«Tal vez me quieran apuñalar en la calle», sentencia el exfutbolista y productor musical Marcelo Ziliotto desde Dhaka, capital de Bangladesh. Lejos de la dulzura que muestran las redes sobre el romance entre aquel país y la Argentina tras Qatar 2022, cuenta que las cosas en la calle no son tan fáciles. «Acá es otro mundo», repite una y otra vez, sin dejar de aclarar que es «un pibe de barrio», acostumbrado a entornos de pelea y peligro.
Ziliotto se retiró del fútbol hace 15 años y se dedicó a la producción musical. Es argentino, tiene 50 años y vive hace muchos años en Barcelona. Se dedica a producir shows y «pinchar» discos donde el trabajo lo lleve. Hace poco estuvo en Tailandia, donde fue «estrella».
Ser DJ «es secundario» en su vida dentro de la industria, que lo acogió luego de la pelota, y por estas horas sus listas de temas repletas de cumbia hacen bailar a miles de personas en Bangladesh mientras la Selección Argentina defiende el título mundial en Norteamérica.
En algo menos de dos horas se va a ir a jugar un picado y mientras se prepara, le cuenta orgulloso a Clarín que es el primer y único argentino en «pinchar» cumbia en la lejana Asia.
«Yo siempre ando solo», dice, aunque en Bangladesh debe andar con custodios que lo cuidan y se quedan mirándolo cuando logra sumarse a algún partido.
«Son un amor, pero lo peligroso es cuando se pasan de emoción. Acá todo es muy extremista, es otro mundo«, describe Marcelo sobre su actual entorno, donde el amor por por Lionel Messi convive con el rechazo al cristianismo y los conflictos con Occidente.
Ziliotto viene de pasar música ante miles de personas en Bangkok, Tailandia, y su nombre llegó hasta la Daffodil International University en Bangladesh, entidad que lo contrató para pasar música en un auditorio para 10 mil personas mientras Argentina jugaba con Egipto por los octavos de final de la Copa del Mundo.
En el centro del corazón islamista, acuerda qué temas puede pasar y cuáles no, dependiendo de las letras; y busca hacerles entender a los lejanos fanáticos del equipo de Lionel Scaloni de qué se trata la música que escuchan cuando ven nuestro fútbol. Aquel del que se enamoraron hace 40 años, cuando Diego Maradona llegó al firmamento en México ’86.
Por las condiciones climáticas, le cuenta Ziliotto a Clarín, se mueve «todo el día bajo la lluvia». Desde el complejo del mencionado centro de altos estudios donde se aloja, camina cinco cuadras y se mete en un partido. «Tengo 50 años, soy un pibe de barrio, de la calle. Fui jugador del ascenso en España, en Italia. Ando por el mundo hace 25 años como un gitano«, enfatiza al resumir su vida.
Vivió de y con la pelota hasta los 35 años, y luego se dedicó a la producción musical. «En todos los géneros» y desde hace 15 años, detalla. «De emergencia» aprendió a ser DJ, como cuando hay que tirarla a la tribuna y acomodar al equipo para seguir en partido.
Durante enero, febrero y marzo de este año, Marcelo fue a trabajar a la capital tailandesa. «Son budistas, hay criminalidad, mucha fiesta y prostitución», describe para contraponer aquel contexto con el actual. Allí, cuenta, hizo fiestas y se convirtió en el primero, en todo el mundo, «en pinchar cumbia 420, villera y otras más». «Fueron exitosas», recuerda satisfecho.

En contraposición, explica, Bangladesh es islamista. «Estoy custodiado por ser argentino, por ser blanco y cristiano. Es muy, muy picante el tema religioso», asegura desde el complejo universitario en Dhaka, capital del país que en la Argentina cobró notoriedad y causó asombro durante el Mundial de Qatar 2022, por los festejos y el apoyo a la Scaloneta. «Hinchan por Argentina, pero cuando te metes acá es otra cosa».
En aquellas latitudes, el partido contra Egipto fue el martes a la noche y Ziliotto llevaba pocas horas allí. Acordó cuidadosamente la lista de canciones con las autoridades universitarias. «Acá no es musiquita para que muevan el culo porque es la cuna del Islam. La religión no permite esas cosas».
«Me bajaron temas por las letras y por el Islam. Si me equivoco, vienen los soldados. Esto es otro mundo», sentenció.
«Hice el primer show el día del partido con Egipto», dice Ziliotto, que hacía bailar bangladeshíes mientras en la Argentina los hinchas caminaban por la cornisa del infarto por el desarrollo del ya histórico partido que depositó a la Selección albiceleste entre las ocho mejores del planeta.
Marcelo le detalló a Clarín que está allí hace un par de días, y se presentó ante 10 mil personas que se juntaron a ver el partido. «Pedían música inglesa», recuerda. Pero no hizo caso. Decidió poner música «que canta la gente en la cancha, las originales».

«Para que entiendan ese sonido. Para que entiendan el ‘ruido’ que hay en la cancha. No reconocieron ninguna, pero se armó quilombo igual», dijo.
Es que su público de turno conoció y consumió al Messi del Barcelona y de allí tomaron cánticos y alabanzas como el «Meeeeeessi… Meeeeessi…», levantando y bajando los brazos como en el Camp Nou en días de gloria.
Sin embargo, relata, la experiencia fue exitosa como en Tailandia, y ya prepara las canciones para el domingo a la mañana de Bangladesh, en el mismo lugar, musicalizar el Argentina-Suiza. «Me armé una lista ya conociendo a la gente de acá. Les fui preguntando más allá de lo que me piden los de la universidad para que sean felices, más allá de la cumbia que yo les paso».
El show consiste en hacerlos bailar en la previa del partido y, dependiendo qué ocurra durante el mismo, tantear el ambiente y decidir si poner música o no y qué tema, en caso de optar por la primera opción. Contra Egipto, recuerda, el 0-2 no dio lugar a mucho y cuando se dio la histórica remontada, la situación se descontroló y debió ser resguardado por la seguridad de la universidad. Se habían «pasado de emoción».
Ziliotto describe a Bangladesh como un lugar «muy precario, la jungla de verdad» y hasta sostiene que las villas en la Argentina «son hoteles 5 estrellas» comparado con el escenario que lo rodea. Marcelo nunca, durante la conversación, deja de lado sus orígenes. Nació en Villa Devoto, vivió cerca de la cárcel y por cercanía y chances de colarse a la tribuna, se encariñó con Vélez. Pero es hincha de Lamadrid y hasta fue parte de la barra brava del club de Ascenso.
En Barcelona, por el barrio en el que vive, convive con paquistaníes, marroquíes y bangladeshíes. «Los conozco hace 25 años y los conozco perfectamente. Juego al fútbol con ellos. Son un amor».
No tiene claro qué hará luego del partido contra los suizos. Asegura que se da margen para analizar lo que vendrá, y por eso organiza estancias de entre 20 y 25 días adonde vaya. Se puso desde el principio a disposición de la universidad para incluso compartir sus conocimientos sobre fútbol con los locales. Su pasado como jugador le abre esa puerta, y asegura que lo une «amor» con la gente que lo recibió y lo vivó en el show.
«Los vagos la pasan bomba, le meto cumbia», reitera mientras se acerca la hora de que sea más inquietante a qué partido sumarse que la aparición de alguien que lo quiera apuñalar.
D.D.

