Casi 50 años en Moreno. Una vida atravesada por la enseñanza, la Historia y la escritura. De los primeros textos en papel a las redes sociales y los libros. Sergio Tagliaferro recibió un reconocimiento por su trayectoria cultural y aprovechó el encuentro para hablar de literatura, identidad, educación y una época que define como vertiginosa, distópica y atravesada por la posverdad.
El sábado 12 de septiembre, Sergio Tagliaferro fue distinguido por la Comisión de Promoción Cultural, Investigación y Preservación del Patrimonio de Moreno, junto a deportistas, artistas, escritores y gestores culturales. Agradeció la distinción por su trabajo literario, pero rápidamente llevó la conversación hacia otro lugar: el valor del encuentro, de la cultura y de quienes sostienen esas prácticas aun cuando no ocupan el centro de la escena.
En diciembre cumplirá 50 años en la ciudad y lo cuenta con una cuota de humor: espera que entonces le otorguen, finalmente, la “ciudadanía local”.
Pero su historia con la escritura empezó mucho antes.
A los 13 años escribió una carta de amor a una profesora de Literatura. No tuvo el desenlace esperado, pero la escritura quedó. Primero fueron las hojas de papel. Después llegaron los relatos publicados en redes, los portales y, finalmente, los libros.
Hace algo más de una década comenzó a escribir con mayor continuidad. Encontró en el cuento una herramienta para narrar en un tiempo que, según observa, dejó cada vez menos espacio para lecturas extensas.
“Si uno hace un relato de 20 o 30 páginas no se lee”, explica.
La frase no funciona solamente como una explicación sobre el formato. También revela su intento de encontrar una puerta de entrada para la literatura en una sociedad atravesada por la velocidad.
Una historia que se transforma
Tagliaferro estudió Historia Social en la Universidad Nacional de Luján y luego avanzó en una formación vinculada con la Historia Social Económica. Quería enseñar Historia Económica en el ámbito universitario. El trabajo y las circunstancias de la vida dejaron ese proyecto académico inconcluso.
La enseñanza, sin embargo, permaneció. Y también permaneció la necesidad de escribir. Los personajes de sus relatos nacen de experiencias, observaciones y situaciones que fueron quedando registradas a lo largo de los años. Hay elementos reales, pero la literatura los transforma.
Su primer libro, Las lecciones de Paula y otros relatos, reúne parte de ese universo. El segundo, El hombre que debía dos muertes, avanza sobre el grotesco y lo fantástico, con referencias al imaginario cordobés, la Pampa Gringa y una tradición cultural que también forma parte de su propia historia.
No busca establecer públicamente cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en cada personaje. La frontera, justamente, parece ser parte de la literatura.
Tagliaferro habla de dejar algo. Una página. Una historia. Un personaje.
Para explicarlo recuerda una anécdota relacionada con Raúl González Tuñón y su poema “Eche veinte centavos en la ranura”. Lo que le interesa de aquella historia es la posibilidad de que un texto se desprenda de su autor y empiece a circular por su cuenta.
La obra adquiere otra vida. Y esa, quizás, sea una de las aspiraciones más fuertes de quien escribe: que alguien recuerde lo que escribió.
Del escenario a la página
La escritura también salió del papel. En el Club Los Indios, durante una actividad por el Día del Inmigrante Italiano, Tagliaferro escribió un pequeño sainete grotesco. La historia tenía como protagonista a un supuesto empresario italiano y a una joven docente que intentaba conseguir permiso para cortejar a su hija.
Después vino lo inesperado. El autor tuvo que convertirse en actor. Frente a más de doscientas personas y después de los ensayos, terminó arriba del escenario junto a Lucía Giovanetti y Joan Naidel, presidente de SADE Joven Zona Oeste. La experiencia continuó posteriormente con una presentación en esa institución.
La escena resume algo de su relación con la cultura: escribir no significa necesariamente permanecer detrás de la página. El texto puede transformarse en voz, actuación, encuentro. La cultura sucede cuando circula.
“Con humilde arco y flecha”
Tagliaferro también entiende la escritura como intervención cultural. Habla de una actividad “contrahegemónica” y utiliza una imagen que parece sintetizar esa posición:
“Con humilde arco y flecha enfrentamos a los misiles”.
No desconoce la desigualdad entre las herramientas disponibles. Frente a los grandes dispositivos de comunicación, la viralización y la velocidad de las redes, coloca la escritura, la enseñanza y la producción cultural como pequeñas herramientas capaces, sin embargo, de disputar sentidos.
Ahí aparece su mirada sobre el presente.
Define la época como vertiginosa y “distópica”. En La seducción de la distopía, texto que escribió en 2024, ya había intentado abordar esa sensación.
Su análisis se desplaza entonces hacia la política y la cultura. Observa el crecimiento de las derechas en distintos países y cuestiona, desde su perspectiva, la utilización del miedo, el odio, la emoción y la falsedad como instrumentos de construcción política.
“Estamos en la época de la posverdad”, sostiene.
No se trata para él de una discusión exclusivamente partidaria. Es, fundamentalmente, una disputa cultural.
¿Para qué sirven los libros?
La pregunta parece encontrar una respuesta sencilla en Tagliaferro.
“Creo que aporta identidades”.
Los libros pueden hacer que alguien encuentre algo propio en un personaje ajeno. Una experiencia, una emoción, una escena, una forma de mirar. Quizás por eso sus relatos no pretenden únicamente contar historias. Buscan dejar marcas.
Las lecciones de Paula y otros relatos tiene portada de Lucila Sánchez e ilustraciones interiores de Ricardo Asler, profesor universitario e ilustrador de Caras y Caretas. El hombre que debía dos muertes continúa ese camino y amplía el universo literario.
Los libros serán distribuidos en librerías y también habrá venta directa a través de Instagram y Facebook.
Entrevista completa en Desalambrar Tv:



