Durante décadas las caravanas han sido concebidas como una solución práctica para viajar con cierta independencia, pero que implicaba tener que aceptar ciertas renuncias. No era extraño encontrarse con cocinas pequeñas, baños muy justos o dormitorios en los que el descanso quedaba condicionado por las limitaciones de espacio. Para muchos viajeros, la experiencia compensaba esas incomodidades porque, además, les permitía viajar con su propio coche, pero en ocasiones resultaba difícil hablar de un auténtico hogar sobre ruedas.
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