Las Islas Malvinas movilizan a todos los argentinos, pero son pocos quienes han podido visitarlas. En diálogo con UniLike, el abogado Gastón Ferreiro rememoró el viaje que realizó diez años atrás y reflexionó sobre la importancia de la defensa de la soberanía argentina.
En relación a los momentos previos al viaje, recordó que sintió emoción pero, a la vez, la necesidad de investigar todo lo posible sobre la historia de Malvinas y también respecto al contenido legal vinculado al reclamo por la soberanía. Según Ferreiro, al bajar con su campera de Nueva Chicago, pensó en los combatientes de su misma edad “que bajaron con un fusil en la mano dispuestos a combatir por la Patria”.
“La comparación, naturalmente, me llenó de emoción. El tema Malvinas me pega muy fuerte, no solamente por haberlas visitado y ser uno de los pocos privilegiados por ir, sino también por toda la cuestión sobre el reclamo por la soberanía. Hay que conocer esa parte de nuestro territorio: no quiero regalárselo a los invasores, reconozco por lo propio y, por ende, lo visito», expresó Ferreiro.
Por otro lado, se refirió al Mundial y a la cuestión Malvinas como un tema que “se vuelve a poner en primera plana” a pesar de que algunos gobiernos sostuvieron relatos desmalvinizadores. En este sentido, aseguró estar “genuinamente feliz” porque se reafirma la soberanía sobre las Islas y, hoy, «los pibes de entre 16 y 18 años hablan de Malvinas con amor y orgullo».

Un conflicto que está presente en las Islas
Al relatar sus vivencias durante aquel viaje a las Islas, Ferreiro aseguró que “se siente el conflicto en el aire” y consideró que la población que allí vive está “bastante a la defensiva con todo”. Sin embargo, aclaró que se puede llegar a pasar “un mal trago” y hubo argentinos que vivieron malas experiencias en bares, aunque no es habitual “agarrarse a las piñas” y el trato hacia los visitantes suele ser amable.
Entre las situaciones tensas que experimentó, mencionó que cuando visitó el Cementerio de Darwin sacó una camiseta de Argentina y una señora, la bandera. Pero, como está prohibido llevar cualquier insignia del país, el guardia les solicitó no hacerlo porque podía peligrar su trabajo. Por otro lado, explicó que, ya en el puerto, si hubiera llevado una campera de Argentina, no lo hubieran dejado bajar.
Por último, relató una mala experiencia en una institución religiosa: “Fuimos a una iglesia porque siempre dejo algunos mensajitos en las iglesias y, obviamente, dejé el recado desde Mataderos: ´Venimos a acompañar a nuestros héroes. Honor y gloria, Malvinas Argentinas´. Cuando terminé de escribir, se acercó una persona a leer lo que había puesto y, básicamente, nos echaron de la iglesia«.
Para Ferreiro, la experiencia reafirmó su convicción en el acompañamiento del reclamo por la soberanía de las Islas y su compromiso de sostener la memoria. A su vez, indicó que le gustaría volver porque le daría «otra impronta» y «otro análisis» a la visita.



