Jonathan Del Río ingresó a Transportes La Perlita antes de cumplir la mayoría de edad. Su desempeño lo promovió a nuevas tareas hasta convertirse en jefe de Gestión de Tráfico y Operaciones. Pero la carrera laboral tuvo un final abrupto que dispara una pregunta central: ¿una fotografía en la oficina de una concejala es causal de despido por considerar que el trabajador incumplió con sus funciones? Por supuesto que el despido ejecutado el pasado 5 de agosto ofrece el marco donde el poder y la política juegan: la licitación del transporte público para los próximos 10 años. El 5 de agosto, después de casi dos décadas de trabajo, su relación laboral terminó abruptamente.
Según relató a Desalambrar, fue convocado a Recursos Humanos y el gerente de Operaciones le comunicó que la empresa había perdido la confianza en él por una “señal o mensaje” que La Perlita no quería transmitir. Cuando preguntó cuál era esa señal, la respuesta fue: “Una foto”.
Del Río sostiene que se trataba de una fotografía que no mencionaba a la empresa ni generaba ningún perjuicio para La Perlita. La imagen socializa el encuentro con la concejala Noemí Aguilera, presidenta del bloque de Fuerza Patria, con quien mantenía vínculos habituales por cuestiones relacionadas con el transporte y problemáticas vecinales.
Una función que incluía el vínculo con municipios
Uno de los ejes de su planteo es que, por las características de su puesto, mantener contacto con funcionarios y referentes de distintos municipios formaba parte de su función.
Como jefe de Gestión de Tráfico y Operaciones tenía a su cargo la diagramación de recorridos, el cuerpo de inspectores, el seguimiento de la red y la interacción con organismos de tránsito, transporte y seguridad de Moreno, Merlo y General Rodríguez.
Del Río aseguró que esos vínculos eran habituales y que incluso elaboraba informes para transmitir a la empresa las problemáticas detectadas en territorio.
“Vos tenés que acercarte a trabajar con los referentes de la comunidad, sea quien sea. No tenés que ver si es de La Libertad Avanza o del peronismo. Sos una empresa de transporte que le da un servicio y te tiene que importar resolver los problemas de la gente”, sostuvo.
En el caso de Aguilera, explicó que el vínculo venía desde 2019 y que la concejala le acercaba reclamos vinculados al transporte en Cuartel V y otros sectores del distrito.

“Si era con un concejal de La Libertad Avanza, ¿no había problema?”
El trabajador despedido interpreta que detrás de la desvinculación podría existir un componente político. La particularidad que señala es que, según afirmó, la carta documento de la empresa menciona expresamente a Noemí Aguilera y su pertenencia política.
“¿Cuál es el problema? ¿Que si era con un concejal de La Libertad Avanza no había problema? Entonces, ¿cuál es que hay una discriminación hacia el sector político de este tipo? No lo entiendo”, cuestionó.
A esto suma otro elemento que considera contradictorio: en la respuesta a la intimación enviada por su abogado, la empresa habría cuestionado las funciones que él asegura haber desempeñado durante años.
“Dicen que yo no hacía nada de lo que digo que hacía, que no tenía cargo sobre los inspectores, que no estaba dentro de mis funciones interactuar con la Policía”, relató.
Para Del Río, esa argumentación resulta incompatible con la documentación que conserva: notas firmadas con su nombre y apellido, en carácter de representante de La Perlita, dirigidas a distintas áreas municipales.
“¿Qué era, un ñoqui? ¿Qué hacía? ¿Me pagabas un sueldo para no hacer nada? Entonces, ¿por qué no me echaron antes?”, planteó.
“Me sacaron como un delincuente”
El despido también tuvo, según su relato, un fuerte impacto personal. Aseguró que aquel día le retiraron sus pertenencias y debió entregar el teléfono y la computadora que utilizaba desde hacía años para sus tareas.
“Me sacaron de la empresa como un delincuente. Así me sacaron”, afirmó.

Del Río, que nunca había trabajado en otra empresa desde que ingresó a La Perlita a los 17 años, contó que ahora tuvo que comenzar a preparar su primer currículum y afrontar una situación completamente nueva después de casi 20 años de trayectoria.
“Yo entré a los 17 años siendo menor de edad en Transportes La Perlita. Salía de la escuela Mariano Moreno, me sacaba el guardapolvo, me ponía la camisa, me cruzaba las vías y agarraba las monedas”, recordó.
También reivindicó el compromiso que, según sostiene, tuvo durante toda su trayectoria laboral: “Acá no es ‘me voy a las cuatro de la tarde y vuelvo a las ocho de la mañana’. Había un problema, un choque, un siniestro, lo que sea, y tenías que responder y levantar el teléfono”.
Consultado sobre el carácter monopólico de La Perlita, fue directo: “Espero que cambie, que haya cambios. Porque haciendo siempre lo mismo no vamos a tener resultados diferentes”.
Mientras prepara una eventual disputa judicial —aseguró que avanzará “hasta las últimas consecuencias”—, porque Jonathan Del Río se percibe como «una víctima más del monopolio La Perlita«.
Entrevista completa en Desalambrar Tv:



