El fenómeno de las bandas latinas en Barcelona y su área metropolitana, o simplemente bandas juveniles, porque es cierto que las pandillas de ahora han ganado en multiculturalidad, ha pasado de ser residual a convertirse en un problema creciente. El asesinato la pasada noche de un menor de 15 años en el parque de la Pegaso, en el distrito de Sant Andreu, es la última y más trágica consecuencia de una realidad detectada por los Mossos desde hace meses. Después de unos años, entre el 2014 y hasta el 2023, en que estas pandillas no representaron riesgo alguno, estos grupos vuelven a estar bajo el foco de los responsables policiales, que diseñan un plan específico para abordar la cuestión.
En la ciudad de Barcelona, aproximadamente unos 400 jóvenes capitalizan la atención policial y desde el verano del año pasado vienen protagonizando cada vez más incidentes violentos con armas blancas, con los machetes como protagonistas de las trifulcas, aunque el incidente de la pasada noche, en una escalada de la violencia, confirma que las armas de fuego también se abren camino entre estos grupos
Los investigadores identifican dos grupos hegemónicos, los Trinitarios y Barrio 18. Funcionan como los primeros Ñetas y Latin Kings, que irrumpieron en Catalunya en el 2000 y que actuaban como franquicias vinculadas a las matrices en sus países latinoamericanos de origen. Aquellos jóvenes recién llegados a Catalunya encontraban en estas bandas el arraigo y el orgullo de pertenencia que habían perdido al verse obligados a abandonar sus países y llegar a un territorio en el que no encontraban su encaje.
Los integrantes de las bandas actuales son, en su mayoría, de la segunda y tercera generación. Aunque el liderazgo lo siguen ejerciendo principalmente jóvenes de origen latino, se detecta la presencia de norteafricanos, subsaharianos o españoles de varias generaciones que en lugar de crear su propia pandilla se unen a las ya existentes.
También la última oleada de inmigración hondureña ha proviocado la filiación inmediata de algunos recién llegados. “Eran pandilleros allá y en cuanto aterrizan la buscan aquí”, advierte un analista. Son bandas que tienen entre sus filas a chicos y chicas cada vez más jóvenes, incluso menores de 14 años, con la dificultad policial y judicial que eso comporta para tratar de frenar el fenómeno.
Al igual que los Mossos, la Guardia Urbana de Barcelona hace tiempo que tiene en el foco este fenómeno. Dos de sus investigadores se dedican en exclusiva a trabajar las bandas latinas a partir de los datos que aportan las patrullas de proximidad y de la interlocución con los centros educativos. La actividad más importante de estos grupos juveniles se ha detectado en parques de Horta-Guinardó, Nou Barris y Sant Andreu, entre ellos el parque de la Pegaso, un territorio dominado por los Trinitarios. También ha aumentado la incidencia de estas bandas en Sant Martí, así como en Les Corts y Sants-Montjuïc, este último distrito por su proximidad a l’Hospitalet, ciudad con una problemática específica que se ha convertido en uno de los factores que han obligado a las administraciones a reforzar la presencia policial
Trinitarios y Barrio 18 protagonizaron el año pasado, la madrugada del 28 al 29 de julio, un enfrentamiento a machetazos con tres heridos graves en las pistas polideportivas Antoni Gelabert, en la Via Favència de Nou Barris. Ese incidente supuso un punto de inflexión en la relación entre las dos pandillas predominante en Barcelona. Desde entonces los enfrentamientos entre ambas han ido en aumento, con una grado de violencia que en ocasiones se ha disparado.
A los dos grupos hegemónicos hay que añadir un tercero más discreto, los 300, que se ha aliado con Barrio 18 en su rivalidad contra los Trinitarios.
Una treintena de grupos
La fotografía de las bandas juveniles en Catalunya está centrada en las ciudades de Bar4celona y l’Hospitalet, y en menor medida en otras ciudades del área metropolitana de Barcelona. Se calcula que puede haber una treintena de grupos, aunque ninguno con tanta presencia como los Trinitarios y Barrio 18. En algunos casos han dejado atrás la consideración de pandillas juveniles para consolidares como organizaciones delincuenciales dedicadas al tráfico de drogas y a los robos, y que en los últimos tiempos han protagonizado diversos incidentes. Uno de los más recordados se produjo el 28 de marzo en el parque de Les Planes, donde un joven dominicano murió de un balazo tras una reyerta anterior, si bien la familia de la víctima negó que fuera miembro de banda alguna.
Las pandillas asentadas en Catalunya no están vinculadas orgánicamente a las matrices en América Latina, aunque sí comparten elementos identitarios, símbolos y una estética que los identifica y distingue del resto de bandas. Su incursión en el mundo del tráfico de drogas es una evidencia, como lo son los enfrentamientos cada vez más violentos y la estrategia de captación de nuevos miembros, menores de 14 años, a las puertas de los centros educativos.
El plan de los Mossos para combatir este fenómeno pasa por la cooperación con las policías locales de los municipios más afectados y la participación de actores no policiales.

Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de ‘Desmontando el crimen perfecto’. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender



