de una familia de médicos y había seguido ese camino. Estudió Medicina en la Universidad CES y realizó una investigación en ciencias básicas en la Universidad de Texas. Su trabajo en Urgencias le permitió entender cómo la presión del tiempo y la carga administrativa dificultan las decisiones clínicas.

Una cosa llevó a la otra: Abad sabía cómo desarrollar empresas tecnológicas; Giraldo conocía las limitaciones y retos de la práctica diaria. Esas dos experiencias confluyeron en el diseño de TelepatIA.

La idea maduró en StartX, una incubadora vinculada a Stanford y comenzó a trabajar el 18 de enero de 2025. La experiencia de Abad facilitó conseguir nueve millones de dólares de capital ese año. Varias instituciones aceptaron probar el sistema y las observaciones de sus médicos permitieron ajustarlo. Las ventas comenzaron a mediados de ese año.

TelepatIA está silenciosamente presente en la consulta. Escucha la charla y crea un borrador de la historia clínica. De ese modo, el médico puede involucrarse en una conversación más personal, cara a cara, sin teclado de por medio. Después, como el sistema conoce el contexto, puede resolver las dudas con respuestas basadas en literatura científica. Abad lo describe como “un segundo cerebro” para el profesional.

A esto se suma un motor de apoyo que compara la atención con las guías clínicas aplicables. Si detecta un error, activa una alerta y presenta las referencias que el médico puede revisar para decidir. Según los datos, TelepatIA ya ayuda a prevenir más de 9.000 errores médicos al día y mejora del 84% al 99% la adherencia de los pacientes a los protocolos clínicos, es decir, el grado en el cual siguen las prescripciones.

Esa especie de copiloto aconseja, no prescribe. TelepatIA fue entrenado con literatura médica revisada por pares, guías clínicas y protocolos propios de Latinoamérica, por lo que tiene en cuenta las diferencias nacionales y regionales al ofrecer información. Puede mostrar las alergias, los exámenes previos y los antecedentes del paciente en tiempo real, algo que un chatbot genérico no puede hacer.

Además de transcribir la consulta, se conecta con más de 22 sistemas de historia clínica de hospitales para detectar interacciones de medicamentos, riesgos para el paciente y fallas en el cumplimiento de protocolos. Y, a diferencia de las IA que automatizan decisiones, mantiene la decisión en manos del doctor. “Tenemos un respeto irrestricto por la autonomía del médico”, afirma Giraldo. La herramienta tampoco está dirigida a pacientes que quieran autodiagnosticarse.

TelepatIA permite al médico dedicar menos tiempo a tareas administrativas, un apoyo importante en América Latina, donde médicos y enfermeras destinan entre el 40% y el 70% de su jornada a esas labores. Es un problema grave, pues en la región solo hay cerca de dos galenos por cada 1.000 habitantes y Colombia solo cuenta con 1,5 enfermeros y matronas por 1.000 habitantes, frente a 9,5 del promedio de la OCDE.

Abad considera que la tecnología puede cerrar en parte esa brecha. “La salud necesita más médicos, pero es algo difícil de alcanzar en el corto plazo. Lo que buscamos es optimizar su trabajo”, afirma. De hecho, estima que TelepatIA devuelve a cada facultativo un promedio de 1,7 horas al día.

El sistema ya trabaja con más de 30 instituciones que suman más de 100.000 médicos y enfermeras, como la Fundación Santa Fe de Bogotá, Colsubsidio y Salud Total en Colombia, y grupos listados en bolsa como Mater Dei, Kora Saúde y Hapvida en Brasil. Así, ha alcanzado a más de 14 millones de pacientes.

La acogida del producto y sus resultados han mantenido el interés de los inversionistas. En marzo de 2026, la firma Andreessen Horowitz lideró una ronda de capital por 33 millones de dólares, en la que participaron el director de tecnología de Palantir, Shyam Sankar, y David Vélez, cofundador de Nubank. Con esa operación, la compañía terminó de captar 42 millones de dólares en poco más de un año y alcanzó una valoración cercana a los 200 millones.

Para finales de 2027, espera poner su tecnología en manos de 950.000 médicos, la mitad de los 1,9 millones de América Latina. En eso avanzan sus equipos de médicos e ingenieros en Chile, Argentina y México, sumados a los de Colombia y Brasil. Hoy TelepatIA tiene 40 empleados, repartidos por mitades entre Bogotá y São Paulo.

La empresa trabaja principalmente con instituciones de salud que adquieren el sistema y lo adaptan a sus protocolos. Muchos médicos rurales, sin embargo, ejercen por fuera de estas organizaciones y carecen de acceso a esa tecnología. Para llegar a ellos, TelepatIA abrió una versión gratuita que permite consultar guías clínicas y evidencia científica, sin la personalización ofrecida a los hospitales. “Nuestra misión de hacer más eficiente la atención médica no puede limitarse a las grandes instituciones. Necesitamos cerrar la brecha de acceso que afecta a las zonas rurales y creemos que el software puede contribuir a lograrlo”, dice Giraldo.

Redacción

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