En un contexto en el que la vida en la ciudad avanza sin tregua, el mundo rural emerge como un espacio de reconexión con lo esencial. Con solo 18 años, Arnau Moldero decidió cambiar su vida por completo; dejó Barcelona y se trasladó a vivir al campo. Mientras otros seguían caminos más tradicionales y establecidos, él apostó por la autosuficiencia en plena naturaleza.
Desde pequeño ha tenido una vinculación especial con los animales y esta pasión lo ha llevado a construir su vida junto a ellos. “Desde los 3 años me imaginaba viviendo con animales en la granja, incluso con una cama entre una vaca, un cerdo y una cabra, tenía una pasión muy grande por los animales de pequeñito”, cuenta en una conversación con La Vanguardia. Durante su infancia los veranos siempre estuvieron vinculados al campo, ya que sus tíos tenían animales en el pueblo “lo recuerdo con muchísimo cariño y mucha felicidad”, asegura.

Dejar el estrés de la ciudad para encontrar la paz en el campo
Su pasión por los animales lo llevó a estudiar un grado medio de Agricultura y Ganadería Ecológica, que le permitió aprender algunas cosas y cuando obtuvo la mayoría de edad se trasladó a vivir a la montaña. Durante su infancia, sus fines de semana los pasaba en una casa que sus padres tenían en las afueras que es donde actualmente vive, en un pequeño pueblo de 100 habitantes. Al principio sus padres no estuvieron del todo de acuerdo con la idea de trasladarse, pero finalmente les pudo convencer.
Uno de los principales desafíos a los que tuvo que enfrentar cuando se mudó fue acostumbrarse a tener que gestionar el tiempo y el dinero. “Estaba muy bien acostumbrado en casa de mis padres; me vine solo y lo tenía que hacer todo, comprar la comida, pagar la gasolina del coche y también invertir dinero en el proyecto de la cría de los animales”, cuenta. La vida en el campo es lo que le hace más feliz y es muy bonita, aunque “también requiere mucha responsabilidad”.
El principio no fue fácil, ya que la idea inicial era montar una granja de conejos, pero sus padres no estaban muy conformes. Para tener una cierta estabilidad empezó a trabajar en una casa rural y “tener una seguridad para que me permitieran quedarme aquí a vivir”. En paralelo, creó su proyecto de cría de conejos, pero no salió bien “empecé a saco, invertía todo lo que ganaba en el proyecto, y la verdad que no tuve buenos resultados. Después de dos años del proyecto, tuve que decidir dejarlo todo y regalar los animales”.
Este primer fracaso no hizo que se viniera abajo y decidió cambiar el modelo de negocio y dedicarse a criar conejos domésticos “para la gente de ciudad que quiera tener un animal de compañía, que sepa que viene a un sitio que está bien cuidado”, cabras, gallinas y patos. “Menos los conejos, todo es para autoconsumo”, señala. Su día a día es muy sencillo: a primera hora baja a la granja “abro a las cabras para que salgan a correr por la montaña, revisó que los conejos estén bien, vigilo los nidos y compruebo que las crías no tengan ningún problema, pongo comida, limpio y hago algún vídeo para las redes sociales”, relata. Por la tarde, la jornada sigue tranquila “cojo el coche y voy a ver animales en la montaña o bajo otra vez a la granja, depende del día”.

Durante la primavera, hay más trabajo porque también tiene que estar pendiente del huerto. La tarea que tiene más complicación en su vida diaria es preparar la leña “talar los árboles que están secos y mover la leña porque es un trabajo muy físico, es la tarea más difícil”, confiesa.
Desde el primer año, Arnau decidió pagar un alquiler por la casa a sus padres, aunque en sus planes está la idea de trasladarse a un sitio más aislado. Lo que tiene claro es que su futuro está vinculado al campo: “No volvería a Barcelona ni por millones, cuando llevo tres días ya no aguanto más”, confiesa. Lo que más valora es la libertad “de hacer lo que quiera en mi día a día, de controlar mi tiempo y no depender de una persona que me diga donde tengo que estar. Eso lo valoro muchísimo”, asegura.
Además, vivir en un entorno natural también es una de las cosas que más le gusta de su vida: “Vivir en un sitio donde abres la ventana de casa y veas naturaleza, animales, y sin coches, ni contaminación, ruido y gente estresada. Aquí vas saludando a la gente porque la conoces”. Hay diversas formas de generar dinero viviendo en un entorno rural, Arnau, que es un gran apasionado de los conejos, ha decidido dedicarse al cuidado de estos animales.

“Elegí el criar conejos como mascota, pero no de la forma tradicional en jaulas pequeñas, sino espacios lo más amplios posible que puedan vivir en grupo. Que la gente vea cómo se están criando sus animales a través de vídeos para que cojan la confianza de que sepan que están en un sitio adecuado”, relata. Durante los primeros años, todo lo que ganaba lo destinaba a su proyecto “incluso me planteé dejarlo en algún momento”, pero finalmente el negocio salió adelante.
A nivel personal, esta experiencia le ha cambiado la vida y “me da mucha satisfacción saber que estoy creando este estilo de vida. Tener un huerto, animales, comer sano, y saber que cuando tenga hijos podrán vivir esto desde pequeños y que puedan crecer en contacto con la naturaleza, y entender de donde vienen las cosas y valorar el plato de la mesa”, afirma. Arnau confiesa que pensar que podrá transmitir a sus hijos el proceso que conlleva “producir” lo que me comen “me pone y contento y me hace sentir en paz”.
Desde que empezó su vida en el campo, Arnau decidió contar cómo estaba siendo esta experiencia a través de las redes sociales “fue una necesidad interior, porque lo que estoy viviendo es increíble”. En su cuenta @todocorraleros, tiene más de 30 mil seguidores y busca compartir su estilo de vida “con más gente porque seguramente se sientan como yo y no tenga familiares que les puedan acercar al campo o que sepan como se vive aquí y que se puedan beneficiar de ello”. Además, las redes también le han permitido gestionar la venta de los conejos y la gente puede ver como se crían y como viven en el campo.
Sin embargo, tanto Arnau como su pareja, que vive con él desde hace 5 años, lo que más echan de menos es estar junto a su familia y amigos. “Ir a tomar un café con amigos, esto ahora se complica mucho, pero hacemos otro tipo de planes y cuando vienen se quedan en casa unos días y estamos en la montaña”. El futuro de este joven catalán está vinculado al campo. “Estoy pensando en adquirir una finca bastante amplia donde pueda tener más animales, y hacer proyectos con vacas, ovejas, y crear un poco de granja”, cuenta. Desde el primer año, Arnau y su pareja pagan un alquiler por la casa de sus padres, pero su idea es comprar una casa que puedan reconstruir.
Hoy, 6 años más tarde, no solo vive en el campo, sino que vive de él. Ha creado su propia granja de conejos y ha conseguido vivir de lo que realmente ama, tener una vida sencilla, pero que le hace muy feliz. Por eso, empuja a todos aquellos que se plantean abandonar la ciudad y mudarse al campo a que lo hagan. “Vale la pena y hay muchas opciones, puedes comprar o alquilar, pero si echas números, el estilo de vida en la montaña te puede costar tranquilamente la mitad del estilo de vida en la gran ciudad. Es mucho más económico y satisfactorio si realmente es lo que te gusta y no pierden nada por probarlo”, asegura.
Marta Sánchez

