Un museo bajo la mirada de los mamuts: la provocadora obra de Nick Cave en EE.UU.

Una mesa de más de veinte metros recorre gran parte de la sala. Sobre su superficie, iluminada desde abajo como si se tratara de un laboratorio de museo, se acumulan cientos de objetos: frutas de plástico cubiertas de pedrería, manteles translúcidos, bastones de madera, raquetas de bádminton, peces de vidrio, pantuflas con lentejuelas. La escena, sin embargo, no está sola. La rodean varias plataformas de madera, similares a las de los árbitros de tenis, los bañeros o guardavidas, equipadas con megáfonos de alerta de ahogado o de un punto mal cobrado. Sobre este andamiaje no hay personas, sino cráneos de mamut, los vigilantes extinguidos del conjunto. ¿Una metáfora de los museos?

Una vista desde la entrada de «Mammoth» de Nick Cave. Foto: New York Times.

La instalación se titula Mammoth, se inauguró en el Museo Smithsonian de Arte Americano en febrero de 2026, aunque venía gestándose desde hacía varios años, como una de las tantas exposiciones abiertas a raíz de la conmemoración del 250 aniversario de la independencia estadounidense.

Su autor es Nick Cave (Missouri, 1959), un artista de ese país conocido por sus “Soundsuits”, trajes de cuerpo entero que diseñó en la década de 1990 como respuesta a la violencia contra la comunidad afroamericana: una armadura protectora y camuflaje.

Mezcla de materiales

Su obra posterior se concentra en la teoría del color, los medios mixtos, las instalaciones de gran escala y las tensiones de la identidad en el espacio público. En Mammoth, Cave conserva la lógica de la acumulación, la mezcla de materiales y la imposibilidad de reducir la obra a un único significado.

Según la institución, la muestra se construye a partir de recuerdos personales —la granja de sus abuelos, los objetos domésticos, las manualidades familiares—, pero el resultado se aleja de la nostalgia y del supuesto orden del museo o del archivo. Sobre la mesa rige el desborde de lo acumulado durante generaciones: superposición, mezcla, proliferación. Los objetos no ilustran una historia sino el carácter inestable y estratificado de la misma.

El mamut –o, más precisamente, su pariente cercano, el mastodonte– no es un motivo cualquiera en la historia de los museos estadounidenses. A comienzos del siglo XIX, el artista y naturalista Charles Willson Peale (1741–1827), el padre de Rubens y Rembrandt Peale, organizó la excavación de uno de estos gigantes en una granja del estado de Nueva York.

CUL / mamuts

Luego montó su esqueleto para exhibirlo en su museo de Filadelfia, uno de los primeros museos públicos del país. Esa operación –excavar, recomponer, exponer– fue mucho más que un episodio de la historia de la anatomía comparada.

El esqueleto del mastodonte –llamado entonces el incognitum americano y el “animal de Ohio”– se convirtió en una atracción central y en un emblema de la joven nación: una respuesta material a quienes sostenían que América carecía de grandeza natural e histórica. En torno a esos huesos –extraídos del barro y ensamblados pieza por pieza– se articuló un saber emergente sobre la extinción, un objeto de espectáculo y una forma de imaginar el museo como el lugar donde el pasado se reconstruye y se exhibe.

Elevados, vigilantes, un poco absurdos

Los mamuts de Cave –elevados, vigilantes, ligeramente absurdos sobre sus plataformas de socorrista o árbitro– parecen desplazar esa escena fundacional. Peale, además, pintó a su familia de empresarios y artistas extrayendo el mastodonte también en papel y en forma de dibujo. Se trata de un paralelo evidente.

La escena de los Peale está dominada por un sistema de andamios y plataformas de madera desde donde se organiza el trabajo: se drena el agua, se extrae el barro, se izan los fragmentos hacia la superficie. Todo es estructura, procedimiento, coordinación. El pasado no aparece por sí solo: debe ser arrancado del terreno, ensamblado y elevado a la vista.

Piezas artesanales y recuerdos del artista Nick Cave en su exposición «Mammoth» en el Museo Smithsonian de Arte Americano. Foto: New York Times.

Dos siglos después, Cave recupera esas plataformas, la altura y la idea de vigilancia, pero las desplaza hacia otro registro. En lugar de ayudar a reconstruir el animal, las estructuras sostienen sus restos convertidos en signo. Los mamuts no están siendo descubiertos: están mirando. Y lo que observan no es el terreno en excavación, sino un conjunto de objetos que se niega a ser ordenado.

Un poco antes de la inauguración de esta instalación, la Institución Smithsoniana –el mayor complejo museístico del mundo– atravesaba un proceso inédito: la Casa Blanca, en diciembre de 2025, le exigía entregarle los textos de sala, las listas de obras, los planes curatoriales y los documentos internos para evaluar el contenido de sus exhibiciones.

Fundada en 1846 con fondos del inglés James Smithson (1765–1829), la Institución reúne hoy 21 museos, un zoológico y 14 centros de educación e investigación. Es, además, una de las pocas redes museales en Estados Unidos financiadas con fondos públicos y de acceso gratuito. Esa posición históricamente le garantizó autonomía y autoridad que hoy comienza a volverse problemática.

El peso de la auditoría no recayó por igual en todos los miembros del complejo, sino en aquellos que llevan la historia en su nombre: en esos espacios donde se sostiene que el pasado está en construcción. El enojo o la sospecha presidencial se concentró en los museos donde la historia nacional se muestra fragmentaria, conflictiva o incompleta.

“Restaurar la verdad”

La ofensiva había sido anticipada ya en marzo de 2025 con una orden ejecutiva llamada “Restaurar la verdad y la cordura en la historia estadounidense”. Allí se sostenía que el Smithsonian había caído bajo la influencia de “una ideología divisiva” y se proponía restituir su carácter “solemne y edificante” para reafirmar una narrativa nacional positiva.

El artista Nick Cave en su exposición «Mammoth» en el Museo Smithsonian de Arte Americano.  Foto: New York Times.

En ese contexto, el pedido de textos y organigramas iba más allá de la vía administrativa: sometía la producción del relato histórico a un régimen de supervisión externa al cuerpo profesional a cargo de las colecciones y del devenir del museo. La pregunta ya no era qué se exhibe, sino cómo se justifica, quién lo autoriza y bajo qué condiciones puede sostenerse.

En ese marco y de manera contingente –o no tanto– Mammoth adquiere toda su resonancia. La instalación de Cave dispersa los restos del pasado, controlados por unos paquidermos – símbolo del partido republicano– sepultados por la historia.

Lejos del relato coherente, hay acumulación signada por el azar. Allí donde la auditoría busca claridad, jerarquía y control del significado, Cave propone saturación, deriva y ambigüedad. Los mamuts controlan sin ver.

Pero ese gesto de desordenar –de resistir la clasificación, de exhibir la inestabilidad del archivo– ahora despierta la (auto)censura, ya que la sofisticación puede confirmar la sospecha gubernamental de que el conocimiento ha sido reemplazado por las interpretaciones ideológicas.

Piezas artesanales y recuerdos del artista Nick Cave en su exposición «Mammoth» en el Museo Smithsonian de Arte Americano. Foto: New York Times.

En otras palabras, Mammoth -temen algunos- podría alimentar las sospechas de quienes exigen un retorno a narrativas más legibles, más “edificantes”. El museo se vuelve un territorio tenso: entre la apertura y la vigilancia, entre la experimentación y la rendición de cuentas. Un espacio donde el pasado no sólo se conserva, sino que se negocia.

Redacción

Fuente: Leer artículo original

Desde Vive multimedio digital de comunicación y webs de ciudades claves de Argentina y el mundo; difundimos y potenciamos autores y otros medios indistintos de comunicación. Asimismo generamos nuestras propias creaciones e investigaciones periodísticas para el servicio de los lectores.

Sugerimos leer la fuente y ampliar con el link de arriba para acceder al origen de la nota.

 

Un empresario del mundo de las finanzas, el dueño de los cuatro caballos a los que mató un rayo en el Jockey Club de...

La noticia sorprendió por lo inusual y por el impacto de las imágenes: cuatro yeguas de polo, muertas en...

Un empresario volcó con su auto deportivo y murió en la misma ruta en la que había fallecido su padre hace 7 años

Un empresario de 38 años murió este miércoles al mediodía en Tierra del Fuego luego de que su auto...

Virus shamonda: detectan por primera vez en humanos la enfermedad que se propaga a gran velocidad entre el ganado en Europa

Por primera vez se detectó en seres humanos una infección con el virus Shamonda, conocido por circular entre el...
- Advertisement -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí