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Tibidabo, 125 años de fervor y magia

Quedan en Barcelona muy pocas cosas que generen semejante unanimidad. La reforma de la Rambla gusta porque el paseo estaba antiguo y descuidado. Y no convence porque se pierde la singular baldosa en forma de ola que bajaba hacia el mar. A favor del Park Güell porque se ha regulado la entrada, pero en contra porque los locales tenemos que pedir permiso para acceder. Estupendo el eje verde de Consell de Cent, pero fatal porque está todo el día lleno de furgonetas y qué mal todo el tráfico derivado a València. ¿El Tibidabo? Mágico, estupendo, un símbolo de la ciudad a la altura de las Golondrinas o –colonialismo a un lado– Copito de Nieve. 

El logo oficial entre 1977 y 1988

El logo oficial entre 1977 y 1988PARQUE DE ATRACCIONES TIBIDABO

El parque de atracciones de la cima de Collserola es un clamor sin fisuras que ha superado dos guerras mundiales y una civil, una semana trágica, crisis económicas, tormentas, nevadas, el boom de la tecnología y la irrupción de los parques temáticos. También ha sobrevivido a 51 alcaldes, así que este año, en su 125º aniversario, tiene motivos de sobra para soplar velas con orgullo y satisfacción.

El doctor Salvador Andreu consiguió lo que Eusebi Güell no pudo llevar a cabo a pesar de tener a su lado a Antoni Gaudí. La ciudad jardín de la avenida Tibidabo, con arquitectos como Enric Sagnier o Adolf Ruiz Casamitjana, salió adelante mientras en las mismas fechas, a principios del siglo XX, la urbanización de 60 casas previstas en lo que hoy es el barrio de la Salud naufragaba ante la ausencia de demanda, lastrada, sobre todo, por la falta de transporte. La ciudad acabó comprando el Park Güell, abierto al público en 1926. El Ayuntamiento terminaría, muchas décadas después, en el 2002, adquiriendo también el parque de atracciones tras echar mano del derecho a tanteo y retracto y desembolsar unos a 18 millones de euros.

El recinto se ha ido modernizando, pero el elemento que le da prestigio es el museo de los autómatas

La Torre de Collserola, el observatorio Fabra, el hotel la Florida, el templo del Sagrado Corazón y las luces del parque de atracciones. Si hay algo que une a los 73 barrios y los 10 distritos es el skyline alpino. Josep Darné, vecino de Verdun (Nou Barris) califica esta postal como “el faro de todos los barceloneses”. Este hombre guarda en su casa la mayor colección de postales y recuerdos del Tibidabo. Todo debidamente catalogado y archivado a lo largo de casi 50 años. “Aquí estaba el supertobogán, pero lo acabaron cerrando porque tú mismo lo frenabas y hubo algunos sustos. Esto son los platillos de combate, que tenían una palanca que te permitía subir y bajar la nave. Y esto fue el primer carrusel eléctrico, donde ahora están los autos de choque. Ese el primer avión; lo instalaron en 1928, pero en 1930 se desancló por una tormenta y lo cambiaron. Si te fijas en la cola, es más cuadrada que la actual”. Si se tiene una cierta edad, basta con cerrar los ojos y escuchar a Josep para ir evocando tiempos pretéritos en el Tibidabo. Antes de la Mina de Oro, el Diávolo, la montaña rusa, el hotel del terror; antes incluso del barco pirata, abierto en 1989.

Las letras de Barcelona en el mirador, una de las novedades de la temporada iniciada hace un par de semanas

Las letras de Barcelona en el mirador, una de las novedades de la temporada iniciada hace un par de semanasXavi Cervera

Los platillos de combate que subían y bajaban, en 1986 

Los platillos de combate que subían y bajaban, en 1986 PARQUE DE ATRACCIONES TIBIDABO

El 29 de octubre de 1901 la cima se inauguró con una oferta muy modesta. Ese mismo día se estrenaron el funicular y el añorado Tramvia Blau, que ya eran de por sí una atracción. En el parque recibían, entre otras distracciones, algunos autómatas y un foco gigante que iluminaba Barcelona. Pronto llegaron los espejos grotescos y un teatro, y en 1912, el doctor Andreu se trajo de Senegal una tribu entera para hacer las delicias de los visitantes. La memoria de este vecino de Nou Barris tan anónimo como necesario permite comprobar que el Tibidabo nunca ha dejado de modernizarse: el avión en 1928, el castillo encantado en 1955, los autos de choque en 1963, el huracán en 1992. Y más recientemente, ya en manos públicas, el teatro Dididado, inaugurado en el 2007, o la caída libre Merlí, en el 2024.

“Aquí se encuentran a menudo tres y hasta cuatro generaciones que comparten y crean nuevos recuerdos”

Aunque para Josep, el lugar más emblemático y que mayor prestigio aporta al Tibidabo es el museo de los autómatas, “único en el mundo”. Abrió en 1982 y alberga una de las mejores colecciones del planeta, con muchas de las centenarias piezas compradas a conocidos fabricantes franceses, como Vichy-Triboulet. Antes de exhibirse propiamente como museo, el parque ya tenía un espacio en el que exponía estas figuras con vida propia. Tal era el nivel, recuerda Josep, que se dice que Walt Disney, durante su visita al Tibidabo en 1957, extendió un cheque en blanco para llevarse la colección. “Afortunadamente, la familia Andreu le dijo que no estaba en venta”.

El primer cartel que anunciaba el parque 

El primer cartel que anunciaba el parque ARCHIVO

Un ‘photocall’
y un nuevo restaurante

La nueva temporada del parque de atracciones arrancó hace un par de semanas con dos novedades, aunque una es ya una realidad y la otra llegará en junio. La primera es la inauguración, en el mirador, del cartel con las letras de Barcelona, algo habitual en muchas ciudades pero insólito en la capital catalana. Se ha convertido en un auténtico photocall. Es obra de MIAS Arquitectes, el despacho que diseñó la Cuca de Llum. En junio abrirá sus puertas el nuevo restaurante del chef Rafa Zafra. Ocupará el histórico edificio de La Masia, inaugurado en 1901 y reformado en los años 50 y 60 del siglo pasado. También se ha estrenado una película en 4D protagonizada por las cuatro mascotas del parque (Ti, Bi, Da y Bo). Décadas atrás, las mascotas eran dos perros, y antes de los canes estuvo la bruja Pirula.

La montaña rusa, en una imagen de 1966 

La montaña rusa, en una imagen de 1966 PARQUE DE ATRACCIONES TIBIDABO

Con 650.000 visitantes anuales, el parque se mantiene como un fortín de público local y metropolitano, según señala a La Vanguardia la directora del Tibidabo, Rosa Ortiz, en el cargo desde el año 2002. “Es un espacio –prosigue– profundamente arraigado a la memoria colectiva de Barcelona. Aquí se encuentran a menudo tres y hasta cuatro generaciones de una misma familia, abuelos, padres e hijos que comparten y crean nuevos recuerdos”.

Redacción

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