El prestigioso diario estadounidense The New York Times destacó la llegada que se produjo en los últimos años de miles de trabajadores a la provincia de Neuquén para trabajar en el yacimiento petrolífero de Vaca Muerta y cuestionó si la formación geológica de más de 35.000 kilómetros cuadrados podrá resolver la “inestabilidad económica crónica” del país a partir de una “afluencia masiva de dólares de las exportaciones”.
El artículo se tituló “¿Podrá el ‘Texas argentino’ salvar la economía del país?“, en alusión estado líder en la producción de petróleo y gas natural en Estados Unidos, junto con Oklahoma y California.
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Gran parte del desierto árido del noroeste de la Patagonia luce igual que hace 100 millones de años: una vasta extensión prehistórica donde alguna vez vagaron los dinosaurios más grandes del mundo.
Pero ahora irrumpió con fuerza otro tipo de gigante, con plataformas petrolíferas imponentes que avanzan por el suelo del desierto y excavan profundamente bajo él en una frenética carrera por el petróleo y el gas.
Las gigantescas patas de hierro de las plataformas están extrayendo petróleo y gas de esquisto a niveles nunca antes vistos en la Argentina, convirtiendo una tranquila zona del país en el vibrante centro de un nuevo auge del petróleo y el gas que está alimentando una ola de optimismo sobre el futuro.
“Llegamos a la tierra prometida”, dijo Raúl Krasuk, de 69 años, quien administra pozos en el sitio para Vista, una compañía energética argentina, mientras estaba sentado en una cafetería del yacimiento petrolífero que sirve pechugas de pollo a los trabajadores que vinieron de toda la Argentina para disfrutar de una parte de la bonanza.
El presidente Javier Milei calificó el yacimiento de petróleo y gas como una “panacea” para la Argentina, con el potencial de resolver la crónica inestabilidad económica del país mediante una afluencia masiva de dólares provenientes de las exportaciones. Apostó fuertemente por este proyecto.
Por primera vez en la historia del país, el petróleo crudo superó a la harina de soja como principal producto de exportación este año. Ahora, muchos en el sector petrolero invocan la promesa de un segundo auge tras el agrícola que, hace más de un siglo, convirtió a la Argentina en uno de los países más ricos del mundo.
“Esta es la gran oportunidad que tiene la Argentina para prosperar”, dijo Rolando Figueroa, gobernador de la provincia de Neuquén, donde se encuentra la zona rica en esquisto bituminoso a la que muchos se refieren como el Texas argentino. El fondo de cobertura del multimillonario estadounidense Peter Thiel, que se afianzó en la Argentina , informó recientemente que había adquirido acciones de Vista por valor de más de 76 millones de dólares.
Sin embargo, muchos cuestionan si Vaca Muerta puede realmente impulsar el renacimiento económico de la Argentina, un país frenado en las últimas décadas por la inflación galopante y las crisis cambiarias. Numerosas empresas están cerrando debido a que las medidas de austeridad de Milei debilitaron la demanda interna, mientras que la reducción de las barreras comerciales abrió las puertas a una competencia más barata para las empresas locales, lo que alimenta el escepticismo sobre si el auge petrolero podrá generar suficientes empleos para absorber las pérdidas generalizadas en otros sectores.
Los sectores económicos que prosperan bajo el mandato de Milei —energía y minería— crean relativamente pocos puestos de trabajo, mientras que los que requieren mucha mano de obra, como la manufactura o el comercio minorista, están sufriendo.
El Presidente afirma que Vaca Muerta impulsará una actividad económica más amplia, pero por ahora, muchos trabajadores que participan en la fiebre del oro negro llegan en autobuses con solo una mochila y una carpa, huyendo de los bajos salarios o la falta de trabajo en otros lugares.
Añelo, el pueblo más cercano a las reservas de petróleo y gas, llegó tanta gente esperanzada que el alcalde ha suplicado a los forasteros que dejen de venir. “No hay tanto trabajo para todos”, dijo el intendente Fernando Banderet en la radio el mes pasado.
El pujante sector energético aporta una nueva y muy necesaria inyección de dólares a la Argentina, un país con escasez de liquidez, lo que le permite consolidar un papel más relevante en los mercados energéticos mundiales, debilitados por el conflicto en Irán. Sin embargo, la dependencia del fracking está generando preocupación ambiental a nivel local e interrogantes sobre el compromiso del futuro del país con los combustibles fósiles, que gran parte del mundo se comprometió recientemente a abandonar.
A pesar de estas preguntas y desafíos, lo que está claro es que gran parte del país tiene la mirada puesta en Vaca Muerta. “Es una revolución”, dijo Banderet.
Fiebre de Vaca Muerta
Banderet llegó a Añelo de niño, cuando era una pequeña y pobre comunidad rural. Pasó gran parte de su juventud viviendo en un micro adaptado, se convirtió en padre a los 16 años y empezó a trabajar como recolector de fruta.
Ahora todo cambió. Mientras gobiernos y empresarios extranjeros lo cortejaban para ofrecerle oportunidades relacionadas con el petróleo en Añelo, él afirmó haber asistido a la segunda investidura del presidente Donald Trump, haber viajado a Israel y haber asistido al festival de cine de Cannes. “Es la fiebre de la Vaca Muerta”, dijo.
En los últimos dos años, miles de personas llegaron a Añelo. Algunos inicialmente durmieron en carpa hasta que pudieron permitirse una cama en una de las viviendas prefabricadas que surgieron casi de la noche a la mañana. La población de Añelo se duplicó en los últimos dos años, llegando a 12.000 habitantes, dijo Banderet, mientras el sonido de los martillos resonaba a sus espaldas durante la ampliación del ayuntamiento.
El zumbido de los motores se había convertido en la banda sonora del pueblo: un coro de motores de las camionetas blancas de los trabajadores petroleros que trababan la carretera principal, el chirrido de las hormigoneras que batían hormigón fresco y el rugido de las plataformas de perforación a lo lejos.
Una tarde reciente, Sabino Poblete, de 46 años, trabajaba en la construcción de nuevos apartamentos. El crepúsculo del desierto teñía de naranja los pilares de hormigón desnudo, mientras las llamas de las antorchas de gas parpadeaban en el horizonte. Poblete había llegado a Añelo apenas cinco días antes, procedente de Córdoba, haciendo dedo con una mochila y carpa. “Vine a probar suerte”, dijo.
En la estación de servicio cercana, otros trabajadores migrantes esperaban un colectivo. “En todas partes dicen que esta es la capital del petróleo”, dijo Ezequiel Barrozo, de 27 años, quien emigró a Añelo desde Rosario este año. Según contó, triplicó su salario de policía en su ciudad natal al encontrar trabajo en la construcción en Añelo. “La gente me decía que si venía acá tendría una gran oportunidad”, agregó.
Este optimismo propio del Lejano Oeste se percibe en toda la provincia de Neuquén, que rodea Añelo. Los restaurantes están llenos y proliferan hoteles y complejos residenciales con nombres como Hotel Esquisto o Complejo Residencial Petrolero. Centros comerciales y concesionarios de camiones surgen en extensas llanuras áridas, antaño dominadas por el viento y los huesos de dinosaurios.
En lo alto de las orillas del río Limay, jóvenes ingenieros de toda la Argentina se sientan en la sala de control de alta tecnología de Vista para monitorear de forma remota los sitios de extracción.
A pocos kilómetros de distancia, jóvenes argentinos aprenden oficios petroleros de forma gratuita en un nuevo instituto de capacitación patrocinado por la petrolera estatal argentina YPF y otros actores del sector. Una tarde reciente, los estudiantes utilizaron estaciones de control interactivas para realizar simulaciones de trabajo inmersivas. En un país donde un gran número de jóvenes profesionales buscan oportunidades en el extranjero, estos estudiantes manifestaron su entusiasmo por sus carreras en Argentina. “¡Hola, futuro del país!”, dijo el director de la escuela, Gustavo Livoreiro, al entrar en un aula.
Cambio transformacional
En Neuquén emergía una nueva visión del país, una imagen distinta a la de las fértiles tierras de cultivo y sus gauchos, que durante mucho tiempo habían definido a la nación. Acá, el futuro de la Argentina se asemeja a enormes tanques de gasolina con tolvas metálicas apuntando hacia el cielo del desierto, y se respira el olor a diésel mientras hombres cubiertos de lodo extraen tuberías de perforación de las profundidades de la tierra.
La formación de esquisto Vaca Muerta, que alberga las cuartas mayores reservas mundiales de petróleo de esquisto y las segundas mayores de gas de esquisto, era conocida desde hace décadas, pero la Argentina solo recientemente consiguió la inversión e importó la tecnología avanzada necesaria para extraerla a gran escala. Ahora, la Argentina produce más de 850.000 barriles de petróleo al día, frente a los aproximadamente 500.000 de hace una década.
En los últimos 10 años, Vaca Muerta contribuyó a transformar el déficit energético multimillonario de la Argentina en un superávit, y se esperan mayores beneficios en el futuro, especialmente en medio de crisis mundiales que aumentaron el atractivo de un suministro energético estable y libre de conflictos.
Milei impulsó el sector energético con importantes exenciones fiscales a la inversión y facilitó la exportación de combustible, promoviendo así el avance de un nuevo oleoducto vital. Si bien gobiernos argentinos anteriores sentaron las bases en Vaca Muerta, la administración libertaria ahora está en condiciones de cosechar los frutos de su trabajo.
La explotación del gas de esquisto, combinada con un nuevo ajuste presupuestario por parte del gobierno, marca “un cambio estructural, fundamental y transformador”, dijo Marcelo Mindlin, presidente de Pampa Energía, una de las mayores empresas energéticas de la Argentina. “La Argentina fue un símbolo de inestabilidad”, dijo y añadió: “Estos dos cambios tienen una oportunidad real de reescribir esa historia”.
“O estás dentro o estás fuera”
Esta confianza no es generalizada. La Argentina sigue profundamente dividida respecto al nuevo rumbo del país. Los críticos señalan que, mientras la maquinaria ruge en las zonas petroleras, en centros industriales como la provincia de Buenos Aires, las líneas de montaje se quedaron en silencio.
La desigualdad es evidente en Neuquén. Muchos de quienes trabajan fuera del sector energético, como maestros o empleados municipales, no pueden permitirse un nivel de vida básico debido al alto costo de la vivienda. Incluso aquí, en la capital energética del país, la eliminación de los subsidios estatales por parte de Milei encareció el gas para muchos. Algunos, incluidas algunas comunidades indígenas mapuches, carecen de conexión de gas en sus hogares. “Esta es la paradoja de la nueva Argentina”, dijo Lef Nawel, activista mapuche de Neuquén. “O estás dentro o estás fuera”, afirmó.
Los mapuches, que mantienen vínculos muy profundos con la tierra donde se realizan estas operaciones, fueron los opositores más firmes a la fracturación hidráulica. Protestan contra las llamaradas de gas contaminantes, afirman que los residuos químicos de las plantas a menudo se gestionan de forma inadecuada y advierten que el consumo de agua de la industria amenaza con agotar los ríos que ya sufren los efectos del cambio climático.
“Ellos extraen el petróleo y se lo llevan”, dijo Olga Mabel Campo, líder de la comunidad mapuche. “Pero nosotros somos los que nos quedamos”, siguió. El hijo de la señora Campo trabaja en la industria petrolera. A pesar de su oposición, era el mejor trabajo que pudo encontrar en la ciudad, según comentó.
Cuando una llave inglesa de hierro se descontroló y le golpeó la cara, le arrancó todos los dientes y le laceró la boca. En otra ocasión, una caída desde una plataforma petrolífera le fracturó la columna vertebral y le rompió la pierna.
Gracias a la indemnización por accidente laboral, dijo, él pudo construir una casa en Añelo. Y sigue trabajando en el sector. “Es algo imposible de detener”, dijo la Sra. Campo y cierra: “Dicen que Vaca Muerta va a salvar al mundo”.
Por Emma Bubola

