Pere Gimferrer creció con un lector adulto cerca, su abuelo. Era un hombre de mala salud que salía poco y releía siempre las mismas novelas de Stendhal, Dostoyevski, Emily Brontë. Tenía también una Biblia que abría al azar: leía un versículo y la cerraba, “como en las películas antiguas de cuáqueros”, cuenta en Retrat d’un artista adolescent, el documental sobre él que firman Poldo Pomés y Lídia Penelo, estrenado el martes en CaixaForum y disponible ya en su plataforma.
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